Las rebajas de enero de 2026, es normal como cualquier otra
en las estaciones del año, primavera-verano u otoño-invierno, después de un
tiempo tan ajetreado de Navidad. Entonces, procedemos a la famosa cuesta de
enero, que se prolonga más allá de lo previsto y habitual, cubriendo los vacíos
que se puedan producir durante el año. La táctica se convierte en un ciclo
evolutivo en el mundo comercial y hasta una cotidiana rutina familiar en todos
y en cada uno de los miembros por ahorrar un poco y no sentir el agobio y
desánimo. El primer mes del año está cargado de buenos propósitos, pero también
se hace cuesta arriba para muchos bolsillos por la mala digestión de las
comilonas festivas y los excesos consumistas que se hacen al calor del espíritu
navideño.
La lógica se enfrenta con el tiempo transcurrido, pausado y
preciso por las circunstancias habidas, que congelaba el ingreso adquirido en
una temporada marcada en el calendario a celebrar por todo lo alto, agregándose
los cambios de temporadas, la costumbre fue asumida por decreto e impuesta con
criterios, marcando fechas y otros límites, cambio de celebraciones a otras
fechas, como el Día de la Madre, del 8 de diciembre al primer domingo de mayo,
que funcionaban de forma regulatoria de la que nos ha costado mucho liberarnos.
No podemos pasar por alto el ‘regateo’, ya que detrás de
esto hubo una estrategia comercial, sólo una economía de subsistencia y la
búsqueda del equilibrio de mercado en cada precio de manera individualizada en
la que de hecho el precio se formaba en el mismo momento que se cerraba el
trato. Hace bastantes años se dio la parafernalia en Canarias con los hindúes,
que solían ofrecerle un artículo al primer cliente del día como quisiera,
usando este medio para hacer uso del augurio de la buena suerte de la jornada.
Alargando el comentario siempre había un ajuste constante
que permitía un estado de cuenta para igualar los precios ofertados con la
realidad vigente. El vendedor decidía si prefería vender más barato o no
vender. Era un resolver inmediatamente la papeleta y dar un paso hacia delante.
Entonces, el comprador estudiaba el nuevo precio propuesto por el otro, si le
convenía lo aceptaba o sí no cerraban el trato. Lo anterior se parecía a las
rebajas o se trataba de una modalidad nueva, pero no lo fue hasta la revolución
industrial, en la que los precios únicos para todos demostraron ser más
eficaces en una economía de consumo basada en una producción en masa. Hoy,
todavía se negocia así cuando el valor es muy elevado y se considera una compra
única, como en el caso de los inmuebles o las obras de arte.
En las compra-ventas de segunda mano, mercadillos y rastros,
los valores, se sigue ajustando frecuentemente en función de un acuerdo
individual entre ambas partes y no es así actualmente.
De pronto como si fuera un sueño apareció la gran depresión
económica mercantil, tras el crack acaecido en las grandes ciudades, en renombrados
almacenes y comercios de Nueva York, que amontonaban cantidades de abrigos,
vestidos y electrodomésticos que no hubieran salido en temporadas anteriores y,
con el fin de no someterse a una severa crisis, rebajaban los precios hasta un
70%, logrando una liquidación total, dicha idea se extendió por todo el mundo
anglosajón.
Hacemos memoria de lo acontecido en España, aunque algo
tarde, con dos primos, Pepín Fernández y César Rodríguez, emigrados a la isla
caribeña de Cuba, concretamente en la ciudad de La Habana, de donde importaron
lo aprendido y fundaron Galerías Preciados y El Corte Inglés. Recuerdo
perfectamente aquellas campañas masivas lanzadas a muchísimas generaciones de
españoles por todo el país, una vez finalizada la guerra civil española: ‘Venta
de saldos y restos de serie’, imponiéndose como un reclamo social. Hasta
nuestros días, solamente, ha llegado la segunda (El Corte Inglés).
Así enero quedó marcado como el principal mes del descuento,
por lo que la mayoría de las personas prefieren hacer los regalos de más
cuantía para después de Reyes.
Cuando algo funciona de manera determinada los burócratas
hacen acto de presencia para obtener beneficios. En 1939, una orden ministerial
exigió autorización administrativa para cualquier liquidación fuera de los
periodos habituales, llegando en los años 60 y 70 de la centuria pasada.
‘La llamada liberalización de las rebajas se presentó como
una modernización del sector. En cierta medida lo fue, pero conviene no olvidar
la paradoja: no se creó nada nuevo, sino se devolvió al comercio una libertad
que la planificación le había sustraído’.
‘El precio fijo como una reliquia cultural se mantiene en
muchos casos para compararlo con el valor añadido en oferta y de la naciente
adquisición por parte del comprador. En el caso de las librerías, cualquiera
diría que se priorizan los intereses creados de algunos libreros frente al
fomento de la lectura’.
La historia de las rebajas es modesta, sin grandes
discursos, ni teorías complejas. Son sólo comerciantes intentando sobrevivir, consumidores
buscando el mejor precio y el mercado haciendo su labor.
FUENTES
CONSULTADAS:
- La Gaveta Económica. Nº 120. Año XI. Enero 2026, pp.
61, 62 y 63. Miquel Rosselló.
- Otros Archivos personales. Santa Cruz de La Palma. 2026.
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