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Padre José Francisco de Arce |
Transcurría el año de 1640, cuando llegó a Santa Cruz de La
Palma el portugués José de Arce Rojas y Escobar (¿?-1684), natural de Andra,
isla Terceira del archipiélago de las Azores, e hijo de Baltasar de Arce,
originario de Zamora (España), y de María Rojas, se estableció primero en
Garachico (Tenerife), de donde pasó a esta ciudad para residir definitivamente
en 1640, según era su intención al emigrar. Devoto de san Francisco Javier y
con dos hijos religiosos profesos en la Compañía de Jesús, uno de ellos es el
que será biografiado, decidió fundar una ermita en honor de aquel honorable
varón de la iglesia católica, jesuita y apóstol de Oriente, en una parte de su
casa, solar anexo a su vivienda, previas las autorizaciones eclesiásticas
oportunas y que fue bendecida en 1674, que fabricó, dotó y abrió tribuna y puerta
de comunicación a través del coro, según licencia del nuncio de su Santidad
fechada el 17 de abril de 1677, lo cual trae una curiosa respuesta a favor de
sus vástagos religiosos. Celebró enlace con María González de Lima en 1644 (FASTOS BIOGRÁFICOS DE LA PALMA.
Jaime Pérez García. 1985).
El recién llegado se instaló en la calle O´Daly (Real),
cercano al muelle y allí construye al estilo nobiliario canario de ese
entonces, compuesta por una fachada de dos plantas, puerta adintelada con ancho
marco molturado. La parte alta aparece enmarcada horizontalmente por cornisas y
verticalmente por parejas de pilastras sin capiteles, siendo la única con cantería
roja en el entorno inmediato.
Una vez hecha la introducción pertinente al progenitor y
pieza clave de lo relatado anteriormente nos centramos en el Padre José
Francisco de Arce y Rojas (1651-1715), nacido en la capital de La Palma, 8 de
noviembre, y el segundo de tres hermanos, llamándose los otros dos Juan y Luis.
Fue bautizado unos días después en la parroquia de El Salvador, según consta en
su partida de bautizo.
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Santa Cruz de La Palma. O´Daly |
El censo poblacional en ese entonces de mediado de las
centurias del XVII y XVIII apenas llegaba a los tres mil habitantes y no
transcurría con vientos a favor, debido a las muchas plagas y epidemias, por lo
que el joven Arce tuvo que superar una peligrosa enfermedad de viruela en
octubre de 1959, pereciendo 145 personas, en su mayoría niños.
Su infancia transcurre con la tranquilidad y el desahogo de
un niño de su status social. Bajo los auspicios de una digna educación esmerada
en el cuidado mejor administrado por el celo de su mentor, para guiar sus pasos
en un futuro prometedor.
Inicia los primeros estudios con los dominicos de Santo
Domingo en el convento de San Miguel de las Victorias, poseedores de las
cátedras de Gramática, Filosofía y Teología.
Parroquia Matriz de El Salvador |
Eran tiempos difíciles en el país sumergido en una profunda
crisis política, económica y social. El receso demográfico es notorio en
circunstancias de frecuentes pestes y guerras. El empobrecimiento y la
polarización popular y monetaria entre una minoría de privilegiados y una masa
de humildes provocan situaciones muy heterogéneas. Canarias es un espejo fiel
de lo que ocurre en el resto de la nación.
Entre la nobleza la influencia de los padres marcaba el
destino de los descendientes, desde temprana edad, para desempeñar cargos
civiles o ingresar en la carrera religiosa, que fue lo sucedido con el referido
José de Arce. Una vez finalizada notablemente la enseñanza superior, contaba
con diecisiete años, blanco, alto, pelo castaño con un lunar en el carrillo derecho,
se trasladó a Sevilla para estudiar Derecho, acompañado de su hermano mayor.
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Vivienda de Arce y Rojas |
Pasado un tiempo, lo encontramos en 1668 en el prestigioso
colegio de san Hermenegildo, regentado por los seguidores de san Ignacio de
Loyola. Un año después abandona sus estudios e ingresa el 30 de julio de 1669
en el homólogo de san Ambrosio, noviciado de Villagarcía de Campos
(Valladolid).
Sus dotes intelectuales, carácter vivo, disciplina y fácil
elocuencia le confieren una reputación como novicio, educador y orador en los
diversos lugares (Sevilla, Valencia, Valladolid y Salamanca) que desempeñó sus
labores ministeriales con la eficacia en él depositada por sus superiores. Tras
acabar Filosofía y Artes continuó su formación en la Universidad salmantina.
