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Monseñor Elías Yanes |
Mis humildes palabras, que pienso plasmar con la mejor
sencillez, sirva de gran satisfacción al reconocer los méritos de Elías Yanes
Álvarez (1928-2018). Al final, alcanzó la plenitud de un cansino peregrinar, en
búsqueda de la Verdad y querer mostrarnos que la Justicia Divina está por
encima de cualquier ideal, tanto social como político, para sembrar el bien a
los más vulnerables en situaciones muy difíciles, donde la Iglesia se encuentra
implicada por exigencias y presiones con directrices de cambios.
Muere el arzobispo en la más absoluta paz, ocasionada por su
dilatado servicio. Con él se cierra un capítulo de la historia palmera, canaria
y universal del orbe eclesiástico: “Por el eterno descanso de don Elías y damos
gracias a Dios por este paisano nuestro que tanto bien hizo durante su vida” (obispo Nivariense).
Una vida de entrega adornó una personalidad consolidada en el
ejercicio del deber. Con pasos firmes supo alcanzar altas cuotas y de un
elevadísimo nivel a cualquier precio, debido a su celo apostólico, obediencia y
recio carácter con los demás. Semblante alegre y jovial con todos aquellos que
necesitaran de su ayuda incondicional.
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Visita a su Isla natal |
En este tiempo de prisas en el que el mundo gira, según los
dictados del reloj, resulta grato dedicar este espacio a recordar, vitalizar la
memoria, lecturas del pasado y a la reflexión. En un lugar de la bendita Isla
de San Miguel de La Palma, del que sí quiero acordarme, la sin par e
inigualable Villa de Mazo, no ha mucho que vivió un hidalgo, que se inventaba
pasiones para ejercitarse: su virtud andariega de todos conocidas y que le ha
hecho descubrir palmo a palmo los variados enclaves de su hermoso terruño.
Desde los remotos años de una juventud, que se evaporó entre
dos monarquías, con el intervalo de una breve república, una sangrienta guerra
civil y una prolongada dictadura, aquel joven se desenvolvió bien en lo que le
llamara la atención o despertara su juvenil curiosidad. Nunca me olvido del
cura Yanes predicando por la Semana Santa asomado al balcón de la parroquia
Matriz de El Salvador. Con buena oratoria cautivaba los corazones de los
fieles, que acompañaban los pasos procesionales.
Acabo por lo que pudo ser el principio, según mi opinión,
pero lo he hecho a propósito para entender que no hay comienzo ni fin para un
hombre excelente en todos los aspectos esenciales del ser, sino una continuidad
que conduce a la casa del Padre, alfa y omega, signos enigmáticos y
determinantes en la fe.
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