Hacemos una obvia observación de apreciación para indicar
que en la Roma antigua comentaban ‘navigare necesse est, vivere non est
necesse’, traducido, dice así: ‘navegar es necesario, vivir no’, lema
utilizado por la Liga Hanseótica en la edad media. Este latinazgo, llámelo como
lo llamen, recoge bien la dependencia que ha tenido el comercio desde hace
milenios de años o sentir de la humanidad en el transporte marítimo, aéreo,
ferroviario… y de cualquier otro tipo u origen por cielo, mar y tierra,
denominados asiduamente a las circunstancias presentes con la simple
implicación del medio y objetividad de los factores apropiados a su desarrollo
mediato e inmediato. Sin embargo, podríamos encontrar una interpretación metafórica
que describiría la necesidad de continuar con la labor de no detener el
necesario y continuo avance en la mejora de la prestación del servicio, más
allá de los avatares del destino. La larga tradición pudiera dar la apariencia
de que el viajar disfrute una estabilidad tecnológica con ciertas retenciones y
que hace tiempo ha tenido un bajón económico y puntual en el desenvolvimiento y
proceso evolutivo. Ante nosotros se presenta una industria que propone
soluciones novedosas que le permitirán seguir prestando su servicio esencial.
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