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Varadero junto al Risco de La Luz. Santa Cruz de La Palma. Bahía |
La ocasión de haberme puesto a imaginar tantas cosas, mientras
paseaba un día cualquiera por la dársena portuaria de nuestra ciudad, me fue
grata y oportuna. Grata, porque me dio la oportunidad de contemplar la bella
que es Santa Cruz de La Palma. Construida como en anfiteatro. Y oportuna,
porque me alienta a escribir sobre algo que hace algún tiempo me hubiera
gustado comentar.
Nació de la bahía y esta realidad fundacional ha marcado su
historia con un sello indeleble en el transcurso de los siglos. Desde siempre
vivió para el mar y gracias a él, que teje perennemente sus encajes de espuma a
sus orillas y la acaricia con dulces arrullos, un encanto indescriptible, que a
través suyo la isla se propagó por los mares y las tierras conocidas.
Adentrarnos en el mundo de la navegación, desde la existencia
del hombre es constatar con nuestra memoria marinera a partir de varias
centurias, que han dejado huellas para la gloria y conocimiento de la
construcción naval.
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Astilleros a nivel de playa. 1937 |
En los astilleros a nivel de playa surgió una industria
floreciente de competición y vanguardia, que en la carrera de Indias cosechó
grandes éxitos. Sus barcos hechos por fabricantes locales, carpinteros de
ribera y por armadores, surcaban los océanos y unían puertos tan distantes como
los de La Habana y Amberes. Para comerciar la Corona de Castilla creó en
nuestra capital, si bien por breve tiempo, el primer y único Juzgado Oficial de
la Contratación de Indias en las islas Canarias, muy al principio de 1564, al
tiempo que las naves isleñas transportaban vinos y brea a los puertos de
Hispanoamérica y traían de estos mismos lugares y de Flandes pieles, barcos,
plata y objetos suntuarios, especialmente de estilo religioso.
Esta cultura se traduce en el establecimiento de verdaderas
dinastías de maestres, fabricantes y pilotos, como las sagas de los Canos, Díaz
Pimienta, Arozena Lemos y Henriquez, Casas Lorenzo, Rodríguez González,
Fernández y otros, que constituyeron auténticas familias de constructores y
navieros. Se trata de una transmisión, que con altibajos llega a los albores
del novecientos con gran arraigo en la crónica colectiva de los palmeros,
cuando la hechura de naves a vela decayó a favor por la competencia de los vapores
que monopolizaron el tráfico nacional e
internacional.
Sin tener en cuenta la añoranza que puedo sentir al recordar
los años de mi infancia y juventud con una visión muy distinta a la actual,
podría decir que el núcleo urbano presenta una fisonomía diferente,
aparentemente más moderna.
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Playa del Roque. Zona portuaria |
Sin embargo, guarda una armonía de conjunto, combinándose las
nuevas construcciones con aquellas más antiguas. Incluso muchas son de la época
fundacional. No se rompe, según mis observaciones, el cuidado siempre presente
de lo característico de cada estilo arquitectónico, fiel exponente de una etapa
de nuestras efemérides, conjugándose entre la modernidad de sus recientes
edificaciones y la señorial magnificencia de su arquitectura pretérita.
La proyección de futuro por ser bañada por las azules aguas
del océano Atlántico, abierta a las influencias o corrientes culturales,
económicas, sociales y comerciales marcan la pauta de un presente progresista,
asentado en los pilares de un pasado próspero, que brilló con luz propia y en
la mira de no quedarse estática, surgió la ambición de los isleños.
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Remodelación actualizada. 2020 |
Por su ubicación con respecto a la isla ha estado vinculada a
Europa y América, con la vista puesta en aquellos hijos, que viven en el
exterior por diversas razones, que con el turismo forma una fuente de
propagación de nuestro acervo socio-cultural más allá de nuestra frontera,
donde se cultiva las ideas y los sentimientos más puros. Es una población
enlazada a su rica cronología y tradición, parece crecer indiferente, siendo
sencilla, afable y recoleta en su abolengo. Vive el encanto de sus propios
recuerdos y del lento bullicio que late en sus calles principales. Ha sido el
punto de encuentro de novedosas corrientes intelectuales, uniéndola al mundo
exterior. Rodeada de alcores abre los brazos para acoger con mil colores la luz
y los albores para vincularlos en la mente: “Traigo a mis niños para que no
pierdan el vínculo con su origen”.
El objetivo no es otro, sino promover el reconocimiento con
ansias de cambio y ser espejo de las virtudes, que tanto nos orgullece y ver
como el sol se difumina al amanecer y atardecer en el contraste de claridad y
sombras.
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