
PLAZA DE LA ENCARNACIÓN: Situada en lo alto del lomo norte
junto al barranco de Las Nieves y que te permite ver parcialmente la ciudad
como el Barco de la Virgen, la alameda y el propio cauce del barranco en su
llegada a la orilla del océano Atlántico. A ella se llega a través de la Cuesta
de la Encarnación, con la satisfacción de disfrutar y visitar el Castillo de la
Virgen sin prisas, observando una panorámica maravillosa, del entorno del Castillo
de la Cruz del Barrio y plaza de San Fernando. Conjuga lo solariego con sabia
armonía de tonalidades desde la puesta del sol hasta el alba, redundando en las
páginas históricas del devenir cotidiano. Más arriba nos encontramos con la
casa rosada, apelativo atribuido al color de su fachada. Es una construcción
hecha en su día como residencia de ancianos o asilo, que nunca llegó a tener el
fin apetecido y se utilizó como refugio de los damnificados de temporales u
otras circunstancias habidas, sin dejar de reseñar que durante algún tiempo fue
Casa Cuartel de la Guardia Civil de Tráfico y, ahora, lo es de otros menesteres
administrativos.
Posee una remodelación funcional, que se integra en un
conjunto de continuidad con el espacio y el entorno, ubicándola con proyección
hacia la liberación entre el mar y las montañas circundantes. Es todo un
remanso de paz con invitación al descanso y meditación. La idea fundamental
surgió del Plan Parcial del Planto-La Encarnación de Santa Cruz de La Palma,
cuyo autor lo es el arquitecto Gabriel Emerio Henríquez Pérez (1961).
Por el extremo sur de la misma encontramos la entrada a la
Cueva de Carías y en sus alrededores los inmuebles adosados a la Cuesta de El
Planto, procediendo luego a la parte superior de la carretera, que nos lleva a
través de la barriada de Las Nieves, al real santuario de la Patrona.

El emplazamiento de la ermita de Nuestra Señora de la
Encarnación, constituye una referencia emblemática fundamental y fundacional, con
su frente lateral armónico con balcón al extremo del coro alto se complementa
con otro de igual factura en el final de una sola nave con puertas de arcos de
medio punto y cantería roja, estando esta última en el mismo eje de la
espadaña. Es la primera construcción religiosa del bando este de la isla y,
segunda, después de la de San Miguel Arcángel en Tazacorte. Terminada la
conquista y establecidos los primeros colonos en el entorno mencionado se
levantó un primitivo templo, que funcionó entonces como improvisada parroquia,
hasta que el centro de la población se concibió a la vera del barranco de los
Dolores. Se describe como pequeña hecha de piedras con techos de hojas de
palmeras y, según escritos, ya se encontraba en pie en 1493. La Villa de Apurón
como se la conocía a la ciudad, comenzó en esta zona, pues fue el primer sitio
habitado. Sirvió de núcleo al primer asentamiento. Mucho después la población
se trasladó al sur, donde se fabricó la iglesia de El Salvador y, desde
entonces, se quedó convertida en ermita, extramuros y aneja a la parroquia
Matriz.
En 1553 fue incendiada y saqueada por Pata de Palo, François
Le Clerc (¿?-1563). La plaza fue construida en febrero de 1865, siendo alcalde
Miguel Pereyra Pérez. Siempre fue una reseña histórica y un referente en la
oración. Como consta en la visita del licenciado García Calderón en 1532, dio
nombre a la Dehesa de la Encarnación, término de pastoreo vecinal, cuyos
linderos fueron reformados en 1509 por el gobernador Lope de Sosa.
Acabada el viernes, 26 de noviembre de 1520. La última
noticia que tenemos de ella es de 1530, cuando el obispo Zamora mandó al
mayordomo que cobrase de Juan Alonso, vaquero, lo que había quedado en poder de
la cofradía de Nuestra Señora, que fray Vicente Peraza había aplicado a tal
templo.