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Placa conmemorativa. Detalle |
Sólo tenía en mente una concepción nueva de las misiones en
el continente americano. Sus ardorosos deseos le hacen solicitar, en más de una
vez, ser enviado a los enclaves misioneros de Indias, que con un conjunto de
cualidades y fortaleza física y mental le acredite y sea capaz de superar las
duras condiciones de vida en las selvas amazónicas.
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Ex-ermita de los Arce y Rojas |
La llegada a la localidad hispalense del Padre Cristóbal
Altamirano, Procurador General de la provincia del Paraguay, fue un hecho
satisfactorio, que le dio un giro de trescientos sesenta grados, aprovechado
por el interesado para enrolarse en la expedición a tierras guaraníes,
preparándose y concediéndose por Real Cédula del 20 de octubre de 1672. Por tal
motivo llegó de Medina del Campo el 3 de diciembre de ese año, junto a cinco
novicios para preparar el ansiado viaje. Al año siguiente, 16 de septiembre, lo
hallamos en comparecencia ante el tesorero José de Veitia Linaje, solucionando
un trámite necesario de traslado a expensas de la Real Hacienda, por lo que la
espera se alargó un año y, por fin, se concretó la salida de la embarcación
Nuestra Señora de Lubeque, 15 de diciembre, capitaneada por el maestre Mateo Lozano
con escala en Buenos Aires, sin descartar la posibilidad de haberlo hecho en
otros puertos como pudiera ser el de Canarias. La lista de expedicionarios,
según el archivo de Indias, la componían 35 varones, en la que su nombre
figuraba en segundo lugar, entre ellos un americano, un norteafricano, cuatro
europeos y veintinueve españoles. El palmero, estudiante y filósofo a los tres
meses de navegación llega a su destino final, Argentina, el 15 de marzo de
1674.
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Estatua en bronce. Lemus |
Desde este momento comienza una etapa distinta en una parcela
casi desconocida y apenas sin evangelizar. Un terreno propicio para abonar la
semilla del cristianismo y tentador para la gran misión católica de los
jesuitas, que asentaron cimientes sobre los surcos ya iniciados de los frailes
franciscanos, agustinos y predicadores.
En la prolífera Córdoba sudamericana termina su formación de
Teología y es ordenado sacerdote, un día antes de cumplir 26, el 7 de noviembre
de 1677. Se inició en el aprendizaje de una novedosa teología etnológica, la de
las lenguas indígenas y sus culturas, hablando hasta cinco de ellas. Dedicó
bastante tiempo a conocer la realidad local y la organización de la Compañía.
La labor en el Nuevo Continente fue asombrosa. Fundaron
colegios y residencias, propagaron la enseñanza secundaria y superior y desde
ellos extendieron labores de evangelización, ya que los nativos escaseaban de
medios y recursos esenciales de subsistencia en el marco social, religioso,
agrícola, educativo, enseñanza de la doctrina cristiana…
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Arce y Rojas |
Durante un periodo más o menos continuado estuvo dando clases
en la universidad cordobesa de referencia y atento a la actitud de las
misiones. Llegó a escribir un vocabulario y una doctrina cristiana en lengua
chiquita, siendo el primer texto, junto con otros similares, con los que enseñó
a leer y escribir a los chiquitanos. Se desplazó a muchos colegios de su orden
y a varias reducciones guaraníes, que en una de ellas, san Ignacio Guazú, el 15
de agosto de 1686, profesó sus últimos votos.
Una vez repuesto de tisis se encomendó a la intercesión del
titular de la ermita desacralizada, fundada por su padre, como agradecimiento
de su recuperada salud y desde ese entonces empezó a firmar con Francisco.
El intrépido joven entra en acción al ser destinado a las
constituciones de los nativos chiriguanos, que eran tribus inquietas y
complicadas.
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Lápida de mármol |
Con suma habilidad logró un gran respeto al mediar para
alcanzar una paz duradera entre algunos de los grupos que se hacían la guerra
constantemente. Era un hombre emprendedor, caminante incansable y siempre
dispuesto a acometer nuevas empresas, por muy peligrosas que fueran, con el fin
de llevar adelante sus ideales evangelizadores. Fue siempre bien recibido por
ser hombre de mucho amor.
Contribuyó al conocimiento de la geografía, zoología,
botánica, lengua y las costumbres de esos pueblos, gracias a una excepcional
labor antropológica.
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Iglesia de san Javier. Chiquitos |
La fama que alcanzó el padre llegó a las demás parroquias de
los alrededores de Santa Cruz de La Sierra, aumentando el número de feligreses.
