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domingo, 22 de septiembre de 2024

HISTORIA DE LA SANIDAD SOCIAL EN LA PALMA

   Comienzo con la intención más contundente, como si fuera el fiel de una balanza marcando la medida exacta del peso de algo valioso y añorado, en la medicina social de lo acontecido en la isla de La Palma en centurias pasadas. Sin estar lejos de la pura realidad de ese entonces, tenemos en cuenta determinados factores que pueden marcar un antes y un futuro en la vida y carácter de los palmeros de aquí y de allá en un perímetro muy corto y en un entorno bastante delicado, sin hacer daño a la idiosincrasia de una pequeña población, pero grande de corazón henchido de emociones, transformadas en pensamientos exitosos, como un trofeo se refiere.

                              Insularidad, lejanía, escasez de recursos, estrecha vinculación a los mercados internacionales, una economía maltrecha y que, en las tres primeras décadas del XX, fue incapaz de producir las riquezas necesarias para evitar el hambre en una gente, eminentemente agraria. Grupo humano diezmado entre 1936 y 1945 por la movilización de sus hombres para alimentar el monstruo de la guerra y que, posteriormente, generó más depresión económica amén de persecuciones políticas.

    La emigración parece ser una nota constante en el hombre y la mujer palmera. La precariedad de las condiciones socioeconómicas en la isla, los lleva a Cuba, isla caribeña prometedora en el ofrecimiento de un sensacional horizonte de puertas abiertas. En el primer tercio del siglo y a partir de los años 40 a Venezuela y a las islas mayores del archipiélago para encontrar mejores oportunidades ocupacionales.

                              Es la sombra persecutoria de buscar mejores metas, después de unas salidas penosas en el área insular de Canarias. Un tránsito concebido por habitantes oriundos de un terruño pequeño y limitado por barreras naturales, obstáculos, difíciles de sortear, muchas veces insalvables, unas veces forman parte de nuestra convivencia y otras veces debemos olvidar o tratar de solventar con rapidez. Siempre manteniendo sus raíces muy profundamente enterradas y arraigadas a su isla. Todo parece haber estado en contra del palmero que, no obstante, encuentra la vía del cambio hacia una sociedad moderna, que arranca en la década de los 40 y que, sin pausa, alcanza nuestros días a pesar del freno que supuso la crisis económica mundial de mediados de los 70.

        A los tremendos avances de la Medicina en el siglo XX se le unen las iniciativas del Estado, con la llegada de la Seguridad Social (SS), viene a significar muchas cosas en nuestro país y en La Palma, no menos. A nivel insular nos llega el recuerdo de la clínica Camacho, fundada por la ingente capacidad del doctor Miguel Pérez Camacho (1882-1954), transformada en ambulatorio y centro de urgencias de primeras necesidades, y el hospital de Nuestra Señora de los Dolores, para surgir la presencia, en 1976, del flamante y nuevo hospital de Nuestra Señora de Las Nieves, ubicado en La Dehesa, y que hoy lo sustituye la Escuela de Enfermería de la Universidad de La Laguna (ULL), en Santa Cruz de La Palma. El trabajo a distancia y flexible supone en este sentido, un resquicio de esperanza y un reto con el Hospital General Universitario de La Palma, en Breña Alta.

                              Admitimos nuestra ansia de revivir la sociedad obsoleta y mermada en recursos de primera fila, según las impresiones habidas en las páginas históricas de saneamiento y de legajos sanitarios en pro de una medicina con todos los medios suficientes y para todos, queriendo llevar al lector desde la pobre y muy corta atención a la salud pública del XVI hasta los momentos cruciales del progreso médico que nos permitieron, en la primera mitad del siglo, gozar de los beneficios de la misma.

        No podemos seguir adelante, sin enunciar el panorama precario sin medios de actuación de los profesionales, titulados como tales, los galenos de ese entonces, recurriendo a remedios caseros y naturales, con la siguiente aprobación de todos los sabios y entendidos en este campo del remedio doméstico por bandas de suma eficacia y del origen de los curanderos, conocidos en distintos lugares, tribus, etnias, religiones… por brujos, a favor o en contra de lo relatado.

                              Durante el tiempo que las islas pasaron la caótica situación, fue un auténtico calvario de crisis e incertidumbre, como la desaparición del cultivo de la cochinilla; la duda ante el afianzamiento y resultados de los nuevos cultivos de exportación del plátano y el tomate; la guerra de Cuba, Filipinas y Puerto Rico y el estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914.

