En todos los
acontecimientos históricos hay un antes y un después. Lo más reciente de
Garafía para despertar de un largo letargo fue cuando se concentraron los reyes
y representantes de las viejas y ricas democracias europeas. En el Roque de los
Muchachos (2426 metros), alzado justo donde el cielo es más limpio y las nubes
más transparentes, se inauguró el observatorio astrofísico (1985). A partir de
ese entonces se salió del anonimato rural.
Las pésimas
condiciones de las comunicaciones, presagiaba una precaria economía, que se
basaba en la agricultura y ganadería. Se da la peculiaridad de encontrarse en
Canarias el único caso de propiedad compartida, procediendo de las tierras
conseguidas por el Cabildo en el siglo XVI, cedidas a censo perpetuo a los
campesinos. Entre 1600 y 1650 tras la caída de la caña de azúcar en el Valle de
Aridane, Felipe II dio por abolida la esclavitud en Canarias. Entonces, los
gobernantes isleños cedieron este municipio a los esclavos liberados a cambio
de un tercio de lo cosechado.
Parte de las
tierras de las zonas medias realengas no repartidas, en 1579, fueron cedidas a
los vecinos, que se veían obligados al pago de un quinto de los productos
obtenidos, denominado “Los Quintos de Garafía” y que continuó hasta 1985.
“Los hallazgos
arqueológicos del municipio nos hablan de los pobladores anteriores a la
conquista.
Una vez consumada ésta, don
Alonso Fernández de Lugo reparte algunas datas de terrenos en esta zona.
Documentos del siglo XVI dicen que el centro de Garafía fue poblado por
moradores ricos portugueses; Juan Régulo, por su parte, opina que más bien se
trataba de judíos expulsados por el rey don Juan Manuel de Portugal a partir de
1496.
Desde los primeros
años, el pueblo de Garafía tuvo alcalde pedáneo y un alguacil ejecutor; como en
todos los demás pueblos, tuvo su pósito de granos.
La primera
parroquia, erigida a principios del siglo XVI, estuvo dedicada a San Antonio de
Padua, patrono de Portugal. Sin embargo, la imagen del titular y los
ornamentos, retornaron a una ermita en el monte; por lo que la iglesia quedó
sin titular, hasta que Diego Yanes solicitó y obtuvo que se dedicara al culto
de la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz.
En virtud de la
Constitución de 1812, adquiere Garafía su municipalidad, separándose del
Cabildo de la capital. En 1906, el rey Alfonso XIII le otorgó el título de
Villa.
En el municipio,
la visita a sus diferentes barrios facilita una bella estampa y muestra de la
arquitectura popular.
Son importantes
los diferentes petroglifos localizados en esta zona. Destacan especialmente los
de la Zarza y la Zarcita, siendo también de interés las estaciones de Santo
Domingo, Buracas, El Corchete, Las Eritas y la de los barrios de El Palmar,
Juan Adalid, Don Pedro, Cueva del Sacue y Roque del Faro. En la Caldera de
Taburiente hay restos de un poblado aborigen.
La iglesia
parroquial de Nuestra Señora de la Luz es uno de los templos canarios con dos
naves. Bendecida por el obispo de Marruecos, don Sancho Trujillo, en 1552, aún
inconclusa, ha tenido sucesivas ampliaciones hasta que en el siglo XVII
adquiere su definitiva organización. En su interior se conservan interesantes
muestras de escultura popular” (*).
A lo largo del
tiempo surgen eminentes hijos, que han dejado huellas en la Isla, honrando su
lugar de origen y otros aportando sus conocimientos a favor de la Villa:
Baltasar Martín (¿…?-1525). Nace en Juan Adalid y es uno de los
garafianos más ilustres del siglo XVI. Hace algún tiempo se puso en entredicho
el origen y la identidad del mismo, pero el trabajo del investigador José
Víctor García, que al encontrar un libro de bautismos de 1560 en la parroquia
de La Luz, parece haber despejado cualquier duda al respecto. Cuenta la leyenda
que la cruz, que preside la montaña del mencionado lugar, está hecha con un
solo brazo de la que fabricó en su día el conocido pastor.
