Insularidad, lejanía, escasez de recursos, estrecha
vinculación a los mercados internacionales, una economía maltrecha y que, en
las tres primeras décadas del XX, fue incapaz de producir las riquezas
necesarias para evitar el hambre en una gente, eminentemente agraria. Grupo
humano diezmado entre 1936 y 1945 por la movilización de sus hombres para
alimentar el monstruo de la guerra y que, posteriormente, generó más depresión
económica amén de persecuciones políticas.
Es la sombra persecutoria de buscar mejores metas, después
de unas salidas penosas en el área insular de Canarias. Un tránsito concebido
por habitantes oriundos de un terruño pequeño y limitado por barreras
naturales, obstáculos, difíciles de sortear, muchas veces insalvables, unas
veces forman parte de nuestra convivencia y otras veces debemos olvidar o
tratar de solventar con rapidez. Siempre manteniendo sus raíces muy
profundamente enterradas y arraigadas a su isla. Todo parece haber estado en
contra del palmero que, no obstante, encuentra la vía del cambio hacia una
sociedad moderna, que arranca en la década de los 40 y que, sin pausa, alcanza
nuestros días a pesar del freno que supuso la crisis económica mundial de
mediados de los 70.
Admitimos nuestra ansia de revivir la sociedad obsoleta y
mermada en recursos de primera fila, según las impresiones habidas en las
páginas históricas de saneamiento y de legajos sanitarios en pro de una
medicina con todos los medios suficientes y para todos, queriendo llevar al
lector desde la pobre y muy corta atención a la salud pública del XVI hasta los
momentos cruciales del progreso médico que nos permitieron, en la primera mitad
del siglo, gozar de los beneficios de la misma.
Durante el tiempo que las islas pasaron la caótica situación,
fue un auténtico calvario de crisis e incertidumbre, como la desaparición del
cultivo de la cochinilla; la duda ante el afianzamiento y resultados de los
nuevos cultivos de exportación del plátano y el tomate; la guerra de Cuba,
Filipinas y Puerto Rico y el estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914.
Nuestra isla, como en el resto del archipiélago, fue
sensible a esos tropiezos momentáneos que, luego, se transformaron en habituales
hábitos de la población. Necesarios resolver inmediatamente con las medidas a
nuestro alcance. Así tenemos un inminente ejemplo en el XIX, protagonizado por
Manuel Díaz Hernández (1744-1863), presbítero y beneficiado de la parroquia
matriz de El Salvador, Santa Cruz de La Palma, realizó en pro de la sanidad
social palmera:
Después de tantas vicisitudes nos hallamos al principio del
XX con una sociedad recelosa en sus relaciones con Tenerife como resultado del
complejo panorama de tensiones y conflictos por el poder regional. Durante los
treinta primeros años, el caciquismo dominante hizo de lo suyo y demostró
poseer poder en los conservadores de derecha. La economía palmera en ese
entonces no producía recursos suficientes para cubrir las necesidades de los
pacientes isleños.
A finales de los años 20 un grupo importante de comerciantes
y propietarios agrícolas destacados respaldaron la instauración del régimen
republicano. Puede hablarse de un proceso de consolidación sindical que
atraviesa los años 1932 y 1933 en el que asistiremos a un cambio favorable de
las condiciones de trabajo promovido por la Federación de Trabajadores.
El golpe de Estado de 1936 le concedió a la burguesía la
recuperación de los cargos públicos institucionales insulares. El predominio
del sector agrario era un hecho único, que constituyó una etapa de gran dureza
en el campo, causa de desesperación y desidia entre los residentes, donde
muchos hombres estaban movilizados, donde se pasaba hambre, no existía la
jubilación, se daba una baja de escolarización y numerosas labores marginales
eran ejecutadas por niños y mujeres.
‘La turista británica Miss Uri que visitó la isla en febrero
de 1904 se sorprendió del tremendo contraste entre las bellezas naturales,
afirmando incluso que no hay otro sitio tan sublime en el mundo, y la decepción
al entrar en la calle principal de la ciudad convertida en un basurero, calle mal
empedrada, sucia, llena de papeles e inmundicias’.
Debido al barranco de Dolores, nombre tomado del topónimo
del Hospital, que cruza la ciudad del poniente hasta el océano, hoy avenida de
El Puente, se daba la circunstancia de ser maloliente, situación impropia de
capital, habiéndose dado una mala fama a lo sucedido en su cauce, debajo del
puente de madera y otros lugares ocultos de los viandantes que pasaban y unían
las partes interrumpidas por tal accidente orográfico.
