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Antonio Rodríguez López |
La principal tarea pendiente del periodismo es reconectar
con la sociedad. Muchas veces, son tantas en nuestra profesión, que no inspira
la confianza que debería. Nadie se cree ya nada de nada, aunque se lo pinte de
los colores del arcoíris, ni mucho menos el que mira por el interés de los
ciudadanos. La sociedad necesita información independiente con valores
sociales. Dicho lo anterior y recapacitado lo siguiente a nivel personal para
tener los argumentos necesarios y suficientes al relatar la vida de un
personaje palmero, importante en Las Letras del Siglo de Oro palmero, con peso
y famoso en el legado transmitido de generación en generación con el solo
empeño intelectual en el amplio imperio literario de ser un hito en la edad u
época victoriana y en el cometido histórico de la ciudad de Santa Cruz de La
Palma.
Antonio Rodríguez López (1836-1901), es una señal
permanente, un impulsor del mayor florecimiento de Canarias y de la isla, sobre
todo, de un modo muy especial, como dramaturgo y de otros géneros lingüísticos,
fue un escritor hecho a la medida en su tierra, ya que nunca salió de su patria
chica, de la isla. Nacido en Santa Cruz de La Palma, en el seno de una familia
de clase acomodada y fuertes convicciones católicas, lo cual influyó en los
contenidos de su obra, en donde desarrolló hasta el máximo exponente su
admirable intelecto. Marcándose unos derroteros únicos y alcanzables, adaptados
a las apetencias de su ámbito ambiental, familiar y cultural con sus
correligionarios, vecinos y de cuantos amaban el buen hacer.
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Calle Antonio Rodríguez López |
Fue profesor de Retórica y Poética, don Antonio, en el
Colegio de Segunda Enseñanza Santa Catalina de su ciudad natal. Como
periodista, Rodríguez López, muy comedido y sabio en las decisiones tomadas con
cautela, desempeñó el cargo de director de ‘El Time’, 1863 hasta 1867, y ‘La
Causa Pública’, 1871 hasta 1872, coetáneos, fue poeta y dramaturgo, perdón por
la redundancia, dejando una extensa e importante cantidad de obras literarias,
ricas en contenidos y de peculiar enseñanza en el mundo habitual, donde se
desenvolvió con libertad meridiana y precavida, plenitud de movimientos.
Según indica con firmeza e información, el investigador y
excronista oficial de la capital isleña, Jaime Pérez García (1930-2009), en su
magnífico y laborioso trabajo ‘Fastos Biográficos’, esta fundamental labor
humanística jamás conseguida en La Palma, obteniendo así el mayor auge cultural
y social de todos los tiempos y de toda la historia.
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Caserío y Santuario de Las Nieves |
Comenzamos recordando su ingente publicaciones, que
constituyen un inmenso bagaje de sabiduría adquirida por el gran ingenio
palmero al igual que el otro de origen manchego, amante de hacer el bien y
presto diligente, fiel caballero andante, prototipo de las novelas de caballería,
brillante estrella en destacado sitio del Siglo de Oro español, enamorado de su
mundo y ejecutor de las acciones, donde lo fue ‘El ingenioso hidalgo don
Quijote de La Mancha’ a los umbrales de 1605, convertida en la escritura
dorada, más destacada, de la literatura española y una de las principales del
ámbito universal, cuyo autor fue Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).
Fue conocido en su isla por Antonio Barroso y recibió una
educación poco corriente en su entorno y época, ya que los ensayos de
adolescente son adaptaciones de obras francesas traducidas por él mismo.
Aprendió francés con su maestro el sacerdote y beneficiado de la parroquia de
El Salvador del Mundo, Manuel Díaz Hernández (1774-1863), quien lo había
aprendido y practicado con los prisioneros del país galo, procedentes de las
guerras napoleónicas depositados en la isla y que se quedaron definitivamente
una vez establecida la paz.