Viendo tres navíos
pasar por la zona se marchó a Santa Cruz de La Palma y se puso al frente de un
puñado de valerosos palmeros para expulsar a los corsarios franceses. Acudiendo
momentos después al exconvento franciscano de La Inmaculada Concepción a dar
gracias por la victoria, un fraile lo confundió con uno de los invasores y
desde la torre del campanario lo agredió con un ladrillo, produciéndole una
herida mortal.
En Santo Domingo,
pago principal, cuenta con una plaza a su nombre y en esta ciudad, capital
insular, con una calle y, en la puerta principal de la iglesia de San Francisco
de Asís, existe una lápida de mármol en el suelo, que dice: “Aquí yacen/los
restos del insigne patriota/Baltasar Martín/quien defendió heroicamente a/S. C.
de La Palma/de los piratas que la/invadieron/el 21 julio 1553/obligándoles a
reembarcarse/el 1 agosto 1553/murió a la puerta/de este templo/homenaje/del
ayuntamiento de Garafía/su pueblo natal”.
Anselmo Pérez de Brito (1728-1772). Nace en Juan Adalid y estudió
en Sevilla, licenciándose en seis meses.
Abogado de profesión adquirió fama inmediatamente por su buen hacer. Luchó
contra la nobleza de la Isla, que tenía sometida a la población. Dirige el
pleito del Común de La Palma contra los regidores perpetuos por haber sido
revocado al irlandés Dionisio O´Daly el nombramiento de síndico personero y
denunciando la malversación de fondos públicos por aquellos. El Consejo de
Castilla falla a favor y los destituyen, disponiendo, en 1773, que fueran
elegidos bianualmente estos cargos por sufragio popular.
En la capital
insular cuenta con una calle principal y con un colegio de enseñanza infantil y
primaria. Además, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, anexa a la
iglesia de Santo Domingo de Guzmán del exconvento de dominicos de San Miguel de
las Victorias, consta en una lápida de mármol junto a una pared lateral la
leyenda siguiente: “En esta capilla yace/el abogado don Anselmo Pérez de
Brito/1728-1772/Dio a La Palma el primer ayuntamiento/de elección popular de
España. La ciudad/en el segundo centenario de su muerte”.
María Montez (1912-1951). Nace en Barahona (República Dominicana)
el 6 de julio y falleciendo en Suresnes (Francia) a los 39 años, enterrada en
el cementerio de Montparnasse. La sangre turolense y canaria que corría por sus
venas marcó un hito importante en el Hollywood de los años cuarenta. Pocos son
aún los que conocen los antecedentes familiares. Su padre, Isidoro Gracia
García, era natural de Garafía, nacido el 3 de abril de 1873, hijo de Joaquín
Gracia Anadón (23-mayo-1841) de Estercuel (Teruel) y de María Antonia García
Martín (28-septiembre-1842), garafiana. El matrimonio estaba domiciliado en la
lomada de Santo Domingo y que hoy, aún, se conserva la vivienda familiar.
Su nombre de pila
fue el de María África Gracia Vidal. El apellido Montez lo tomó en homenaje a
la bailarina Lola Montez. Medía 1,70 metros y tenía un físico exótico, que
contribuyó a llamarla la “reina del tecnicolor”. Fue la segunda de diez
hermanos y educada en un convento católico de las Islas.
Casó con el
banquero irlandés William McFeeters y posteriormente lo hizo con el actor
francés Jean-Pierre Aumont con quien tuvo una hija llamada María Cristina, futura
actriz, conocida como Tina Aumont. Su trayectoria artística fue seguida muy de
cerca por la crítica mundial, que le han otorgado numerosos reconocimientos a
nivel local e internacional.
