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Hace bastante tiempo que se han quedado atrás, en el
transcurrir de los días lo celebrado, al final de 2025 y primeras jornadas de
2026, en un espacio temporal, dejando de escuchar el eco de la Navidad, Año
Nuevo y la Epifanía. La llegada de los Reyes Magos de Oriente, venidos de
países lejanos desconocidos, en donde mana la tierra leche y miel en abundancia
y prosperidad de sus imaginarios habitantes, concentrándonos en el devenir
diario, ritmo familiar, y con el compromiso social de cumplir el deber a
desarrollar en cada uno de los miembros del clan comunitario, familiar y del
trabajo. Hemos hecho un guiño formidable a la tradición, ancestrales por
antonomasia, y por derechos propios se han abierto un hueco en estas fechas
inolvidables y tan peculiares en estos días por un año que termina y otro que
comienza, el pasado y futuro enlazados por un presente expectante y de una
esperanza sorpresiva en lo novedoso y sensacional, viejo y nuevo combinando la
magia y el arte maravilloso de conseguir las proezas para ser dichosos de un
valor incalculable con optimismo y consecución de objetivos concretos.
La Navidad inundó las calles de Santa Cruz de La Palma con
un ambiente festivo que vino acompañado de los villancicos más conocidos como
‘Feliz Navidad, Feliz Navidad, Feliz Navidad…’; ‘El camino que lleva a
Belén/baja hasta el valle que la nieve cubrió… (El Tamborilero)’ y otros tantos
como ‘Pastores venid’, ‘Madre, en la puerta hay un Niño’, ‘Campanita del
lugar’, ‘Noche de Paz’, ‘Mi burrito Sabanero’, ‘Noche de Dios’… y así
recorremos un largo etcétera.
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Los villancicos palmeros, típicos de La Palma, se
caracterizan por sus letras que describen la vida y las tradiciones centenarias
locales como el popular ‘Pastor palmero’ con sus versos sobre pastores de
Puntallana o Puntagorda, trayendo regalos humildes al Niño Jesús y la ‘Alborada
palmera’ que canta la belleza de la isla y la llegada de la paz, usando a
menudo referencias a la geografía insular y gofio, mezclando lo religioso con el
costumbrismo canario para celebrar el acontecimiento más extraordinario de
todas las décadas desde edades inmemoriales. Momentos de mazapanes y de
panderetas… de felicidad y de tristeza, de revivir hábitos: ‘Pueblo palmero
venid, cantad que el Rey de los Cielos ha…’. Estos villancicos reflejan la
identidad de una pequeña parte de tierra alojada en el seno de un océano azul y
profundo que ha calado en los corazones de sus habitantes y de quienes
comparten con ellos las fiestas más íntimas y sentidas, familiarmente acogidas
con anhelo y sencillez cristiana.
Son alegres canciones navideñas canarias que exaltan lo
hermoso del lugar y la llegada del Niño Dios, destacando notablemente con sus
versos temas pastoriles acompañados por obsequios como lana, vino, galletas y
otros. Con sus letras ‘Caminando, caminando vamos todos al portal…’ alabamos el
poder del Niño Jesús, recostado en un pesebre, pobre y radiante, y la caridad
con instrumentos y ritmos.
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Estamos apuntando el final de este trabajo y lo hacemos como
epílogo de la siguiente manera: ‘Santa Cruz de La Palma se preparó a vivir unas
inolvidables jornadas, repleta de ilusiones con el recibimiento a lo grande de
sus Majestades los Reyes Magos de Oriente Melchor, Gaspar y Baltasar. Una de
las fechas más deseadas por los niños y niñas del municipio y de todo el universo,
sobre todo, por la realidad de una de las cabalgatas más antigua de Canarias.
Las familias pudieron disfrutar de un día alegre,
conjuntamente con actos tradicionales y participación, manteniendo viva una
celebración muy arraigada en la historia y en la identidad de la capital’.
Mi intención, no es otra, que ver la veracidad tal como es y
será cuantos años vivamos para recordar reencuentros, sentimientos, opiniones y
emociones personales usando metáforas y comparaciones para expresar lo mejor y
más fantástico del terruño, una sonrisa como mágica o un hogar encantador.
La Navidad en las Islas Canarias es una explosión o mezcla
de luz, sol, mar, tradición, calor y sabores únicos donde el clima permite
vivirla al aire libre, conjugando tradiciones españolas con el encanto isleño
acentuado en los bellos belenes, conocidos por nacimientos, monumentales como
lo es el folclore ancestral.
El frío se sustituye por un ambiente cálido y playero,
disfrutando el espíritu festivo con cenas de pescado fresco, papas arrugadas y
dulces caseros como las truchas, amenizado por el sonido de los timples,
guitarras, panderetas, rascaderas con botellas de anís, triángulos… y el baile
del Tajaraste en la Misa del Gallo, Ranchos de Pascua, baño de Año Nuevo, Autos
de Reyes…, recorriendo las calles en grupos como ‘Los Divinos’ al ritmo de
villancicos anunciando la llegada de la Noche Buena. ‘Anunciar nuestro cantar,
que ha nacido el redentor. El cielo, la tierra y el mar palpitan llenos de
amor…’.
Para finalizar, hago una pequeña descripción de los grupos, formados al principio de hombres y de voces de niños. Se abrían las puertas de las casas y los vecinos ofrecían polvorones y bebidas como coñac o licores.
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