CASTILLO SANTA CATALINA: Una Real Cédula del 15 de marzo de
1528, concedida por el emperador Carlos V, autorizaba al Cabildo para repartir
entre los vecinos la cantidad que pareciere necesaria para los gastos de
fortificación y marcaba el año inicial de la construcción de la segunda fortaleza
de la isla de La Palma, el castillo de Santa Catalina de Alejandría.
Sin dar tregua a lo propuesto anteriormente se acordó dicha
ejecución y la derrama de 6.000 ducados entre los vecinos. Otra Real Cédula,
expedida en Valladolid el 8 de abril de 1554 por
el futuro rey Felipe II, concedió permiso para repartir entre los vecinos unos
3.000 ducados, según expresa la Real disposición, ya que la ciudad había
quedado desmantelada después del saqueo y quema por los piratas franceses.
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Del antiguo sistema defensivo, compuesto en su origen por
varios baluartes, muralla y portadas de acceso, por los caminos del norte y del
sur, se conserva en la actualidad el que fuera principal, denominado Real
Castillo de Santa Catalina, por su proximidad a la inexistente ermita de la
referida santa, mártir. Con la entrada por la puerta de frontón curvilíneo
situada en la calle Castillete, que aparece rematada por el escudo de armas de
los Reyes Católicos. La obra actual fue levantada tras la desaparición del
primer reducto, más cercano al barranco de Las Nieves, que se finalizó el 26 de
mayo de 1554, también, cercano al puerto, donde y cuando en 1553 habían
desembarcado los piratas hugonotes al mando de François Le Clerc (¿?-1563),
conocido por Pata de Palo, por la zona de Maldonado, incendiando y saqueando la
Villa, acarreando grandes pérdidas en edificios de altos valores
arquitectónicos religiosos y privados con destrucción de archivos, bibliotecas,
imágenes de culto, ornamentación, etc. No cabe la menor duda, que fue el motivo
por lo que se llevaron a cabo la ejecución de varias fortificaciones, siendo de
una plataforma con una torre circular, que fue abatida por una embestida de
mar, idea de Cepeda, por entonces regidor del Cabildo palmero. La única de la
época de Los Austrias, cuya estructura sirvió como ejemplo de las que se
construyeron en el Nuevo Mundo.
Desde el punto de vista arquitectónico, el fuerte primitivo
presentaba una planta casi elíptica en cuyo centro se alzaba un cubelo con
tejado de pizarra. Los muros exteriores eran de sillería con recios
contrafuertes y se hallaba en su totalidad terraplenada, con losetas para
formar la plaza de armas. Una escalera exterior separada de la fortaleza por un
pequeño puente levadizo permitía el acceso a la misma. Esta tenía un pretil
hacia el mar y una alta muralla almenada hacia el frente de tierra. El elemento
del medio, todo él de sillería, con troneras, tenía dos pisos, y servía de
alojamiento al alcaide y a los soldados de la guarnición.
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En 1665, definitivamente, una avenida del barranco vecino de
Las Nieves acabó con él y fue declarado en estado ruinoso. Un año después
visitó la plaza el comandante General de las islas, Conde de Puertollano, al
que acompañó el ingeniero militar, Lope de Mendoza, quien dejó instrucciones
para la restauración del mismo. El 5 de junio de 1666, el teniente de
Corregidor Licenciado Francisco García Sánchez propuso, siguiendo las órdenes
del general, la expresada reedificación. Después de muchas vicisitudes se concretó
volverla a hacer en otro lugar distinto, más apartado de la costa. En 1671 ya
hubo necesidad de efectuar una segunda reparación, como apunta el profesor
Rumeu. Los daños habían sido ocasionados por un fuerte temporal de mar y
viento, desencadenado el 14 de enero del año en curso. Estaba situado enfrente
al actual como lo demuestran planos y documentos de la época y estuvo en
funcionamiento cien años.
Hemos llegado a un punto de concretar la construcción de la
nueva fortaleza, grande en historia y que se ha convertido en los últimos años
en referencia histórica y cultural, siendo reseña a tener en cuenta cuando se
visite la capital. En su interior un pequeño museo que muestra el pasado
glorioso de la que fuera por entonces puerta de América y de todas aquellas
personas, que lo hicieron posible.
Carlos V, en 1585, autorizó al ingeniero, arquitecto e
historiador italiano Leonardo Torriani (1560-1628), que además fue geógrafo y
cartógrafo militar a proyectar el trazado del nuevo baluarte defensivo, que
repelió los ataques de corsarios y piratas, que asediaban el archipiélago.
Formaba parte del cinturón protector de la ciudad. En su jardín, junto a la
avenida Marítima, se encuentra la escultura restaurada del artista grancanario,
Martín Chirino López (1925-2019), alusiva a los vientos alisios, titulada EL ALISIO.
La ejecución de las obras fue encargada por el Capitán
General, conde de Guaro, al ingeniero militar Miguel Tiburcio Rossell de Lugo
quien en unión del sargento mayor Juan Franco de Medina levantó los planos
necesarios.
El castillo diseñado fue similar al de San Cristóbal, en
Santa Cruz de Tenerife, aunque de menores proporciones. Su planta era cuadrada,
con cuatro baluartes de punta de diamante en los ángulos. En el frente que daba
al mar se hizo un terraplén, mientras que en la otra mitad se situaron
dependencias, tales como almacenes, depósitos y barracones para la tropa. Las
obras comenzaron alrededor de 1685 y finalizaron siete años después, en 1692.