En 1941 debutó en la gran
pantalla norteamericana con la película “La mujer invisible”. Lo hizo con otras
en fechas distintas, como: Las Mil y Una noches (1942), La salvaje blanca
(1943), Alí Babá y los cuarenta ladrones (1943), La reina de Cobra (1944), Alma
Zíngara (1944), Sudán (1945), La Atlántida (1948), La venganza del corsario
(1951)… Participó en veintisiete filmes de los que veintidós fueron hechos en
Estados Unidos y cinco en Europa.
José Mata García (1940-1971). Nace en Las Tricias y ha sido el
único torero de fama en las Islas, conocido como “El Canario”. Pepe Mata comenzó
su carrera de tauromaquia en Venezuela en la plaza de Nuevo Circo de Caracas.
En 1965, tomó la alternativa de manos de Manuel Benítez “El Cordobés”, en Las
Ventas (Madrid). Y, por último, en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
sufrió una cogida mortal, en el momento en que entraba a matar, del toro
llamado “Cascabel” de la ganadería de Luis Frías. La herida de 25 centímetros de
profundidad, que le destrozó la vena femoral, a los dos días después le produjo
la muerte por gangrena gaseosa en el sanatorio madrileño de Toreros. Sus restos
mortales reposan en el cementerio de la Almudena.
En Santa Cruz de
La Palma se halla una estatua de bronce con vestimenta de matador en medio de
una plaza ajardinada con su nombre. Se hizo merecedor de rodar películas con
temáticas taurinas. En el lugar de origen se puso una placa de mármol, que
dice: “El Ayuntamiento de la Villa de Garafía/a su distinguido hijo/José
Mata/actor de cine y matador de toros/de las islas canarias/valiente como
torero, pundonoroso como artista/caballero en la amistad/nació aquí en Las
Tricias el 23 de julio 1937”.
Juan Régulo Pérez (1914-1993). Murió en La Laguna, siendo un
consumado esperantista. Profesor en las facultades de Filología y Geografía e
Historia en la Universidad lagunera. Su actividad académica comenzó desde 1929,
año en que cursa los estudios de Maestro de Primera enseñanza en la Escuela
Normal de Magisterio. Por 1931 empieza a conocer esperanto cuya propagación y
perfeccionamiento nunca dejó de hacerlo. Ocupó distintos cargos en segunda
enseñanza y en la universidad, siendo distinguido como miembro de varias
instituciones científicas y secretario
de una revista de investigación, que ostentó hasta su jubilación. Contribuyó
notablemente y eficazmente en las anotaciones y estudios de la Historia de
Canarias de Viera y Clavijo.
Tomás
Hernández Medina (1917-1995). Fue un campesino y ganadero humilde,
verseador y jugador de palo, que aprendió dicha actividad en el monte, entre
los años 40 y 50 del siglo XX. En los 90, poco antes de morir en Santa Cruz de
La Palma, pudo enseñar su arte abiertamente a un pequeño grupo.
“El juego del palo” se
halla considerado como un deporte autóctono regional, de origen milenario. Es
uno de esos préstamos del pasado para legar al futuro como parte del patrimonio
del conocimiento humano. En Canarias, procede de sus pobladores oriundos
llegados del norte de África. Las primeras crónicas describen algunos de los
hábitos de estos indígenas de lenguas tamazight, realizadas casi cien años
después de su dominación y culminada por el Adelantado en 1496. Desde los
primeros relatos se describen las numerosas contiendas en donde destaca la
habilidad en el manejo de armas de palo y de lo duro de su combate.
Antonio Manuel Díaz Rodríguez (1929-2011). Nace y fallece en Santa
Cruz de La Palma. Fundador y presidente de la Asociación Junonia Mayor de
Amigos de la Naturaleza, Asociación Española del Perro Garafiano y miembro del
Patronato de Espacios Naturales de la isla de La Palma. Es destacable su
preocupación medioambiental, defensa a ultranza de la protección de las razas
autóctonas palmera y canaria y del perro pastor garafiano de origen
prehispánico, que ha ganado concursos a nivel nacional e internacional por su
belleza y nobleza. Estuvo a punto de la extinción, pero la dedicación de muchas
personas, entre ellas el indicado anteriormente, ha hecho que siga
acompañándonos en la actualidad. Es imprescindible continuar el linaje de un
animal tan increíble como este.