                              Nuestra isla, como en el resto del archipiélago, fue sensible a esos tropiezos momentáneos que, luego, se transformaron en habituales hábitos de la población. Necesarios resolver inmediatamente con las medidas a nuestro alcance. Así tenemos un inminente ejemplo en el XIX, protagonizado por Manuel Díaz Hernández (1744-1863), presbítero y beneficiado de la parroquia matriz de El Salvador, Santa Cruz de La Palma, realizó en pro de la sanidad social palmera:

            ‘En diciembre de 1822, manifestó ante el pleno del ayuntamiento la necesidad de trasladar el hospital al convento de las monjas claras, actual emplazamiento y que en dichas fechas iba a suprimirse por desamortización, orden del ministro Juan de Dios Álvarez Méndez (1790-1853), Mendizábal. Para tal motivo, alegó: “[…] ya que su calidad y constitución es de lo peor que puede haber […], pues dicha casa hospital está en el centro de esta ciudad, por un lado, linda con un barranco cuyas corrientes impetuosas han puesto en consternación a sus vecinos y, por otro, tiene cortada la acción de los vientos reinantes por elevación del terreno […]”. Dicho establecimiento o institución benéfico-sanitario, datándose su fundación en torno a 1514, es el primero en la isla, hoy es el Mercado Municipal, y su oratorio transformado en el Teatro Chico, han tenido varias modificaciones y restauraciones’.

                              Después de tantas vicisitudes nos hallamos al principio del XX con una sociedad recelosa en sus relaciones con Tenerife como resultado del complejo panorama de tensiones y conflictos por el poder regional. Durante los treinta primeros años, el caciquismo dominante hizo de lo suyo y demostró poseer poder en los conservadores de derecha. La economía palmera en ese entonces no producía recursos suficientes para cubrir las necesidades de los pacientes isleños.

                              A finales de los años 20 un grupo importante de comerciantes y propietarios agrícolas destacados respaldaron la instauración del régimen republicano. Puede hablarse de un proceso de consolidación sindical que atraviesa los años 1932 y 1933 en el que asistiremos a un cambio favorable de las condiciones de trabajo promovido por la Federación de Trabajadores.

                              El golpe de Estado de 1936 le concedió a la burguesía la recuperación de los cargos públicos institucionales insulares. El predominio del sector agrario era un hecho único, que constituyó una etapa de gran dureza en el campo, causa de desesperación y desidia entre los residentes, donde muchos hombres estaban movilizados, donde se pasaba hambre, no existía la jubilación, se daba una baja de escolarización y numerosas labores marginales eran ejecutadas por niños y mujeres.

            Después, en efecto, a partir de los años 60, la sociedad de consumo se empieza a notar, se constata un alza de las ventas a plazos o crédito de automóviles o coches de todas las marcas y origen, sobre todo, los nacionales como el SEAT-600 u otros, televisores, electrodomésticos… La edificación de viviendas en condiciones más confortables adaptadas a la convivencia familiar y para viajar con rapidez entre las islas, se construyeron nuevos, rápidos y modernos buques de pasajeros, ferris, demandados por la competencia y la evolución a nivel nacional e internacional. A partir de 1970, también, sobresale un incremento progresivo de las distintas modalidades de subsidios y pensiones. La mejora del nivel de vida, el plan de centros educativos, así como las convocatorias de becas del Estado originó un giro grande a nivel general.

                              ‘La turista británica Miss Uri que visitó la isla en febrero de 1904 se sorprendió del tremendo contraste entre las bellezas naturales, afirmando incluso que no hay otro sitio tan sublime en el mundo, y la decepción al entrar en la calle principal de la ciudad convertida en un basurero, calle mal empedrada, sucia, llena de papeles e inmundicias’.

                              Debido al barranco de Dolores, nombre tomado del topónimo del Hospital, que cruza la ciudad del poniente hasta el océano, hoy avenida de El Puente, se daba la circunstancia de ser maloliente, situación impropia de capital, habiéndose dado una mala fama a lo sucedido en su cauce, debajo del puente de madera y otros lugares ocultos de los viandantes que pasaban y unían las partes interrumpidas por tal accidente orográfico.

                              El considerar las circunstancias socioeconómicas de la isla, a principios del XX, por todas las circunstancias adversas, o lo que es lo mismo, se encontraba en una situación casi de estancamiento comercial, originando un comportamiento distinto de crecimiento demográfico que mantiene, todavía, altos índices de defunciones y salidas de emigrantes. Estas limitaciones han puesto el freno en los efectivos más arriba referenciados.

