No sé si el destino nos conduce hacia determinada decisión o,
por el contrario, somos marcados por el designio involuntario de una fuerza
invencible. Sea o no previsible la
trayectoria, no se puede augurar su final. Es una función acometida dentro de
una realidad palpable e inusitada: evocar ausencias y sentir nostalgias, aunque
el momento sea solo un rápido vuelo, un lejano horizonte o un relámpago fugaz.
Ese espacio de tiempo lo hacemos perenne, transformándolo en un mensaje lleno
de claves y de historia.