Los problemas y adversidades siguieron, habiendo un
enfrentamiento entre regidores locales y cuerpo técnico regional por desgaste
del material constructivo. A mediados del XIX la situación no había mejorado en
demasía, pues un informe de la Comandancia de Ingenieros de 10 de octubre de
1848 especificaba que su foso, que solo comprende el frente de la población,
está lleno de escombros de obras hechas y de derrumbes, que debe levantarse y
dejar cerrado.
Por lo que respecta a la artillería, contaba a mediados del
XVI con un número variado de piezas, que sufrió modificaciones en traslados y
posiciones en otros reductos del litoral. El 31 de agosto de 1588 Felipe II
expidió una Real Cédula en virtud de la cual se ordenaba al Cabildo el mayor
cuidado en la conservación, reparo y aumento de la artillería.
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Posteriormente, sin dilatación en el tiempo y con esta
situación crítica y calamitosa llevó a que por los mismos años se propusiera
varias veces su enajenación. Finalmente, una Real Orden de 2 de mayo de 1924,
lo declaró inadecuado para los servicios de la guerra y se dispuso en venta,
siendo adquirido por Manuel Rodríguez Acosta, en 1950, en representación por un
grupo de comerciantes, con la intención de edificar naves industriales, pero
poco después entró en vigor la Ley de Protección del Patrimonio Defensivo, que
impidió su derribo. En 1951 fue declarado Monumento Histórico Artístico. Otro
aspecto positivo es que está ubicado en la zona norte, un área donde no está
intensificado la actividad comercial, puesto que aquí no se ha intervenido
tanto como en el primer tramo de la calle Real, donde se concentra la actividad
mercantil, institucional y turística.
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La actual configuración fue realizada entre 1676 y 1701, tipo
fortaleza que incorpora las propuestas renacentistas de la ciencia militar
italiana del XVI, de amplia repercusión en Canarias y en América. Cuenta con
amplio terraplén, con cuarto de armas, calabozos, polvorín, almacén, casa para
el castellano y la guarnición y puente de madera sobre el foso. Estuvo en funcionamiento
militar hasta 1808 y fue utilizado como prisión y como cuartel. En él estuvo
preso, hasta ser trasladado al homónimo de San Miguel del Puerto, en donde
murió, el abogado, natural de la villa de Garafía, Anselmo Pérez de Brito
(1728-1772), fiel defensor de los derechos usurpados al pueblo palmero, por los
que luchó ardientemente contra los regidores perpetuos, que se habían apoderado
de manera vitalicia, heredados de padres a hijos, de la representación de los
cargos jurídicos, gubernamentales y políticos del Cabildo u otras esferas,
haciendo que Santa Cruz de La Palma consiguiese el primer ayuntamiento
democrático de España, siendo sus legítimos componentes municipales elegidos
por sufragio universal.
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Desde hace algunas décadas se le ha dado uso de recinto
ferial y de actos conmemorativos civiles, tradicionales, populares y políticos,
acuerdo tomado entre la familia propietaria y los responsables municipales, para
celebrar en sus dependencias ferias de artesanía, festivales folclóricos a
nivel insular, recreaciones históricas con la agrupación de Los Doce de Su
Majestad e invitados de La Gesta del 25 de Julio de Tenerife, observaciones
astronómicas por asociaciones de aficionados a tales menesteres de estudio y
admiración del cielo, mítines electorales y presentación de candidatos a los
distintos puestos de ocupación política local, regional y parlamentaria
nacional e internacional, etc. Todo lo dicho está relacionado con las fiestas
Lustrales, con episodio de defensa y victorias sobre invasiones de corsarios y
piratas, de la Noche de las Estrellas, convocatorias electorales… Además, se le
ha asignado otro uso para disfrute turístico de visitas con un horario
determinado de apertura y cierre.
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Resaltamos la sensibilidad con la conservación del
patrimonio, que debemos tener presente para alzar la idea, no solo se abra al
público, sino también que sea disfrutado por los ciudadanos y que se divulgue
su historia. Es uno de los edificios históricos más emblemáticos y el principal
exponente de fortificación defensiva de la Isla.
No sólo hay que abrirlo, tiene que haber una labor de
divulgación, para que la gente conozca su trayectoria en el tiempo, desde sus
orígenes hasta nuestros días, que el recinto forme parte protagonista de una
ruta de fortificaciones. Es algo nuestro y precisa que se le puede dar un uso,
tanto en la población, en las personas que lo podemos disfrutar, como turístico
para dinamizar lo urbano, puede ser un punto más de atracción. La actuación en
la integración de la mejora del frente marítimo es tan importante para causar
el menor impacto visual posible.
FUENTES CONSULTADAS:
-HISTORIA DE LAS FORTIFICACIONES DE LA ISLA DE LA PALMA. José Manuel
Castellano Gil (1960), Francisco Javier Macías Martín (1960) y José Juan Suárez
Acosta (1963). Premio de Investigación Histórica Juan Bautista Lorenzo
Rodríguez (1841-1908). 1990. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Centro
de la Cultura Popular Canaria (CCPC). Abril, 1991.
-EL BERNEGAL. Blog. Domingo Cabrera Pérez.
-GOOGLE Chrome.
-Otros DOCUMENTOS y PROCEDENCIAS.
-Otras FUENTES de INFORMACIÓN de ARCHIVOS propios.
-CONOCIMIENTOS
y VIVENCIAS personales.
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