Era seguidor de las ideas de dicho cura, liberal, personaje
reivindicado por la burguesía comercial palmera, la masonería y los primeros
republicanos. Por recomendación de su tío, presbítero, José Rodríguez Barroso,
que lo tuvo como mentor de estudios, después de pasar ciertos años, le devolvió
el favor concedido, deuda cultural, al convertirse en su biógrafo y
panegirista.
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Salvas a la Nave de María. Barco |
La Palma, se había caracterizado, hasta mediados del XIX,
por la carencia de una tradición cultural propia, pues los pocos hombres que le
habían dado renombre debían su formación o haberse educado en centros fuera de
aquí, y los motivos de su inspiración nada tenían que ver con el sitio de su
nacimiento. Seguramente, entre sus manuscritos hay notas en correcto francés,
se le educó el gusto y formó el estilo en la lectura de obras francesas, en
especial de teatro, como un siglo antes le había sucedido a José de Viera y
Clavijo (1731-1813), en la isla de Tenerife.
Si dejamos aparte sus ensayos juveniles, que, por lo demás,
son en su mayor parte paráfrasis de obras dramáticas francesas, vemos que el
primer impreso importante bajo el nombre de Rodríguez López es precisamente un
libro con dos piezas teatrales, ‘Los bereberes de Rif’ y ‘Tetuán por España’,
publicado en Las Palmas de Gran Canaria, en 1861, cuando su autor, Antonio,
tenía veinticinco años. Asimismo, su último trabajo impreso, ‘Espartaco’, Santa
Cruz de La Palma, en 1900, es un drama, que lleva una carta-prólogo de Emilio
Castelar y Ripoll (1832-1899). Su afán por las tablas fue constante.
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El castillo de la Virgen. Diálogo Lustral |
Su primer éxito teatral lo constituyó la representación, 17
de julio de 1869, de ‘La aurora de la libertad’, por una compañía profesional,
se trata de una fantasía dramática en un acto y en verso, con personajes
simbólicos. La década de los años setenta vio la representación, en el teatro
local de seis obras suyas y se puede afirmar que La Palma no ha vuelto a tener
un florecimiento teatral semejante. Se multiplicaba, pues no sólo escribía las
mismas, sino que él las dirigía, ensayaba y representaba. Además, cultivaba la
pintura y estaba iniciándose en la carpintería artística y ebanistería, a su
cargo y de su primo el pintor palmero Aurelio Carmona López (1826-1901), corría
igualmente la decoración y montado del escenario. Con grandes programas de
mano, impresos y adornados con orlas al gusto de ese entonces, a imitación de
los teatros de las grandes capitales, los dramas ‘El anillo nupcial’, estrenado
el 1 de marzo de 1874; ‘La rama de roble’, 8 de diciembre de 1874; ‘La pena de
muerte’, 4 de noviembre de 1876; ‘El ciprés de la sultana’, 1 de enero de 1877;
‘El oro’, 16 de enero de 1878; ‘La cruz de rubíes’, 4 de febrero de 1893…
marcan la culminación de la actividad de Antonio Rodríguez López como
dramaturgo. Las amplias reseñas periodísticas de los estrenos y reposiciones de
estas obras, verdaderos acontecimientos artísticos en el mundo isleño, llenan
los semanarios, especialmente ‘La Palma’ y ‘El Noticiario’.
