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domingo, 8 de febrero de 2026

LAS REBAJAS

      Queramos o no estamos sumergidos en una sociedad de consumo al cien por cien y eso no nos es nada nuevo en nuestros días. La intervención de intereses seleccionados y artífices de lo que a continuación vamos a comentar con todos los contenidos posibles, indudablemente, nos platean situaciones y motivaciones diferentes. Sin aún finalizar las fiestas navideñas estamos pensando en el tiempo de rebajas, aunque la economía familiar se tambalee un poco o mucho, no importa, seguimos y seguimos sin miedo, por nuestra parte como consumidor, pensamos en eso y hacemos nuestros planes como si fuera una regla de tres y, no obstante, los comerciantes por otro lado actúan con suma precaución y aseguran lo más que puedan prolongar la venta de artículos sobrantes de la campaña anterior.

                              Las rebajas de enero de 2026, es normal como cualquier otra en las estaciones del año, primavera-verano u otoño-invierno, después de un tiempo tan ajetreado de Navidad. Entonces, procedemos a la famosa cuesta de enero, que se prolonga más allá de lo previsto y habitual, cubriendo los vacíos que se puedan producir durante el año. La táctica se convierte en un ciclo evolutivo en el mundo comercial y hasta una cotidiana rutina familiar en todos y en cada uno de los miembros por ahorrar un poco y no sentir el agobio y desánimo. El primer mes del año está cargado de buenos propósitos, pero también se hace cuesta arriba para muchos bolsillos por la mala digestión de las comilonas festivas y los excesos consumistas que se hacen al calor del espíritu navideño.

        Las tradicionales rebajas por todos conocidas como las de después de Reyes no sólo ayudan a hacer más llevadera esta situación condicionada, sino que surgieron espontáneamente como una solución de los comerciantes a un desequilibrio entre oferta y demanda del mercado.

                              La lógica se enfrenta con el tiempo transcurrido, pausado y preciso por las circunstancias habidas, que congelaba el ingreso adquirido en una temporada marcada en el calendario a celebrar por todo lo alto, agregándose los cambios de temporadas, la costumbre fue asumida por decreto e impuesta con criterios, marcando fechas y otros límites, cambio de celebraciones a otras fechas, como el Día de la Madre, del 8 de diciembre al primer domingo de mayo, que funcionaban de forma regulatoria de la que nos ha costado mucho liberarnos.

      Haciendo un poco de memoria y jugando con los tiempos programados o no, cuando las rebajas fueron el día a día durante siglos no existía el concepto explícito y recomendado de ‘temporada de rebajas’. Hubo otra forma de organizarlo, se llame como se llame, y así recurrían las jornadas, aunque hubiese crisis. En las ‘ventas’ los precios se ajustaban con naturalidad, se vendían a crédito y al mes siguiente se saldaba la deuda o compra de artículos de primera necesidad. Si un producto no se vendía, entonces, bajaba de precio. Si el stock se acumulaba el comerciante o, simplemente, el ventero reducía el margen de compra-venta. Si la demanda desaparecía, el valor caía lo suficiente de cuantía.

                              No podemos pasar por alto el ‘regateo’, ya que detrás de esto hubo una estrategia comercial, sólo una economía de subsistencia y la búsqueda del equilibrio de mercado en cada precio de manera individualizada en la que de hecho el precio se formaba en el mismo momento que se cerraba el trato. Hace bastantes años se dio la parafernalia en Canarias con los hindúes, que solían ofrecerle un artículo al primer cliente del día como quisiera, usando este medio para hacer uso del augurio de la buena suerte de la jornada.

                              Alargando el comentario siempre había un ajuste constante que permitía un estado de cuenta para igualar los precios ofertados con la realidad vigente. El vendedor decidía si prefería vender más barato o no vender. Era un resolver inmediatamente la papeleta y dar un paso hacia delante. Entonces, el comprador estudiaba el nuevo precio propuesto por el otro, si le convenía lo aceptaba o sí no cerraban el trato. Lo anterior se parecía a las rebajas o se trataba de una modalidad nueva, pero no lo fue hasta la revolución industrial, en la que los precios únicos para todos demostraron ser más eficaces en una economía de consumo basada en una producción en masa. Hoy, todavía se negocia así cuando el valor es muy elevado y se considera una compra única, como en el caso de los inmuebles o las obras de arte.