No en vano, como indica el portugués Gaspar Fructuoso en
1567, era un lugar de gran devoción para los vecinos isleños, que se tradujo en
abundantes limosnas, que le daban los cosecheros, ganados y dádivas que ponían
en el platillo y alcancías… Todo lo expresado fue suficiente para las varias
reedificaciones y obras nuevas que se hicieron en este sagrado lugar.
Entre los elementos arquitectónicos más antiguos conservados,
merece citar el arco toral gótico, elaborado en toba rojiza por Hernando Luján,
que separa la capilla mayor de la nave del templo, con capiteles decorados a
base de hojas de candinas; un murciélago tallado en el del lado del Evangelio,
avisa a los fieles de la necesidad de estar vigilantes ante las acechanzas del
demonio y lo más notable de su patrimonio escultórico es el grupo flamenco de
la Virgen y el Arcángel San Gabriel, que preside el nicho principal del retablo
mayor de estilo barroco del XVIII, en madera policromada, y fechado hacia
1522-1532, el tabernáculo es el único que ha perdurado como hornacina en
Canarias; San Lázaro protector de los enfermos de lepra alojados en las cuevas
de Carías; el candelero de Santa Lucía, obra atribuida a Bernardo Manuel de
Silva (1655-1721); cuenta aún con su colección de exvotos de plata; el
Crucificado clasicista de Manuel Díaz Hernández (1774-1863), que estuvo
procesionando hasta ser sustituido por el de Ezequiel de León Domínguez
(1926-2008), el Viernes Santo desde San Francisco en la procesión del Calvario
y por su rareza, ya que es la única talla que existe en el archipiélago, la del
franciscano mártir San Pedro Bautista, datada entre 1705-1712.
Procedente del Convento dominico de Santa Catalina de Siena
es el elemento musical procesional, transportado a mano, que se halla debajo
del coro, obra probablemente de origen sevillano del primer tercio del XVII,
siendo el más antiguo de las islas. El armonio o harmonium, también denominado
harmonio o armonium, es un instrumento de viento con teclado, en apariencia
similar al órgano, pero sin tubos y de mucho menor tamaño, típico de la música
devocional empleada en Asia.
Al lado izquierdo está la tribuna de los Vélez de Ontanilla,
confeccionada hacia 1705, dueños copartícipes de las haciendas de Argual y
Tazacorte.
El templo acoge cada lustro a la imagen de Nuestra Señora de
Las Nieves en la víspera de su entrada triunfal, con honores de Capitana, por
la celebración de la Bajada y fue elevada a parroquia en 1968, siendo obispo
nivariense Luis Franco Cascón (1903-1984).
Y, por último, hacemos mención de la Congregación Religiosa
Hermanas de la Compañía de la Cruz, residiendo en los aledaños del recinto. Es
un instituto religioso de Derecho Pontificio fundado por Sor Ángeles de la Cruz
(1846-1933), el lunes, 2 de agosto de 1875, fiesta de Nuestra Señora de los
Ángeles, en Sevilla, que fue beatificada el viernes, 5 de noviembre de 1982, y
canonizada el domingo, 4 de mayo de 2003, por el PP. San Juan Pablo II
(1920-2005). La Congregación es de marcada impronta franciscana con un espíritu
fuertemente contemplativo, de carácter mendicante y de vida religiosa íntegra y
coherente.
En la ciudad se hicieron presente el miércoles, 13 de mayo de
1970, y al año siguiente se establecieron en su actual casa residencial,
carretera de Las Nieves, que conduce al Real Santuario mariano, desempeñando su
labor espiritual y humano de acuerdo a la misión encomendada por la santa
fundadora con sencillez y amor.
Viven intensamente unidas a Dios para poder darlo con
palabras y con obras a los demás a través de la misa, oficio divino, horas de
oración, prácticas devocionales comunitarias y personales…
El capítulo primero de sus Constituciones, aprobadas
por el papa San Pío X (1835-1914), cita: “El fin especial o distintivo de esta
Congregación es promover con la divina gracia la salvación de las almas entre
los pobres, a quienes las Hermanas considerarán y amarán como a sus amos y
señores”. Su incansable vocación le lleva a visitar enfermos y necesitados a
domicilio y ser sal en el mundo, testimonio de desprendimiento, pobreza y humildad.
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