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Manuel Díaz Hernández. Monumento civil |
Pero si bien el aludido, Rodríguez López, se sintió
preferentemente seducido por el teatro, hay en su vida otra faceta de gran
interés, que a veces se expresó, también, en forma teatral, aunque en ocasiones
revistió caracteres polémicos, cuyos ecos se dejaron oír en toda Canarias. Esta
misión fue la que le dictó su profundo catolicismo, al que subordinaba todo y
fuera del cual no veía sino confusión y desorden. En efecto, su primer opúsculo
impreso, ‘Escena lírico-dramática’, aparecido en Santa Cruz de Tenerife, en
1855, cuando su autor apenas tenía diecinueve años, es una especie de auto
sacramental para ser representado, sobre un carro por las calles de Santa Cruz
de La Palma, con motivo de la Bajada de la Virgen Nuestra Señora de Las Nieves
de dicho año. Y, durante cuarenta y cinco, hasta 1900, en que apareció su libro
‘Trilogía sacra’, con los autos de 1895 y 1900, los diez carros para las
Fiestas Lustrales en honor de la Patrona de La Palma, circularon impresos. No
obstante, su obra más sobresaliente a este respecto es la titulada ‘Democracia
sin partido’. Impresa en la capital palmera en 1866, en la que propugna un
orden político que tuviera como base la doctrina de la iglesia y ataca la
proliferación de partidos políticos. Nunca se había hecho en las islas un
ataque contra los partidos políticos y los hombres responsables de la política,
especialmente los republicanos y liberales de Tenerife y La Palma. Entonces, se
dejó oír las reacciones en contra de nuestro paisano como los opúsculos de Juan
Fernández Ferraz (1849-1904) y Miguel Villalba Hervás (1837-1899), ambos
publicados en la capital provincial occidental. En esta misma línea están,
impresas, ‘Manifestación de la inteligencia divina en el desarrollo del
Universo’, en 1871; ‘Consideraciones sobre el darvinismo’, en 1881; ‘Objeciones
a la hipótesis espiritista’, en 1882; ‘Notas al folleto Dios de Francisco Suñer
Capdevila`, en 1882, etc.
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Publicación literaria. Obra |
Estas dos grandes posturas de su vocación, la posteridad ha
conservado su nombre como el del literato más insigne de Santa Cruz de La Palma
hasta su tiempo y, así, más que su obra teatral y su obra religiosa, perduran
sus leyendas, como ‘La Trompa de caza’, en 1857; ‘La Virgen del Risco de la
Playa’, en 1859; ‘Juan Gutenberg’, en 1862; ‘¡Vacaguaré!’, en 1863, fue
incluido como introducción a la obra del mismo título del activista
nacionalista y libertario Secundino Delgado Rodríguez (1867-1912), quien llegó
a usar incluso el nombre de Antonio Rodríguez López como pseudónimo; ‘Los dos
brezos’, en 1863, años después reeditada; ‘Apuntes biográficos de don Manuel
Díaz’, en 1868; ‘La aurora de la libertad’, en 1869; ‘La Cruz de azabache’, en
1870; ‘La corona nupcial’, en 1870; ‘Hermosilla’, en 1871; ‘La mamá de roble’,
en 1874; ‘Aysuraguan’, en 1881; ‘La Peña de los Enamorados’, en 1881, etc. y,
sobre todo, sus libros de poemas, ‘Poesías’, en 1873, y ‘Borrascas’, 1880,
obras que le valieron el sobrenombre de Cantor de Benahoare. Por lo demás, su
novela de ambiente regional ‘Amor y lágrimas’, en 1864; su zarzuela ‘La choza
del tío Martín’, en 1864, así como algunos pasos lírico-cómicos, tienen hoy
sólo un valor arqueológico. Con todo, su obra poética de mayor ambición, ‘La
Palma’. ‘Poema’, quedó inconclusa e inédita, aunque la introducción apareció en
su citado volumen ‘Poesías’ y la reprodujo en parte Elías Mujica García
(1853-1926) en su antología ‘Poetas canarios’, Santa Cruz de Tenerife, en 1878,
y ‘El Canto I’, que circuló en copias manuscritas en vida del autor.
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Notable leyenda (1863) |
Igualmente publicó, aparte de los aparecidos en la Prensa de
la época poemas, obteniendo la Lira de Oro por su poema ‘El progreso en La
Palma’, en el certamen organizado por la Sociedad La Unión y otros escritos
como ‘Democracia sin partido’, en 1866, ‘Reflexiones sobre la unidad
religiosa’, en 1869, entre otros muchos.
Su reconocimiento más notable fue con ocasión de las Fiestas
Lustrales de 1900, donde fue coronado como Cantor de Benahoares, ciñéndole la
cabeza con una corona de flores silvestres.