                              En las compra-ventas de segunda mano, mercadillos y rastros, los valores, se sigue ajustando frecuentemente en función de un acuerdo individual entre ambas partes y no es así actualmente.

     El origen novedoso de las rebajas en campañas organizadas, porcentajes llamativos, expuestos con grandes carteles en los escaparates son atractivos… procede del siglo XIX y se aplicaba con criterio y racionalidad para toda clase de público. En 1855, se abrió el primer gran almacén en marcar los precios fijos en las etiquetas permitiendo la entrada libre, creando así las primeras rebajas de enero.

                              De pronto como si fuera un sueño apareció la gran depresión económica mercantil, tras el crack acaecido en las grandes ciudades, en renombrados almacenes y comercios de Nueva York, que amontonaban cantidades de abrigos, vestidos y electrodomésticos que no hubieran salido en temporadas anteriores y, con el fin de no someterse a una severa crisis, rebajaban los precios hasta un 70%, logrando una liquidación total, dicha idea se extendió por todo el mundo anglosajón.

                              Hacemos memoria de lo acontecido en España, aunque algo tarde, con dos primos, Pepín Fernández y César Rodríguez, emigrados a la isla caribeña de Cuba, concretamente en la ciudad de La Habana, de donde importaron lo aprendido y fundaron Galerías Preciados y El Corte Inglés. Recuerdo perfectamente aquellas campañas masivas lanzadas a muchísimas generaciones de españoles por todo el país, una vez finalizada la guerra civil española: ‘Venta de saldos y restos de serie’, imponiéndose como un reclamo social. Hasta nuestros días, solamente, ha llegado la segunda (El Corte Inglés).

                              Así enero quedó marcado como el principal mes del descuento, por lo que la mayoría de las personas prefieren hacer los regalos de más cuantía para después de Reyes.

                              Cuando algo funciona de manera determinada los burócratas hacen acto de presencia para obtener beneficios. En 1939, una orden ministerial exigió autorización administrativa para cualquier liquidación fuera de los periodos habituales, llegando en los años 60 y 70 de la centuria pasada.

     En 1964, se fijaron por primera vez las fechas oficiales: ‘Del 1 de enero al 28 o 29 de febrero para invierno y del 1 de julio al 31 de agosto para verano’. Luego, en los años 90 del XX la normativa cambió, para aliviar la salida de la mitad del stock con una campaña de entre una semana y dos meses como máximo. La diferencia de los grandes almacenes y el pequeño comercio era muy cruel, una competencia desigual. Los años se sometieron a la presión y buenas intenciones de unos y de otros, empresarios y consumidores nacionales, poniendo a relucir la transparencia y comunicación de ofertas.

                              ‘La llamada liberalización de las rebajas se presentó como una modernización del sector. En cierta medida lo fue, pero conviene no olvidar la paradoja: no se creó nada nuevo, sino se devolvió al comercio una libertad que la planificación le había sustraído’.

                              ‘El precio fijo como una reliquia cultural se mantiene en muchos casos para compararlo con el valor añadido en oferta y de la naciente adquisición por parte del comprador. En el caso de las librerías, cualquiera diría que se priorizan los intereses creados de algunos libreros frente al fomento de la lectura’.

          ‘En esta liberalización y la irrupción del comercio electrónico, el viejo esquema de rebajas fijas comenzó a desmoronarse. Aparecieron otras estrategias que pueden adaptarse en función del tipo de bienes, consumidores y comercios. Las plataformas de venta online han llevado esta lógica al extremo insospechado a través de la fidelización, las promociones personalizadas y la rotación más eficiente de inventario’.

                             La historia de las rebajas es modesta, sin grandes discursos, ni teorías complejas. Son sólo comerciantes intentando sobrevivir, consumidores buscando el mejor precio y el mercado haciendo su labor.

 

     FUENTES CONSULTADAS:

- La Gaveta Económica. Nº 120. Año XI. Enero 2026, pp. 61, 62 y 63. Miquel Rosselló.

- Otros Archivos personales. Santa Cruz de La Palma. 2026.

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