Guillermo Sautier Casaseca (1910-1980), estudió Derecho en
Santander (Cantabria), y fue funcionario civil de la Marina, una vez ganada
unas oposiciones al Cuerpo de Interventores, dejando de trabajar en un bufete y
prestando servicio en Guinea y más tarde en el Alto Estado Mayor de Madrid,
comenzando su actividad literaria tras la Guerra Civil, una vez, habiendo
enfermado se trasladó a la capital española, en donde durante la convalecencia
eligió el desempeño de su notabilísima labor en un mundo desconocido, pero
fructífero en todas sus aspiraciones, que ejerció con gran éxito y mérito de
estar al frente de una época única a nivel local, nacional e internacional. Su
ocupación era la de escritor, desde 1952 a 1978, firmando con el seudónimo de
‘Guillermo Sautier’ o como ‘G. Sautier’. Destacó, sobre todo, en el género de
‘Novela Rosa’.
Transcurrido un lustro, en 1952, empezó a salir en antena ‘Lo
que no muere’, su primer serial, escrito para el medio aludido, compartido
con Alberca, que presumía ser el pistoletazo de salida al aire inundando los
espacios aéreos de allá y de acá, hacia grandes áreas continentales y
marítimas, acortando las distancias entre la radio y los gélidos radioyentes,
para un género notablemente popular y que marcó la vida cotidiana de los
españoles durante tres décadas. Cuando fue publicada como novela se vendió
200.000 ejemplares en pocos días. Fue, además, estrenada en teatro, el 7 de agosto
de 1953, en el ‘Romeo’ de Barcelona, y en cine, en 1955, como ‘Lo que nunca
muere’, dirigida por Julio Salvador e interpretada por Conrado San Martín y
Vira Silenti.
Habiendo pasado 6 años, en 1959, se estrenó otro llamado ‘Ama
Rosa’, que tuvo gran éxito, en colaboración con Rafael Barón y con la voz
de Juana Ginzo, se convirtió en un auténtico fenómeno social. Además, de editarse
en novela, se transformaba en evento teatral en su momento, llevándose al
séptimo arte, en 1960, dirigida por León Klimovsky Dulfan (1906-1996), y
realizada por Imperio Argentina.
Aparte de las muchas novelas en colaboración con Alberca
Lorente y Rafael Barón escribió en solitario los siguientes títulos: ‘El
derecho de los hijos’ (1966), ‘El profesor particular’ (1967), ‘El
pecado de la mujer’ (1968), ‘Los parientes pobres’ (1970), ‘Yo
soy aquel’ (1971), ‘La fugitiva’ (1972), ‘La pantera negra’
(1972), ‘La rival’ (1973), ‘Un grito al cielo’ (1973), ‘Un
hombre llamado Juan’ (1974), ‘La casa del diablo’ (1975) y ‘Eva…
nada más’ (1978).
Su gran éxito en sus comienzos fue la adaptación que hizo,
en versión libre, de ‘El Conde de Montecristo’ al que siguieron otros
más, guiones importantes.
Recurriendo a un nuevo capítulo convivencial, fue
distinguido en tres ocasiones con el ‘Premio Ondas’, dos veces como
mejor autor, en 1954 y 1967, y otro como mejor director, en 1969, así como la ‘Antena
de Oro’ y el ‘Águila de Oro’ de Televicentro de México.
Igualmente, recibió la Medalla al Trabajo, en 1974, con todo
merecimiento a su labor. Guillermo Sautier fue incinerado y enterrado según sus
deseos en el cementerio de la Almudena de Madrid. Con su muerte finalizaría una
única y espectacular era en la radiodifusión de nuestro país.
En 2010, con motivo del Centenario de su Nacimiento, el Excmo.
Cabildo Insular de La Palma descubrió en su honor una placa de bronce en el
sitio donde nació, en la calle Álvarez de Abreu, número 24, de la Muy Noble y
Leal Ciudad de Santa Cruz de La Palma, que dice: EL CABILDO DE LA PALMA/A/GUILLERMO
SAUTIER CASASECA/’ESCRITOR RADIOFÓNICO MÁS FECUNDO DEL MUNDO’/DISTINGUIDO
TRES VECES CON EL PREMIO ONDAS/QUE NACIÓ EN ESTE SITIO/EL 24 DE
JUNIO DE 1910/EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO.
Debiera encontrarse, con otros narradores de su entorno y
época, hoy olvidados, a la cabeza de los representantes de la llamada
literatura popular en lengua castellana del siglo XX. Protagonizó una única y
espectacular etapa en la radiodifusión en España, segunda mitad de la centuria
aludida en este mismo párrafo.
Su verdadera pasión fue el mundo de la radio, por lo que
solicitó una excedencia, alcanzando ser el escritor radiofónico de más
audiencia de la nación, después de la Guerra Civil española (1936-1939), el más
fecundo de todo el mundo y el que consiguió ser el que más hizo llorar a los
españoles.
Para finalizar he querido acercarme a la figura de Guillermo Sautier Casaseca, respetando su manera de pensar, su no arrepentirse de nada y las peculiaridades sobresalientes de su amplísima producción literaria y radiofónica de matiz popular y político, haciéndolo a la usanza de quien elabora un reportaje eminentemente informativo y valorativo. Falta un estudio que lo sitúe en el lugar que debe tener como representante máximo. La necesidad de colocarlo en el puesto que merece. De ahí la oportuna convocatoria del Cabildo Insular de La Palma, que le honra, para recuperar la memoria de quien tuvo la fortuna de haber nacido en esta tierra, regresando varias veces a ella, lo que quiso reconocer y agradecer legándole a La Palma su amplia producción literaria y su archivo personal y profesional.
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