                              Habiendo hallado el trabajo del profesor Miguel A. Martín González, publicado en la Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, nº 1 pp. 557-566 (2005), interesante y rico en contenido, transcribo a continuación muchos de sus datos entre comillas.

                              Hasta finales del XIX la política sanitaria se había preocupado del gran peligro que acarreaba el contagio exterior, frente a las epidemias. Poco a poco se fueron dotando de infraestructuras sanitarias a los municipios.

        “Dos de las principales causas de las enfermedades son la pobreza y la falta de higiene; la mayoría de las clases trabajadoras no tenían acceso al consumo de carne, aumentando los casos de anemias y tuberculosis. En La Palma, al igual que el resto de las islas, tienen menor incidencia las enfermedades transmitidas por el aire y una mayor incidencia las enfermedades transmitidas por el agua o los alimentos. Entre las primeras hallamos la viruela, el sarampión, la escarlatina, la tos ferina, la difteria y el crup, la gripe, la tuberculosis pulmonar, la tuberculosis de meninges, diferentes tuberculosis, la meningitis simple, la bronquitis aguda, la bronquitis crónica, la neumonía, así como otras enfermedades del aparato respiratorio”.

          El periódico El Heraldo de La Palma, 31 de diciembre de 1901, pone a disposición del alcalde capitalino, Juan Bautista Lorenzo Rodríguez (1841-1908), un sarcástico y duro inventario urbano, digno de saber y leer con detenimiento, según la prensa de entonces, para realizar una reflexión de que tremenda deficiencia cargaba la sociedad palmera en todos los estamentos por debe y por haber, escaseando de medios, preocupaciones humanas, didácticas y de cuantos otros recursos necesarios, sean de la índole que sean, origen o naturaleza:

                              “Calle O´Daly, 333 perros que vegetan diariamente en la vía; 222 alfombras tendidas en ventanas y balcones; 5.555 niños en las calles sin ir a las escuelas y 400.000 kilos de estiércol.

                              Calle Álvarez de Abreu, 444 cuernos de ganado vacuno existentes en el matadero público y 100.000 kilos de estiércol.

                               Alameda, 666 gallinas que allí se crían y 200.000 kilos de estiércol.

                              Plaza de Mercado, inmunda pocilga.

                              Calle de La Marina, 100 estercoleros de mampostería y otros. 15.950 flores de camino y 600 charcos infectos.

                              Casas Consistoriales, una letrina inmunda.

                              Puente del medio, parece que se inicia la obra.

                              Barranco de Dolores, centro de desinfección que divide la localidad en dos distritos, cuyos vecinos tienen en él un depósito común.

                                                Siguen algunas referencias más y culmina el artículo con el siguiente verso: En algunas casas que exhalan perfumes/se crían cochinos más gratos y finos/ y cerdos en otras que los de las flores…/ y en otras, gorrinos, que hay en los caminos”.

                              No olvidamos que la capital, Santa Cruz de La Palma, goza de una climatología aceptable, llegando a alcanzar gran popularidad entre los enfermos de tisis venidos de fuera, sobre todo, de Cuba.

            “Publicado en el Germinal, 11 de abril de 1908, esta enfermedad se ha extendido mucho por la ciudad. Desde diciembre de 1901, se había constituido la Junta Local de Sanidad bajo la presidencia del alcalde, el nombrado Lorenzo Rodríguez, y los vocales que nombró el Gobernador Civil provincial. En este sentido se redactó un edicto, que publica el periódico El Grito del Pueblo, sobre el estado sanitario de la población mediante las siguientes prevenciones dadas, 3 de enero de 1902:

                              1º) Limpieza del interior de las casas, habitaciones, retretes y letrinas, desapareciendo corrales y depósitos de estiércol cercanos.

                              2º) Todos los vecinos harán barrer el frente y alrededores de sus casas, sitios y huertas hasta el centro de la calle, por lo menos una vez a la semana.

                              3º) Se prohíbe arrojar aguas sucias a las calles y barrancos, sólo se permite arrojarlas al mar”.

                              En parte no se cumplieron las medidas tomadas, de muy poco sirvieron, y el propio alcalde vuelve a promulgar otro edicto, 12 de octubre de 1903, para que en un plazo de 8 días sean retiradas del casco de la ciudad todas las materias inflamables y explosivas, todas aquellas de relativa peligrosidad.