Fue un paladín de todas las causas nobles, como la abolición
de la esclavitud, la abolición de la pena de muerte, la prohibición del duelo,
la exaltación social de la mujer, la difusión de los bienes de la cultura y del
progreso, la defensa del arbolado, etc., dejó una obra impresa que abarca
cuarenta y cuatro títulos, mientras sus manuscritos inéditos superan este
número. Estos hechos, unidos a que su letra para el ‘Diálogo entre el Castillo
y la Nave’ se repite cada cinco años, terminados en 0 y 5, en la Bajada de la
Virgen, desde hace casi un siglo, y que algunos de sus autos sacramentales han
sido repuestos e impresos en 1905, 1910, 1915 y 1935, como carros de las
Fiestas Lustrales, todo ello ha contribuido a dar el valor de clásico insular,
apelativo con el que es conocido y repetidamente citado.
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Cruz del Tercero. Signo de exaltación |
Una obra como la presente bastaría para justificar la
extensión que hemos dado a esta en cuestión. La índole obtenida hace que
todavía consignemos la carrera de honores de Antonio Rodríguez López, que
continuó prestando su apoyo de colaborador y de mentor periodístico a distintas
publicaciones posteriores, al ser designado secretario del ayuntamiento de su
ciudad natal, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento. También, fue
secretario general de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Palma
y en calidad de tal tuvo a su cargo el discurso conmemorativo de su centenario
en 1876, que se conserva impreso, representante de las homólogas de Granada y
Cádiz y, también, el homólogo cargo, secretario, de la Junta Central de la Cruz
Roja de la isla al constituirse ésta. Ambas corporaciones lo nombraron,
posteriormente, socio de mérito. Tuvo la categoría de socio fundador de la Real
Sociedad La Cosmológica y de mérito, además, de la Unión, de El Amparo del
Obrero, etc., siendo cónsul del Reino de Grecia, representante de la Sociedad
de Escritores y Artistas de Madrid, miembro de la Sociedad de literatos de
Lisboa, etc.
Al transcurrir los años, el Cantor de Benahoare, logró ser
considerado el autor más prolífero, destacado y representativo que había tenido
la isla hasta ahora.
Perteneció a una generación emprendedora, de talante
progresista, que marcó la vida cultural y política de la segunda mitad del
Ochocientos en la isla de La Palma. Junto a su amigo Faustino Méndez Cabezola
(1836-1880), fundó el periódico El Time del que fue su primer director, como
hemos dicho más arriba. Las ideas y las iniciativas políticas, culturales,
educativas y periodísticas patrocinadas por sí mismo influyeron en las
generaciones de liberales, republicanos y marxistas, que se sucedieron en la
escena política palmera hasta la Guerra Civil española.
Como broche de oro, escalafón sublime de un final glorioso,
transcribimos lo significativo ocurrido en la vida de Rodríguez López. En la
tarde del siguiente día, 6 de abril de 1863, de la fatídica muerte del señor
Díaz, fue conducido el cadáver al camposanto capitalino y el pueblo palmero
convirtió en apoteosis el entierro, cuya muerte fue un acontecimiento
tristísimo y una pérdida irreparable.
El 12 de julio de 1863, en el número uno del periódico El
Time, Antonio Rodríguez López, escribía lo siguiente:
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La Alameda. Tributando el homenaje |
‘Hace pocos meses que La Palma tuvo que lamentar una pérdida
irreparable y, en medio de la tristeza, que aquella le produjera, y aún en esa
misma tristeza, existía un motivo de complacencia y entusiasmo, que debían
naturalmente despertarse al ver a un pueblo demostrar tan claramente los más
delicados sentimientos que nuestro corazón abriga, tributando el homenaje de su
admiración a la memoria de un gran hombre’.
Con el anterior párrafo y otros, se guarda en la Real
Sociedad La Cosmológica una biografía, ya citada, titulada ‘Apuntes biográficos
de don Manuel Díaz’, en 1868, escrita por el indicado e insigne escritor.