De tanto esfuerzo llegó a enfermarse. Todas las mañanas se juntaban muchos
niños a escuchar las explicaciones de la doctrina cristiana y centenares eran
bautizados. Día y noche se afanaba en la instrucción de los oriundos.
Los avatares y conflictos fueron frecuentes y más de una vez
costó algunos disgustos, que se agrandaron al paso del tiempo, los ardores del
desaliento, hombrunas, escasez de agua, rudos inviernos, enfermedades, falta de
recursos humanos e intereses partidistas, que le envolvieron por el celo
pastoral propuesto siempre hacia los pobres y necesitados nativos.
Hay numerosos documentos y datos acerca de su santo quehacer
en los primeros lustros del XVIII. Se sabe que en 1706 ejercía de cura párroco
en el poblado de San Miguel en Paraguay y que en 1708 intentó, una vez más,
otra expedición. Al cabo de cinco años después, localizamos indicios de él en
la localidad de referencia anteriormente, o sea que se prodigó en las tareas evangelizadoras
entre los guaraníes.
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Alusión al martirio de Arce |
Transcurría diciembre de 1715, cuando los primeros lo
apresaron y lo llevaron a la orilla, desvalijando la canoa y dándole muerte con
un golpe seco en la cabeza, sin poder decir otra cosa, que: “Hijos míos, muy
amados ¿por qué hacéis esto?”. A reglón siguiente llevaron el cuerpo al otro
lado del río y lo entregaron a los otros, sus cómplices. Tomaron el cadáver y
lo maltrataron, ataron a una cruz y lo lanzaron a la corriente. Falleció
mártir, siendo un hombre docto de su tiempo, que entregó la vida por los demás
durante 64 años, 45 dedicados a la disciplina jesuita y 41 con las misiones
paraguayas.
Verdadero apóstol de la iglesia en la antigua provincia del
Paraguay, su nombre quedó grabado en la lista de mármol de los mártires que se
encuentra en la capilla de Los Mártires en el colegio Cristo Rey de Asunción,
en el que es considerado como venerable. Fue hombre de gran espíritu, coraje y
convicción que contribuyó a extender la cultura cristiana y a estimar al
indígena mediante la defensa de sus valores humanos.
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Titular de la ex-ermita |
Los jesuitas construyeron en el laberinto colonial una de las
utopías de la historia y la legaron a la posteridad en sus escritos del exilio
imperdonable para su época, entre los pobres, sin asesinatos, basada en el
cambio del corazón por la fuerza del cristiano, que supo conjugar la
tecnología, organización, educación, poder y libertad, en fin, que sea la única
posible.
El proyecto misional, se inscribe dentro de lo llamado la
visión profética de Jesús y de la Iglesia, defendiendo a los propios un espacio
alternativo y utópico, acercándose un poco al Reino de Dios en la tierra,
consiguieron crear y mantener una colectividad próspera, humana y pacífica
entre 1610 y 1768.
No hay mejor epílogo a una existencia y a una idea, que
reconocer los méritos del Padre José Francisco de Arce y Rojas, sacerdote
jesuita, en defensa de los indios. En la calle Lemus de Santa Cruz de La Palma,
su ciudad natal, se erigió una estatua de bronce, que a sus pies hay una lápida
y una leyenda: “Hijos míos, muy amados ¿por qué hacéis esto?-Tomaron el cadáver
y lo maltrataron, lo ataron a una cruz y lo empujaron río abajo, era diciembre
de 1715. Falleció martirizado un hombre docto de su tiempo, un palmero que
entregó la vida por los demás durante 64 años, 45 dedicados a la vida religiosa
en la Compañía de Jesús y 41 con las misiones paraguayas en defensa de los indios”.
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Exposición abierta al público |
Y, por último, en la fachada de su vivienda, sobre la puerta
adintelada, se colocó una placa, que dice: “En esta casa nació el Padre José de
Arce y Rojas S.J. el 8 de noviembre de 1651-(1715). Apóstol del Paraguay 1492.
V centenario-1993 de la evangelización de esta isla. La parroquia del Salvador
a su memoria. 30-05-1993.
BIBLIOGRAFÍA: -BIOGRAFÍA DE P. JOSÉ DE ARCE Y ROJAS, S.J.
(1651-1715). Miguel Ángel Martín González. Edita: Parroquia de El Salvador.
Santa Cruz de La Palma. Colabora: Cabildo Insular de La Palma.
-Otros medios de obtención informativos.
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