Es todo un ejemplo
de fervor y tradición el acontecimiento que dio origen al nombre de la
Isla. El municipio de Tazacorte, que se
constituyó independiente como tal en 1925, siendo el penúltimo más joven de
Canarias, aunque solicitado desde 1898, lleva consigo el blasón de la conquista
y la elección de la primera construcción religiosa en honor del Arcángel San
Miguel, llegando a ser parroquia en 1922. Merece ser visitado y contemplar las
bellas mansiones que, aún, se conservan con un pasado memorable en los archivos
históricos del mismo. Conjuntamente con otras edificaciones han afrontado el
paso del tiempo con características de la arquitectura insular. En la villa se
conjuga lo antiguo con lo contemporáneo, el progreso con la modernidad, el
pasado insustituible con el presente lleno de encanto y solemnidad… abriendo la
ventana al mar, que le trajo desconocidos flujos de civilización con nuevo
horizonte de economía y bienestar colectivo y familiar. En él se extiende un
único camino como si fueran los brazos abiertos del lugareño, que por un
extremo te reciben con el carisma natural del terruño y por el otro te despide
con el afán vanguardista de mejorar las comunicaciones con los demás.
Los Reyes Católicos por su
real cédula expedida en Burgos, 15 de noviembre de 1496, dieron poder al
Adelantado para repartir entre los conquistadores y pobladores las tierras,
montes y aguas. En virtud de esa facultad otorgada por sus Altezas, don Alonso
Luis Fernández de Lugo, fallecido el 20 de mayo de 1525 en la ciudad de La Laguna, dio a su sobrino
Juan Fernández de Lugo Señorino, Teniente Gobernador de La Palma, que le acompañó en la
contienda, el valle de Tazacorte, que había empezado a cultivar y tenía un
ingenio para azúcar, casas… con toda su extensión territorial y acuíferos desde
la Caldera de
Taburiente hasta el puerto, según escritura otorgada el 8 de julio de 1502 ante
el escribano público Fernández de Gálvez.
El prehispánico, anterior a la
conquista, se hallaba en plena cultura neolítica. Desconocía los metales, se
cubría con pieles y collares, utilizaba lanzas de madera y vivía en cuevas o
cabañas cubiertas de ramas. Esta descripción de los guanches aparece en varias
publicaciones como resumen de los años anteriores a la llegada de los españoles
(castellanos).
El 29 de
septiembre de 1492 dos navíos y una fragata de transporte al mando del
mencionado capitán arriban a las costas occidentales. Componen la expedición
novecientos soldados entre canarios y europeos, cuando la Iglesia celebraba la
festividad reseñada.
El rey Tazo
sucumbe en la defensa de su reino y Fray Gaspar Frutuoso (1522-1591) escribe:
“Ganado este lugar de Tazacorte llamado antes corte del rey Tazo, ya sea por el
nombre del rey ya por hechura del lugar, o ambas cosas, los españoles le dieron
el nombre que tiene”.
Entre otras cosas
destacamos el lazo, que ata lo acontecido en la pauta del tiempo y el futuro
prometedor en enriquecer un bagaje histórico y transmitido de una a otra
generación. El templo mayor y la ermita de Nuestra Señora de las Angustias se
hallan íntimamente relacionados con los Mártires, ya que aquí celebraron la
eucaristía en vísperas de su martirio a manos de los hugonotes.
La agricultura es
la esencialidad del sostenimiento, que ha sido así desde sus inicios por su
gran feracidad. Carlos I concedió estas tierras a sus banqueros alemanes, los
Welser, como pago de sus deudas. La caña de azúcar fue su primer cultivo, a
pesar de su decadencia se conservó hasta el XIX dando paso a las plataneras. La
pesca es la otra actividad que por su peculiar capacidad amarra una importante
flota de barcos, que con sus jarcias, trinquetes y artes artesanales afrontan
una fundamental gastronomía a la sombra del acantilado sobre la marina
variopinta en constante incremento.
Coincidiendo con
la fiesta de septiembre y con el sabor del tipismo y la variedad de actos
cívicos y religiosos se disfruta del arraigado espectáculo de los “Caballos
Fufos”, que se elaboran de cañas y papeles de colores. Son portados por unos
jinetes que bailan a los acordes de divertidos pasacalles al ritmo de la banda
de música. Fueron una prodigiosa invención de un emigrante, oriundo del pueblo,
que retornó de la isla antillana de Cuba en los años veinte del siglo XX.
Supone una original manifestación folclórica en la que una veintena de equinos
se dejan conducir por una jirafa.
No podemos
finalizar sin señalar que en donde existe una producción determinante no haya
influencia en la cocina local, porque en su recetario culinario ocupan un lugar
excelente “los polines”, plátanos verdes sancochados con su cáscara, que se
comen de acompañamiento y bañados con mojo. En el ámbito casero se destila los
licores como el de café y la mistela.
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