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Miguel Brito Rodrìguez |
En el año que se cumplía el siglo de la imagen (1898-1998),
la ocasión fue propicia de celebrar la exposición sobre tal motivo en Santa
Cruz de La Palma. La efeméride adicionó para sí el homenaje a Miguel Brito Rodríguez
(1876-1972), conocido entre sus paisanos con el sobrenombre de Mediomillón. Fue una excelente muestra
del arte y de la constancia en el empeño de estar a la vanguardia de lo
novedoso. El evento formó parte de la presentación del fabuloso libro de Carmen
Dolores (Loló) Fernández Felipe (1947). La casa-palacio de los Condes de Salazar se convirtió en un
mundo de magia para enseñarnos lo grandioso del ingenio humano y la vocación a
algo inquietante y expectante por la imaginación de un pionero, que quiso darlo
a conocer a los suyos, fueran o no embrujados por las nuevas ideas y
conocimientos artístico-científicos de ese entonces.
La Palma, cuna de Miguel Brito, nacido en la ciudad
capitalina, como de otros ilustres palmeros, estuvo presente en los momentos
trascendentales de la invención del cine, ya que 3 años más tarde de su
presentación oficial en París, en los inicios de 1898, trajo y exhibía por
primera vez el cinematógrafo Lumiére. En esa Rambla de Cuba, actual plaza del
Mercado (frente a la Recova), en donde transcurre la avenida El Puente,
asombraba a los espectadores concentrados en los aledaños, que admiraban las
escenas en movimiento de películas tituladas como “Los siete pasos de Jesús”, “Lección
de baile”, “La borrachera” y “El Carnaval de París”. En 1865 se inauguró el primer estudio fotográfico, cuando el
aludido personaje contaba con 11 años, debajo de su domicilio, calle de la
Cuna, número 6, estrecho y sin patio a modo de las casas portuguesas. Aquel
gabinete inigualable, aquella reunión de personas retratadas de poses inmóviles
y rostros severos que miraban intensamente, anunciaron el surrealismo. El nuevo
arte daría la oportunidad de plasmar de forma plástica a la sociedad palmera,
deseosa de verse reflejada en el cartón. Es un siglo de progreso con exigencia
artística y filosófica, ofreciendo sus instrumentos tecnológicos: cine,
fotografía, fonógrafo, magnetófono y radio. La intuición, imaginación e individualismo lo acercan a
discurso romántico. La necesidad de transformación social y la revolución de
las mentalidades por medio de una actividad creativa lo invierten a un
romántico irrevocable, puesto que es un prototipo del XIX, centuria donde se
vive abismado por el ensueño y los prodigios debido a las epidemias y la
muerte.
La fortuna quiso que fuera testigo y partícipe de las
maravillas de ese entonces. Sus primeras proezas se hicieron con las luces, que
realizó en una fiesta de Naval. Aquellas siluetas negras realizadas
artesanalmente, cuya autoría se le da a Juan Bautista Fierro Van de Walle
(1841-1930), despertaron el interés de todos los presentes, que representan una
procesión. Desde el XVI, cuando La Palma perfila su historia, se
atribuye a los isleños un talante abierto y emprendedor, ambicioso y visionario
que le marcó un carácter peculiar en las islas con grandes logros materiales y
culturales.
Las primeras películas medían 25 metros y bastaba con 2/3 de
minuto para proyectarlas por completo. Proyectaba en la azotea del Teatro Chico
sobre la pared de enfrente, que cubría con una sábana blanca. Una vez, en medio
de la proyección, ocurrió una curiosa anécdota, que el film era mudo y subtitulaba:
“¡Sálvese quien pueda!”. En ese momento caía una fuerte tormenta, acompañada de
descarga eléctrica, cuando los asistentes corrían a refugiarse. Sus inquietudes puestas a punto en pro de la novedad y
confort. En esa época se utilizaban los telones pintados, que servían para
ilustrar la escena deseada como el jardín romántico, la frondosidad barroca,
jarrones y florones claros, balaustradas simétricas, fuentes o escaleras. La
perspectiva resultaba esencial para crear un ambiente estético y social. Los
muebles fueron un accesorio más técnico que decorativo como la silla tonet y
caballos de cartón para infantes, peanas de escayola, pedestales imperio,
respiraciones fingidas al corsé, abanicos y flores. Nos encontramos delante de
un cambio radical, donde los profesionales se hicieron más itinerantes y
simpatizantes del mundo rural.
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Ciudad natal de Brito |
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Miguel Brito. Fotógrafo |
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Escena. Detalle genial |
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Vivienda familiar de Brito |
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