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Viejo caserón en la calle principal. Calle del medio |
Comentar lo que sea de un barrio tan pintoresco y de solera
de Santa Cruz de La Palma, como es el de San Sebastián, conocido popularmente
por el de La Canela, es adentrarse en una página muy diferente a las demás en
la historia palmera. Afirmo lo anterior, porque tiene un fundamento, bien cimentado, en los anales
insulares con numerosos testimonios fiables y acreditativos de un pasado
floreciente, que atestiguan los muchos vestigios hallados y aún conservados en
sus entrañas.
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Ermita y plaza del santo mártir |
Se alza risueño con empedradas callejuelas y viejos
caserones, que constituyen su patrimonio social y cultural. Sea como fuere,
aunque aún sigan muchos detalles en la incertidumbre del acervo, la fortuna se
ha multiplicado, enriquecido y matizado con un bagaje fiel a la tradición,
arquitectura, escultura, devoción y costumbres ancestrales tan llenas de
emoción y de arrobamiento poético, que difícilmente tiene cabida en el marco
siempre estrecho de las palabras.
Esta singularidad con diferencias se observa en muchos
detalles artísticos y religiosos conjuntados en un ámbito local y reconocido
con la debida documentación y señalización.
Posee el privilegio de contar con un pretérito rico en
acontecimientos y con un aspecto animado, laborioso, cristiano y señorial que
ofrece la suprema manifestación de fe y arte con la belleza de sus rincones en
una admirable armonía de colores, fragancias, religiosidad y de amor al
celebrar su gran fiesta patronal.
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Conjunto monumental. El Dornajo |
La lenta transformación se ha percibido en el cambio de la
anatomía urbana. Se destaca con rasgos distanciados de un antes y un después no
lejano de lo burgués, quedando al descubierto la suntuosidad en muy pocas viviendas,
ya que en su mayoría son de estilo canario y de una sola planta. Hago notar las
diferencias habidas de un pasado añorado y un presente renovado en la fisonomía
arquitectónica impulsada a la restauración. Su epidermis consistía en fincas
rústicas o de servidumbre, que se transformó en un entramado vecinal.
No dudamos en destacar la ermita, que ya existía en 1535 con
la advocación al mártir romano, denominado patrono de la salud pública, dándole
nombre al entorno capitalino. Antiguamente hubo una gran devoción y se hacía
grandes fiestas en su honor, luchando por la decencia y el decoro del solar
como escenario para espectáculos teatrales, músicas… hacia 1625, que fueron
prohibidas por orden eclesiástica, y embelleciendo el interior del recinto
sagrado, capilla mayor, con las pinturas de Ubaldo Bordanova Moreno
(1866-1909). Junto a ella hay una pequeña y remozada plaza, que hace alarde a
la existencia del entrañable templo, un rincón recóndito y sombrío para domar
las más insospechadas ansias de paz y desasosiego del transeúnte.
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Imagen del santo titular del entorno |
Merece un punto y aparte en el tiempo saber la constancia de
la creación de una cofradía de negros en 1571, al igual, según noticias
referentes a dicho asunto, hubieron en otras iglesias y parroquias.
El conjunto monumental e histórico lo conforman en su
ascensión Las Tosquitas, El Dornajo y Cajita Blanca con su tipismo y peculiar
manifestación de sabor añejo a un fundamento esencial de distribución
municipal. No es caprichoso el trazado de sus vías, obligadas a vencer la
pendiente, sino la obligación de seguir una arteria principal, calle del Medio,
y en torno a ella las demás con sus quebradas y sinuosas convergencias.
Para terminar la descripción tradicional de ofrecer en
memoria a la imagen del santo titular, cuando sale en procesión, 20 de enero,
por los aledaños de siempre, reproducimos el estribillo de la letra del himno,
que dice: “Ciñamos con dulce afán/del martirio en la victoria/eternas palmas de
gloria/a la sien de Sebastián”.
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