Con la colocación de un monumento en la vida pública civil a
tan ilustre persona. Efigie en bronce y en la plaza de España, surgieron las
sentidas palabras de Antonio Rodríguez López:
‘He ahí ya el bronce eternizando su gloria.
Los sacerdotes cristianos pueden venir a inspirarse en su
escultura.
El bronce, si se le pregunta, palpita y responde.
Nosotros, creyentes, pasamos descubiertos admirando la
personalidad que el arte ha hecho trasmigrar al monumento.
Aquella personalidad convertida en estatua tiene un sé qué
de misteriosa:
Por boca de los antiguos oráculos creía el paganismo que
hablaban los dioses de la Mitología.
La estatua del levita católico parece repetir la sublime doctrina
de Cristo.
Es el Evangelio en bronce.
El oráculo eterno.
La ciudad de Santa Cruz de La Palma, levantando esa estatua,
tiene la suprema grandeza de una sagrada Pitonisa’.
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Rótulo del Cantor de Benahoare |
Y, así, no de otra manera, transcribimos la letra del
Diálogo entre el Castillo y la Nave, desde hace bastante tiempo hasta hoy, se
hace el domingo de cada Bajada de Nuestra Señora de Las Nieves, Entrada
Triunfal a la ciudad de Santa Cruz de La Palma, la imagen mariana con todos los
honores de Capitana, Reina y Madre de los palmeros residentes y ausentes en un
reencuentro inolvidable, que dice:
‘CASTILLO/Silencio… Silencio… Silencio…/El mar y el
viento/suspenda a mi voz/su eterno acento…/(pausa)/Velera Nave, que la
mar surcando/a este fuerte te vienes acercando./No prosigas tu rápido
camino/sin decirme tu nombre y tu destino./NAVE/Castillo altivo: detener
no quiera/mi rumbo hacia el Oriente tu voz fiera./A ella, mi marcha sin parar,
respondo:/Qué altos misterios en mi viaje esconde,/y que a mi bordo una
DONCELLA PURA/conduzco de simpática hermosura,/en cuyo corazón sacro y
divino/de la raza de Adán nació el destino./CASTILLO/No son palabras sin
sentido y vagas,/mi intimidación severa satisfagas./Tu nombre di, bajel
desconocido,/y por tu derrotero comprendido/o te hundiré en la mar junto a ese
cayo/de mis cañones el certero rayo./NAVE/Tu furia enfrena, y de tus
broncos rudos/conviértanse los rayos en saludos./Y porque el rumbo de mi viaje
amparas,/yo me llamo la Estrella de los Mares./Vengo de aquellos sacros
litorales/donde reinan las Nieves inmortales,/cuya helada región alumbra y
dora/nueva celeste boreal aurora./Traigo a mi bordo al puerto palmesano/un
tesoro sagrado y soberano./Traigo de Jericó la Pura Rosa,/de Palestina la
Azucena Hermosa;/traigo el Cedro en el Líbano arraigado/y el olivo pacífico y
sagrado./Traigo el Alto Ciprés, la Vid Pomposa/de la región de Engadi
deliciosa;/la oriental Perla, el arabesco aroma/y de Sión la Cándida
Paloma;/cuyo Tesoro el cielo me confía,/pues soy la sacra NAVE DE MARÍA./CASTILLO/¡Salve,
Nave Feliz!, surque tu quilla/el mar que baña la palmesana orilla,/y mensajera
de sin par ventura/el áncora en tus playas asegura…/Mientras mi pabellón rinde
homenaje/(bájese a medio palo la bandera)/a tu grandeza y deseado
viaje,/y el eco de mi fuerte artillería/hace salvas a la NAVE DE MARÍA’.
Este Diálogo es original del poeta romántico, estrenado,
según José Pérez Vidal (1907-1990), en 1885, sin embargo, existe otra fuente
documental, atestiguándonos, otra letra escrita por él, en 1880.
El excelentísimo ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma ha
perpetuado su memoria, denominando a una de sus calles, calle del Tanque, con
su nombre.
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