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Günter Wilheim |
La Palma antigua, tranquila y silenciosa acoge a dos grandes
genios alemanes del siglo XX, uno pintor y el otro escritor, relevantes en sus
respectivas facetas artísticas en el entorno europeo, que encontraron un rincón
del cual se enamoraron profundamente de los encantos naturales, paisajísticos y
de su gente. Convivieron en medio de ellos, compartiendo las costumbres bajo el
auspicio de la amistad en un círculo selecto. Fraguado en un compromiso crítico
con el mundo que les tocó vivir en la defensa y promoción de los derechos
humanos.
A cada uno, merecedores de un extenso reconocimiento, hay que
tener en cuenta sus méritos y participación en vida pública. Ambos marcados por
unas circunstancias adversas se refugiaron en sí mismo para emerger de lo
surgido en el auge de los totalitarismos, horrores de la Segunda Guerra
Mundial, reconstrucción del Viejo Continente y llegada de la Democracia.
No dudo que, Bruno Brandt Pardo (1863-1962) y Günter Wilheim
Grass (1927-2015), fueron víctimas de la incomprensión de su país de origen.
Los sufrimientos injustos trazaron en ellos una soledad y una mirada
melancólica, reflejadas en sus pardas pupilas para retratar lo personal en un
marco familiar original, con la sonrisa y compañía, anonimato de un pueblo, que
los acogió con discreción. La inspiración en sus paisajes sirvió de bálsamo y
admiración para la expansión del alma. Fueron muchos los puntos convergentes,
aunque sus presencias fueron invisibles como sus estancias.
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Bruno Brandt |
Y, para finalizar con cierta nostalgia literaria y
pictórica, hacemos alusión al Premio Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias
de las Letras en 1999. Se dispuso a vivir hacia adentro, detrás de las ventanas
o en la calle la magia de estar en un territorio en el que nadie le molestaba.
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