                              “[…] pues, los depósitos de estas materias en el recinto de la población, se halla prohibido expresamente por el artículo 31 del Bando de policía urbana vigente. Ningún particular podrá tener en su casa más de media libra de pólvora. Los mercaderes podrán tener en sus almacenes tan solo 1 libra sin permiso de la autoridad pertinente, y con intervención de ésta hasta 5 libras” (Crónica Palmera, 14 de octubre de 1903).

      No dejaron de surgir numerosos comentarios sobre la salubridad social, que dejó de brillar por su ausencia en la capital palmera; no existe presupuesto oficial para la higiene. En enero de 1904, se dio un paso legislativo importante en el desarrollo de la regeneración sanitaria con la creación de la Instrucción General de Sanidad, que fue decepcionante su aplicación.

                              “Mientras tanto aumenta cada día el número de fiebres infecciosas, difteria y otras enfermedades debidas no más que al abandono o negligencia de nuestras autoridades” (M. Reyes. El Germinal. 15 de agosto de 1906).

                              “A raíz de este artículo, el alcalde accidental, Ezequiel Pérez Rosa, mandó 10 peones a limpiar las calles de la población, empezando por la calle Real. Se ordena recoger el pescado puesto a secar en la calle de La Marina; se anuncia la construcción de letrinas provisionales en distintos puntos de esta calle y, por último, se girará una visita de inspección domiciliaria para disponer de información sobre las condiciones de aseo de las viviendas”.

                              “El subdelegado de salud visitó de inspección, diciembre de 1907, los molinos más inmediatos a la ciudad, manifestando que el reglamento de higiene le concedía facultades amplias para clausurar los molinos por sus pésimas condiciones de salud. Es allí, precisamente en los molinos donde más inmundicias reciben las aguas que bajan luego para el consumo ciudadano. Los molineros no se preocupan en absoluto de mantener limpias las atarjeas; es más, vierten todo tipo de basuras, descaman el pescado y lavan la ropa sucia”.

                              “A pesar de que la alcaldía ha estado con el problema encima, no ha logrado resolverlo. A partir de 1908, se replantea con más fuerza si cabe, la posibilidad de sustituir los pozos negros por un sistema de alcantarillado; de este modo, se contribuiría a desterrar al endémico problema de la limpieza y la higiene de la ciudad”.

         Junto a la higiene, el otro elemento fundamental para medir el estado de una población son las epidemias que sacudían históricamente las ciudades y pueblos del mundo, causando verdaderos estragos. Durante el XVI no tenemos constancia de epidemias en La Palma debido, en parte, a las buenas condiciones higiénico-sanitarias, con controles efectivos de los buques que llegaban. En 1625 arribó un barco procedente de Inglaterra con peste bubónica y fue interceptado para que nadie desembarcara.

                              En el XVII, si tenemos constancia de contagios. La viruela, fallecieron 145 personas, la mayoría niños.

                              Durante el XVIII, según Juan Bautista Lorenzo, La Palma se vio afectada por 6 epidemias:

                              La viruela, causó 185 muertes, mayormente niños.

                              La puntada o pulmonía, murieron 39 personas.

                              La catarral, fallecieron 635 personas, entre ellas niños.

                             En el XIX, fiebres tifoideas, en el barrio de San Telmo, viruela en Tazacorte, y, mucho más tarde, fiebre amarilla.

                              “La desaparición de la mortalidad catastrófica originada por brutales epidemias como peste, viruela, tifus, fiebre amarilla, cólera… se nota sustancialmente en la isla de La Palma”.

 “Las enfermedades infectocontagiosas transmitidas por el aire, el agua y los alimentos comienzan a combatirse con las mejoras nutricionales, médicas e higiénicas. En este sentido, Santa Cruz de La Palma, toma una serie de medidas higiénico-sanitarias, aunque poco efectivas y eficaces por los malos hábitos de la población, pero sembraron las bases de futuras actuaciones en calidad de servicios y modernización”.

                              “En enero de 1902, el periódico El Grito del Pueblo en su primer número, relata la preocupación que existe en Santa Cruz de La Palma, por una epidemia de sarampión. Poco después, en octubre del mismo año, se desatan fiebres tifoideas que afectaron a la población de Villa de Mazo”.