El considerar las circunstancias socioeconómicas de la isla,
a principios del XX, por todas las circunstancias adversas, o lo que es lo
mismo, se encontraba en una situación casi de estancamiento comercial,
originando un comportamiento distinto de crecimiento demográfico que mantiene,
todavía, altos índices de defunciones y salidas de emigrantes. Estas
limitaciones han puesto el freno en los efectivos más arriba referenciados.
Habiendo hallado el trabajo del profesor Miguel A. Martín
González, publicado en la Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma,
nº 1 pp. 557-566 (2005), interesante y rico en contenido, transcribo a
continuación muchos de sus datos entre comillas.
Hasta finales del XIX la política sanitaria se había
preocupado del gran peligro que acarreaba el contagio exterior, frente a las
epidemias. Poco a poco se fueron dotando de infraestructuras sanitarias a los
municipios.
“Calle O´Daly, 333 perros que vegetan diariamente en
la vía; 222 alfombras tendidas en ventanas y balcones; 5.555 niños en las
calles sin ir a las escuelas y 400.000 kilos de estiércol.
Calle Álvarez de Abreu, 444 cuernos de ganado vacuno
existentes en el matadero público y 100.000 kilos de estiércol.
Alameda, 666 gallinas que allí se crían y 200.000 kilos de estiércol.
Plaza de Mercado, inmunda pocilga.
Calle de La Marina, 100 estercoleros de mampostería y otros. 15.950 flores de camino y 600 charcos infectos.
Casas Consistoriales, una letrina inmunda.
Puente del medio, parece que se inicia la obra.
Barranco de Dolores, centro de desinfección que
divide la localidad en dos distritos, cuyos vecinos tienen en él un depósito
común.
Siguen algunas referencias más y culmina el artículo con el siguiente verso: En algunas casas que exhalan perfumes/se crían cochinos más gratos y finos/ y cerdos en otras que los de las flores…/ y en otras, gorrinos, que hay en los caminos”.
No olvidamos que la capital, Santa Cruz de La Palma, goza de
una climatología aceptable, llegando a alcanzar gran popularidad entre los
enfermos de tisis venidos de fuera, sobre todo, de Cuba.
1º) Limpieza del interior de las casas, habitaciones,
retretes y letrinas, desapareciendo corrales y depósitos de estiércol cercanos.
2º) Todos los vecinos harán barrer el frente y
alrededores de sus casas, sitios y huertas hasta el centro de la calle, por lo
menos una vez a la semana.
3º) Se prohíbe arrojar aguas sucias a las calles y
barrancos, sólo se permite arrojarlas al mar”.
En parte no se cumplieron las medidas tomadas, de muy poco
sirvieron, y el propio alcalde vuelve a promulgar otro edicto, 12 de octubre de
1903, para que en un plazo de 8 días sean retiradas del casco de la ciudad
todas las materias inflamables y explosivas, todas aquellas de relativa
peligrosidad.
“[…] pues, los depósitos de estas materias en el recinto de
la población, se halla prohibido expresamente por el artículo 31 del Bando de
policía urbana vigente. Ningún particular podrá tener en su casa más de media
libra de pólvora. Los mercaderes podrán tener en sus almacenes tan solo 1 libra
sin permiso de la autoridad pertinente, y con intervención de ésta hasta 5
libras” (Crónica Palmera, 14 de
octubre de 1903).
“Mientras tanto aumenta cada día el número de fiebres
infecciosas, difteria y otras enfermedades debidas no más que al
abandono o negligencia de nuestras autoridades” (M. Reyes. El Germinal. 15 de agosto de 1906).
“A raíz de este artículo, el alcalde accidental, Ezequiel
Pérez Rosa, mandó 10 peones a limpiar las calles de la población, empezando por
la calle Real. Se ordena recoger el pescado puesto a secar en la calle de La
Marina; se anuncia la construcción de letrinas provisionales en distintos
puntos de esta calle y, por último, se girará una visita de inspección
domiciliaria para disponer de información sobre las condiciones de aseo de las
viviendas”.
“El subdelegado de salud visitó de inspección, diciembre de
1907, los molinos más inmediatos a la ciudad, manifestando que el reglamento de
higiene le concedía facultades amplias para clausurar los molinos por sus
pésimas condiciones de salud. Es allí, precisamente en los molinos donde más
inmundicias reciben las aguas que bajan luego para el consumo ciudadano. Los
molineros no se preocupan en absoluto de mantener limpias las atarjeas; es más,
vierten todo tipo de basuras, descaman el pescado y lavan la ropa sucia”.
“A pesar de que la alcaldía ha estado con el problema
encima, no ha logrado resolverlo. A partir de 1908, se replantea con más fuerza
si cabe, la posibilidad de sustituir los pozos negros por un sistema de
alcantarillado; de este modo, se contribuiría a desterrar al endémico problema
de la limpieza y la higiene de la ciudad”.