En 2009 la Villa
de Garafía le entregó la Medalla de Oro por su encomiable compromiso de
defenderla sin desmayo contra la indiferencia y el olvido. En memoria de él la
Asociación del Perro Pastor le rindió un sencillo acto de solidaridad.
Pilar Cabrera Pombrol (1950). Nace en Santa Cruz de La Palma y es
maestra de enseñanza primaria por la Escuela Normal de Magisterio de La Laguna,
en la extinguida Academia Insular de Magisterio y Comercio. Su afición
literaria, una vez jubilada, la dedica a la difusión del patrimonio etnográfico
y cultural del municipio. Junto a otras dos más, por la celebración del “Día
del Municipio de la Villa de Garafía”, se le entregó una placa, designándola
como investigadora de la historia del pueblo.
Sus publicaciones
hacen alarde a su interés y amplios conocimientos popular y local en el tiempo.
Su último libro “Garafía y la guerra civil” nos narra la crudeza especial que
se sufrió durante esa contienda por el hecho de que los alzados, aquellos
palmeros que decidieron no doblegarse al golpe militar y se escondieron,
acabaron muchos refugiándose en esta parte.
Continuar hablando
de la bella tierra norteña de La Palma, es hacerlo sobre su arquitectura de
estilo colonial y canario con casas de cuatro aguas y de sus fiestas
principales, 13 de junio, de San Antonio del Monte. El documento más antiguo
que existe sobre este lugar data de 1539 y cuentan los antepasados, que frente
a la iglesia existía una cruz, habiendo hoy una réplica de la misma situada en
diferente lugar.
Se celebran diferentes actos,
siendo de los más destacados la feria de ganado o la muestra del perro pastor
garafiano en un ambiente de masiva participación. Es una de las más antiguas de
Canarias y celebrada ininterrumpidamente desde finales del siglo XIX.
Entre las labores
artesanales se hallan los bordados y los tejidos confeccionados en el telar
tradicional. Los viejos molinos llenan el paisaje con sus estructuras eólicas
moviendo maquinarias de arraigo familiar a la producción alimenticia del
suculento grano sembrado y tostado. El queso así como el vino, constituyen los
más preciados elementos de la gastronomía y la fabricación de las barricas o
toneles en madera de pino canario, dándole un sabor especial a “tea” al líquido
baconiano.
Los senderos y
caminos reales recorren por laderas y barrancos el municipio, permitiéndonos
conocer sus caseríos y bellezas naturales e históricas. Las Tricias es uno de
ellos y conserva en su entorno una importante colonia de dragos, endemismo
canario, que tiene su mayor concentración en Buracas.
Anteriormente al
nexo por tierra, cuando no había carreteras, la vía marítima fue el único medio
de transporte. Por los puertos o calas llegaban cualquier tipo de mercancía o
pasajeros. Las dificultades fueron muchas debido a las circunstancias adversas
del mar, que obligaba a utilizar distintas artimañas para el desembarco.
Algunos tomaron un auge de prosperidad en el comercio local, que hizo aumentar
la frecuencia de viajes para abastecer la demanda de artículos de primera
necesidad. En ellos se formaron pequeños núcleos de almacenes y viviendas
familiares en mira del bienestar y el progreso, acondicionado al aislamiento.
Fueron un acontecimiento memorable las estampas del Evelia, Fausto, Genoveva y
Quisisana. Todos ellos barcos de cabotaje o falúas que surcaban el litoral cubriendo
los extremos más alejados con la capital isleña. Los últimos desembarcaderos
operativos para los indicados quehaceres fueron La Fajana, Santo Domingo desde
donde se obtienen magníficas vistas del acantilado, La Manga en Juan Adalid,
Don Pedro, El Mudo y Lomada Grande.
(*) (MUNICIPIOS CANARIOS.
GEOGRAFÍA, HISTORIA Y COSTUMBRES. CANARIAS
7).
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