                              “En El Heraldo, 17 de febrero de 1903, se denuncia la aparición de dos casos de viruela en El Paso, algo grave que ocurre por el completo abandono de la higiene en toda la isla, así como la enfermedad de crup, muy habitual entre los niños, debido a una clara falta de higiene, es una epidemia frecuente, a lo largo de todos estos años, que asola a la infancia, sobre todo, de la ciudad capital”.

          Seguimos haciendo alarde de la mejoría experimentada en la salud pública, durante años, su estancamiento conformó el campo de batalla por los equivocados hábitos adquiridos por una población desprotegida de cualquier estamento, como se dice vulgarmente, dada a la buena de Dios, sin protección y con empeoramiento por falta de recursos. No se tardó, por supuesto, para el bien sanitario organizar una forma de actuación eficaz de hacerlo con una programación de conferencias populares por un personal idóneo y competente en la materia.

                              Teniendo en cuenta la precaria situación por falta de higiene en Santa Cruz de La Palma, saltaron las alarmas en Canarias, suscitando un plan especial para la isla de La Palma con la explícita responsabilidad de sanear lo público y privado modificar, sustituir, anular y crear, haciendo un cambio radical viable con proyección hacia un futuro halagüeño.

                              “Otras enfermedades comunes que se padecían en la isla de La Palma son las fiebres gastrointestinales (hepatitis), resfriados, bronquitis, neumonía, pleuresía, disentería (todo tipo de diarreas), anginas, sarna, tifus, reuma, tétano, gangrenas, erisipela, piemia, septicemia, oftalmías, lepra, sífilis, cutáneas y viriasis”.

                              “La situación médica tampoco ayudaba mucho, según el periódico Crónica Palmera, 3 de agosto de 1903, en Santa Cruz de La Palma, había 6 médicos y 1 farmacéutico; en Los Llanos de Aridane, 1 médico y 1 farmacéutico; en Tazacorte, 1 médico y 1 farmacéutico; en El Paso, 1 médico y 1 farmacéutico; en Villa de Mazo, 1 médico y 1 farmacéutico y en San Andrés y Sauces, 1 médico”.

         El único hospital que había en la isla estaba en la ciudad, como se denominaba la capital, atendiendo a los que necesitaban ayuda sin apenas contar con subvenciones nacionales, ni provinciales, que llegaban en pequeñas cantidades y a destiempo, subsistía, sobre todo, con las ayudas municipales. La polémica es patente y constante en los medios de comunicación escritos.

                              “Tampoco se encontraban en buena situación los cementerios en la isla, tanto en el de Los Llanos de Aridane como el de Santa Cruz de La Palma, las quejas habituales se agolpaban en la prensa del momento al corroborar que siempre están en obras, sucios y abandonados”.

                              En el nuevo milenio y siglo XXI en las sociedades la medicina se ocupa principalmente de la lucha contra las enfermedades, no obstante, se ha abierto paso el criterio de que la salud humana requiere que la organización u organigrama social dedique atención a prevenir la enfermedad y promover la salud.

                              El siglo actual será el que promueva la aplicación de las ciencias sociales a la solución de los problemas de salud.

                              La salud es un aspecto entrelazado con todos los demás aspectos de la vida, la vida cotidiana, la vida laboral, la vida familiar y la vida comunitaria. La salud es vista como un recurso y un fenómeno total, personal y específico de la situación.

         Las prácticas en el cuidado de la salud de la centuria vigente se insertan en un contexto más amplio donde los cambios sociales y tecnológicos han supuesto una revolución en cuanto a la democratización del conocimiento, la información y desinformación públicas y la creciente reivindicación de la ciudadanía lega de participar en la producción de ese conocimiento e innovación como resultado inminente y único de un bien social.

                              La OMS (Organismo Mundial de la Salud), define salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

                              En el XXI, la salud es una responsabilidad compartida, que exige el acceso equitativo a la atención sanitaria y la defensa colectiva frente a amenazas transnacionales.

                              El Organismo u organización, antes nombrado, trabaja en todo el mundo para promover la salud, ampliar la cobertura sanitaria universal y responder a las emergencias.

                              Fundado en 1948, es el organismo de las Naciones Unidas que pone en contacto a naciones, asociaciones y personas a fin de promover la salud, preservar la seguridad mundial y servir a las poblaciones vulnerables, de modo que todo el mundo, allá donde esté, pueda alcanzar el más alto nivel posible de salud.

                              Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también, conocidos como Objetivos Globales, fueron adoptados por las Naciones Unidas en 2015 como un llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que para el 2030, todas las personas disfruten de paz y prosperidad.

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