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Vista parcial de Tazacorte. Isla de La Palma. Canarias |
La mar rompía con sus olas la tranquilidad del inicio del
viaje que presagiaba un encuentro fatídico con el agresor, que los acechaba no
se sabía dónde.
- ¿Adónde vas Ignacio con tanta prisa?
- A comunicarme con los muchachos y alentarlos en el amor de
Dios…
Las horas transcurrían lentamente, mientras el casco del
galeón por el mascarón de proa cortaba el agua oceánica con la pequeñez de su
envergadura.
¿De qué le servían ahora su fe, si la débil carne temblaba y
henchidos sus corazones por el dolor y la impotencia contenida? Cuando de
pronto aparecía allá, en el horizonte, la silueta de un navío enemigo…
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Representación pictórica |
Azevedo con gallarda valentía corrió de un extremo a otro de
la embarcación hacia el grupo y se abrazó a ellos. Los bendijo con el silencio
del sufrimiento y el designio cruel, frente a la fragilidad humana…
- Padre, gritaba otro de los acompañantes, tenemos miedo…
¿qué hacemos? Volvió a inquirir con una voz ya más lastimera.
No podían comprender que sus vidas acabaran tan bruscamente.
No, no querían ver como se perdía todo aquello, seguir su rumbo a tierras
brasileñas, bajo el rugir de la espuma.
Ignacio de Azevedo |
Todo estaba ya perdido, cuando quedaba rezar ante la imagen
de la Virgen, que celosamente llevaba con él, Ignacio de Azevedo, y que con
prontitud sacó de sus pertenencias. La elevó hasta donde alcanzó sus brazos en
alto… y dónde ya se encontraban varios ensimismados en esa labor postrera.
En ese momento, simplemente, daban gracias al Altísimo,
porque sabían que ya no había nada que temer. Cuentan los historiadores que uno
tras otro morían con una paz celestial, perdonando a su verdugo. El Ángel
Exterminador, así, cumplió su misión en la tierra, queriendo acabar con las
ilusiones de unos jóvenes, truncadas vilmente por el odio e intereses de países
extranjeros.
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Cruces en homenaje |
En ocasiones, lo terrible del crimen es de tal magnitud que
difícilmente puede asumirlo en plenitud quien, felizmente, es ajeno a lo
maligno que puede llegar a ser un ser humano. Seguramente lo más aconsejable es
no realizar el esfuerzo de imaginar lo que pasó el 15 de julio de 1570, hace
447 años, frente a la costa palmera de la punta de Fuencaliente, cuando los
esbirros del corsario Jacques de Sores, al servicio de los hugonotes,
interceptaron la nao en que viajaban los jesuitas. Todos fueron acuchillados en
una masacre, que se recuerda como los Mártires de Tazacorte o de Brasil. Los
hechos sorprendieron en el siglo XVI y siguen haciéndolo, inmortalizados en
pinturas u otros medios.
No tuvo que pasar mucho más de media centuria para que el
papa Gregorio XV ya diera, en 1623, tratamiento de mártires y beatificados por
Pío IX, el 11 de mayo de 1854. En 1999, el Cabildo de La Palma les hizo un
homenaje, sumergiendo 40 cruces de hormigón en el fondo del Atlántico en el
lugar del martirio y, en 2014, se levantó una cruz de piedra de unos 4 metros
de altura en medio de una pequeña plaza, al lado del faro en memoria de
las víctimas.
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