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Retablo restaurado |
Ante la presencia de una joya del arte mariano, que desde
mucho tiempo ha permanecido oculta al interés artístico de investigadores y
estudiosos ansiosos de ampliar su imaginación y conocimiento devocional, me he
encontrado sorprendido a enriquecer el contenido ilusionado de disfrutar de los
vagos nuevos detalles adquiridos atentamente, transmitidos por otros,
especialistas universitarios y experimentados restauradores de difundir la
ardua labor. Olvidada por el hombre sencillo sin darle importancia a lo
exhibido.
Se trata del retablo de la Inmaculada Concepción en la
capilla de la Vera Cruz ubicado en la iglesia, hoy parroquia, de San Francisco
de Asís de Santa Cruz de La Palma, templo perteneciente al real exconvento
franciscano de la misma advocación.
A mi juicio es el más interesante de la isla en el sentido
del contenido de su iconografía. Realizado expresamente para albergar la imagen
de la Virgen, rodeada de atributos y símbolos alusivos a su identidad, en el
que no se debió escatimar ningún esfuerzo para completar todo tipo de detalles.
El presente estudio iconográfico se centra en el trabajo de investigación hecho
en 1991 por el catedrático de Historia Facundo Daranas Ventura (1951).
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Decoración plástica |
Las pinturas existentes en él, de alta calidad ornamental,
están plasmadas en madera, dorada y policromada. Constituyen un himno sublime a
María, Madre de Dios. Acoge en su única hornacina la efigie de vestir,
atribuida a Bernardo Manuel de Silva (1655-1721) y destaca en Ella su
apiramidada figura, cabello postizo, largo cuello y semblante de mirada
distante, de la que no se descarta un cierto grado de altivez. La composición
gira en torno a un conjunto armónico, enlazado a completar un ciclo
glorificador y convincente.
Finalizada su completa restauración se precedió a la
presentación en la tarde del viernes, 20 de septiembre del presente año. La
explicación y exposición corrió a cargo de los propios ejecutantes de la obra, Nieves
Luisa Cabrera Castro (1972) y don Domingo José Cabrera Benítez (1971)
Los mismos acometieron un reconocimiento completo y
comprobaron un estado regular de conservación con pérdidas en su estructura
como desgaste, roces, suciedad superficial, repintes, ataque de insectos
xilófagos y termitas… Se usó pigmentos al agua, garantizando la inalterabilidad
y perdurabilidad en condiciones normales.
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