Imagen flamenca |
El 31 de agosto, por la tarde, acudí a ese hermoso pueblo de
Tijarafe, que estaba celebrando sus fiestas patronales en honor a Nuestra
Señora de Candelaria y donde se contemplan maravillosas puestas de sol. Con
parajes inolvidables el lenguaje de Dios se adapta al nuestro. Es motivo de
alegría conceder a esta fecha un valor especial, porque ha simbolizado un
cambio en el quehacer cotidiano.
Asistí al templo parroquial, alrededor de las diecinueve
horas, a la presentación del altar festivo de la Virgen, recientemente
restaurado por Domingo José Cabrera Benítez (1971), restaurador e imaginero, y Melissa
del Pino Cáceres Rodríguez (1978), restauradora, con privilegio de contemplar
la obra y la magnífica e interesante exposición de cada uno de los pasos dados
a la conclusión de una verdadera joya de arte.
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Altar festivo. Restaurado |
Celebrando el 500º aniversario de las primeras referencias
escritas sobre la existencia de vecinos y 400º de la ampliación de la capilla
mayor, recogidas en las constituciones Sinodales de Vázquez de Arce en
1514-1515, aunque el poblamiento es anterior, nos aventuramos a narrar aquellos
detalles más importantes. La carretera llegó por la década de los cuarenta,
antes lo hacía hasta el barranco de Las Angustias y mucho más tarde al homónimo de El Jurado,
habiéndose hecho un puente de madera en el primero. Los tijaraferos se
trasladaban a ese punto a recoger la mercancía venida de Los Llanos o
viceversa. La escasez de aquellas propició el transporte marítimo por medio de
motoveleros y falúas.
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Tijarafe. Detalle del pueblo |
Los caminos, tanto reales como vecinales, existían y formaban
una amplia red vertebral. Su adecentamiento contribuía al movimiento de
personas y animales de carga, porque no era posible el tránsito de carruajes.
Algunos eran estrechos y otros de mayor importancia, empedrados y
suficientemente ancho. Existieron desde el siglo XVIII y fueron las primeras
vías de comunicación. A través de ellos se iba a Puntagorda, Garafía, Los
Sauces y Barlovento, por el norte, y a Tazacorte y los alrededores, bajando por
Amagar o El Puerto, para el negocio del intercambio o trueque, o la venta de
tunos, principal producto agrícola. Fueron reparados en 1864 y la
correspondencia se recibía enviada desde la capital por valijero, que era un
hombre a caballo transportando las cartas en una valija (bolsa de cuero).
La naturaleza jugaba un gran papel para la obtención del agua
de lluvia para los cultivos, consumo propio y el ganado. Se recogía en los
inolvidables aljibes, procedente de los tejados de las viviendas durante el
invierno.
Otro factor, en los cincuenta, que contribuyó a su desarrollo
fue la electricidad. Su alumbramiento se debió a la colaboración de personas
privadas usando un motor desde sus empresas, molinos, dando luz a los núcleos
más cercanos en el transcurso de 240 minutos, horario de noche, para fortalecer
la vida social y familiar del sector. El servicio eléctrico general se efectuó
en 1972.
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Parroquia de Candelaria |
A finales del XVI la población era de 300 habitantes y en la
actualidad alcanza 2800, aunque fue superada con los 3041 en los cincuenta. La
Constitución de 1812 (la Pepa), proclamada el 19 de marzo en las Cortes
Generales de España constituidas en Cádiz y que fue derogada por Fernando VII,
4 de mayo de 1814, para implantar de nuevo la monarquía absolutista, concedió
la creación de nuevos ayuntamientos, separándose del antiguo Cabildo Insular de
La Palma, pero no es hasta 1835 cuando se desligan de competencias económicas
y, así el nuestro por reseña, lo logra en 1841. Tuvo alcalde pedáneo con la
participación de los naturales y oficialmente por el ente gubernativo insular
tras la reforma de la Administración Local promovida por Carlos III. Se
convierte en municipio, adquiriendo independencia política, y lamentablemente
tenemos el incendio, 29 de abril de 1847, del centenario Pósito con la pérdida
total documental del mismo y recién estrenada Casa Consistorial.
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Retablo Mayor |
Pasando páginas a la historia hallamos una Real Cédula de
1557, que provee de sacerdote a la zona y, diez años después, de Iglesia
Bautismal, cuando comienzan a haber libros de Cuentas de Fábrica. A partir de
esa fecha la imagen de la Virgen, estilo flamenco, está inventariada, aunque su
origen se remonta a fechas recientes, hay investigadores que la registran entre
1500-1530, primer tercio de la centuria, y la tradición oral de padres a hijos
lo hace antes de la construcción del templo.
Pasa el tiempo y, entonces, se erige canónicamente, 1588,
como Parroquia. A reglón siguiente, 16 de septiembre de 1617, se asigna
Beneficiado, cuyo nombramiento desde 1625 recaía en el Reverendo Juan Felipe de
Lería, por una Real Cédula del Rey Felipe II, dada en San Lorenzo el Real, y
ratificada por otra del 24 de junio de 1660.
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Espadaña |
La primitiva construcción religiosa, después de muchas
reformas, ha originado la planta de la actual, sobria y sencilla, siendo
declarada, 1996, Bien de Interés Cultural con categoría de monumento. Se
encarga al maestro cantero Juan Ribero, 1614, la ampliación de la capilla
mayor, abriéndose nuevos cimientos y rebajando los riscos colindantes, que guarda
una reliquia de gran valor, Retablo Mayor (1627), de Antonio de Orbarán,
natural de Vergara (Guipúzcoa) y casado en la parroquia Matriz de El Salvador
(santa Cruz de La Palma), que es de los pocos ejemplos conservados en Canarias.
La originalidad del mismo estriba en la fórmula utilizada por el propio
artista-imaginero. En 1990 se concretó su remozamiento pictórico-estructural a
través del Taller de Restauración del ente insular. Se alarga la única nave y
se edifica dos capillas laterales para darle la forma de cruz latina,
prolongándose los trabajos de albañilería hasta el XVII. Y, por último, se le
añade la espadaña con uso externo y de peculiar fisonomía canaria, que perdura
como signo religioso y popular.
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El Diablo. Detalle de las Fiestas |
Mi intención ha sido el dar a conocer el desarrollo de una
parte del territorio palmero con sus penurias y afán de progreso. Voy a dar un
salto de manera virtual para indicar que ya se ha terminado los actos con la
tradicional loa, fuegos pirotécnicos y Danza del Diablo. La aparición de los
gigantes y cabezudos, media hora antes que lo hiciera el número estelar y con
un segundo personaje, constituyó la sorpresa de la noche, en una velada
inimitable, con olor a pólvora. Desde 1711 se ha querido aminorar los gastos
sugiriendo, que los cultos lo hiciera el párroco y no los oficiantes de otros
lugares. Hoy, no cabe la menor duda, que la crisis nos ha proporcionado menor
gasto y más austeridad.
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