Siempre me ha apasionado esa estructura fonolítica de la
Caldera de Taburiente en el municipio sureño de El Paso, fue declarada
Monumento Natural de Espacios Naturales de Canarias. Testimonio de un pasado
histórico para hacer realidad nuestra raíz de canario. Los auaritas, aborígenes
de la isla de La Palma, veneraban a dicho roque, considerándolo sustentador del
cielo, creyendo que si se derrumbaba traería consigo grandes desgracias, malos
augurios, transformadas en causas catastróficas de un calibre incalculable para
la agricultura, ganado y a todos los habitantes isleños, que condicionaban lo
social, cultural y religioso del poblador palmero. Por ello realizaban ofrendas
con animales, mientras surgía de sus labios y cuerpos cantos y danzas
ceremoniales.
El transcurrir de los años, ha sido un camino intenso para
ser hombres y mujeres distintos y considerar nuestro origen más adaptado a lo
moderno y funcional por el orgullo del pueblo canario.
Para los benahoaritas se situaba en este monolito natural,
como el pilar del mundo, el temor de que se les cayera encima. Un espacio donde
el cielo se une con la tierra, a la manera de un pilar que soporta las dos
realidades físicas, y por extensión los dos mundos, el superior y el inferior,
los lugares donde se ubicaban los espíritus benefactores y los seres malignos.
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La información sobre esta concepción cosmogónica de los
benahoaritas, dicen los investigadores, Felipe Jorge Pais Pais (1962) y Tejera,
lo siguiente, solo se halla recogida en la obra de J. Abreu Galindo, quien la
relata así: “[…] y de esta Caldera y término era un palmero que se llamaba
Tanausú, el cual la defendió valerosamente de los cristianos, al tiempo de la
conquista […]. Pero el capitán o señor de Aceró, que es La Caldera, no tenía
estos montones de piedras, a causa que entre el nacimiento de las dos aguas que
nacen en este término está un roque o peñasco, muy delgado, y de altura de más
de seis brazas, donde veneraban a Idafe, por cuya contemplación al presente se
llama el roque de Idafe, teniendo tanto temor, no cayera y los matase, que, no
obstante que, aunque cayera, no les podía dañar, por estar las moradas de ellos
muy apartadas, por solo el temor acordaron que de todos los animales que
matasen para comer, diesen a Idafe la asadura. Así, muerto el animal y sacada
la asadura, se iban con ella dos personas y llegados junto al roque, decían
cantando, el que llevaba la asadura, ‘y iguida y iguan Idafe’ (dice
que caerá Idafe), y respondía el otro ‘que guerte yguan taro’ (dale lo
que traes, y no caerá). Dicho esto, la arrojaba y se iban, quedando como pasto
para los cuervos y quebrantahuesos”.
En lo que respecta al análisis lingüístico de la frase,
precisan Pais y Gaspar: “hemos de tener en cuenta que se trata de un monolito
natural considerado como sede de los espíritus. Si seguimos a Abreu Galindo, único
garante, el mismo en sí no se llamaba Idafe, sino que este era el nombre del
espíritu que allí había establecido su morada, llamándose el roque Idafe”. Por
su parte, Abercomby, añaden, “en su estudio sobre la lengua antigua de Canarias
alude a la existencia de un dios Idafe, que residía en una roca a modo de pilar
muy alto de más de seiscientos pies, que los aborígenes temían continuamente
que se les cayera encima”.
Posee un alto interés geomorfológico al tratarse de un
elemento que destaca por su singularidad dentro del paisaje en el que se
inserta. Es, además, un ejemplar de alto valor cultural de la época
prehispánica de La Palma, del que se hace referencia en textos antiguos sobre
la existencia aborigen.
La Prehistoria de La Palma es rica en hechos primordiales.
La arqueología y la astronomía han cruzado las miradas, unos al suelo y otros
al cielo, para coincidir en una misma dirección, interrelacionando las
observaciones hasta confirmar la notabilidad de los astros entre los antiguos
habitantes de Benawara.
Los yacimientos prehistóricos religiosos de La Palma se
dirigen hacia el cosmos sagrado. No es un hecho insólito la existencia de
elementos sagrados. El original sistema desarrollado fue capaz de integrar las
hierofanías, conjunto de formas existentes en el mundo a través de las cuales
se manifiesta lo sagrado, elementales. Se trata de un procedimiento construido
en base a una experiencia lógica simbólica y todas esas referencias en la isla bonita
de los awaras nos conducen al cielo, dispuesto para revelar lo sagrado.
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