Hace bastante tiempo que se han quedado atrás, en el
transcurrir de los días lo celebrado, al final de 2025 y primeras jornadas de
2026, en un espacio temporal, dejando de escuchar el eco de la Navidad, Año
Nuevo y la Epifanía. La llegada de los Reyes Magos de Oriente, venidos de
países lejanos desconocidos, en donde mana la tierra leche y miel en abundancia
y prosperidad de sus imaginarios habitantes, concentrándonos en el devenir
diario, ritmo familiar, y con el compromiso social de cumplir el deber a
desarrollar en cada uno de los miembros del clan comunitario, familiar y del
trabajo. Hemos hecho un guiño formidable a la tradición, ancestrales por
antonomasia, y por derechos propios se han abierto un hueco en estas fechas
inolvidables y tan peculiares en estos días por un año que termina y otro que
comienza, el pasado y futuro enlazados por un presente expectante y de una
esperanza sorpresiva en lo novedoso y sensacional, viejo y nuevo combinando la
magia y el arte maravilloso de conseguir las proezas para ser dichosos de un
valor incalculable con optimismo y consecución de objetivos concretos.
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