En el XVII, si tenemos constancia de contagios. La viruela,
fallecieron 145 personas, la mayoría niños.
Durante el XVIII, según Juan Bautista Lorenzo, La Palma se
vio afectada por 6 epidemias:
La viruela, causó 185 muertes, mayormente niños.
La puntada o pulmonía, murieron 39 personas.
La catarral, fallecieron 635 personas, entre ellas
niños.
En el XIX, fiebres tifoideas, en el barrio de San
Telmo, viruela en Tazacorte, y, mucho más tarde, fiebre amarilla.
“La desaparición de la mortalidad catastrófica originada por
brutales epidemias como peste, viruela, tifus, fiebre
amarilla, cólera… se nota sustancialmente en la isla de La Palma”.
“En enero de 1902, el periódico El Grito del Pueblo en su
primer número, relata la preocupación que existe en Santa Cruz de La Palma, por
una epidemia de sarampión. Poco después, en octubre del mismo año, se
desatan fiebres tifoideas que afectaron a la población de Villa de
Mazo”.
“En El Heraldo, 17 de febrero de 1903, se denuncia la
aparición de dos casos de viruela en El Paso, algo grave que ocurre por
el completo abandono de la higiene en toda la isla, así como la enfermedad de crup,
muy habitual entre los niños, debido a una clara falta de higiene, es una
epidemia frecuente, a lo largo de todos estos años, que asola a la infancia,
sobre todo, de la ciudad capital”.
Teniendo en cuenta la precaria situación por falta de
higiene en Santa Cruz de La Palma, saltaron las alarmas en Canarias, suscitando
un plan especial para la isla de La Palma con la explícita responsabilidad de
sanear lo público y privado modificar, sustituir, anular y crear, haciendo un
cambio radical viable con proyección hacia un futuro halagüeño.
“Otras enfermedades comunes que se padecían en la isla de La
Palma son las fiebres gastrointestinales (hepatitis), resfriados,
bronquitis, neumonía, pleuresía, disentería (todo tipo
de diarreas), anginas, sarna, tifus, reuma, tétano,
gangrenas, erisipela, piemia, septicemia, oftalmías,
lepra, sífilis, cutáneas y viriasis”.
“La situación médica tampoco ayudaba mucho, según el
periódico Crónica Palmera, 3 de agosto de 1903, en Santa Cruz de La Palma,
había 6 médicos y 1 farmacéutico; en Los Llanos de Aridane, 1 médico y 1
farmacéutico; en Tazacorte, 1 médico y 1 farmacéutico; en El Paso, 1 médico y 1
farmacéutico; en Villa de Mazo, 1 médico y 1 farmacéutico y en San Andrés y
Sauces, 1 médico”.
“Tampoco se encontraban en buena situación los cementerios
en la isla, tanto en el de Los Llanos de Aridane como el de Santa Cruz de La
Palma, las quejas habituales se agolpaban en la prensa del momento al
corroborar que siempre están en obras, sucios y abandonados”.
En el nuevo milenio y siglo XXI en las sociedades la
medicina se ocupa principalmente de la lucha contra las enfermedades, no
obstante, se ha abierto paso el criterio de que la salud humana requiere que la
organización u organigrama social dedique atención a prevenir la enfermedad y
promover la salud.
El siglo actual será el que promueva la aplicación de las
ciencias sociales a la solución de los problemas de salud.
La salud es un aspecto entrelazado con todos los demás
aspectos de la vida, la vida cotidiana, la vida laboral, la vida familiar y la
vida comunitaria. La salud es vista como un recurso y un fenómeno total,
personal y específico de la situación.
La OMS (Organismo Mundial de la Salud), define salud como un
estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia
de afecciones o enfermedades.
En el XXI, la salud es una responsabilidad compartida, que
exige el acceso equitativo a la atención sanitaria y la defensa colectiva
frente a amenazas transnacionales.
El Organismo u organización, antes nombrado, trabaja en todo
el mundo para promover la salud, ampliar la cobertura sanitaria universal y
responder a las emergencias.
Fundado en 1948, es el organismo de las Naciones Unidas que
pone en contacto a naciones, asociaciones y personas a fin de promover la
salud, preservar la seguridad mundial y servir a las poblaciones vulnerables,
de modo que todo el mundo, allá donde esté, pueda alcanzar el más alto nivel
posible de salud.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también, conocidos como Objetivos Globales, fueron adoptados por las Naciones Unidas en 2015 como un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que para el 2030, todas las personas disfruten de paz y prosperidad.
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