La silueta inolvidable del vapor La Palma de 1912 |
Merecidamente el correíllo La Palma se convertirá muy pronto,
sino hay contratiempo, en barco que obtenga la certificación de buque
histórico, siendo el primero de España. Puede ser una realidad, que ya es
necesaria y demandada con el latir insistente del corazón de miles y miles de
canarios, amantes de un pasado vivido por generaciones de hombres y mujeres,
que contribuyeron al engrandecimiento en la comunicación entre los principales
puertos marítimos de las islas.
Hace muy poco tiempo apareció dicha noticia en la prensa
escrita provincial con el titular: “La Marina Mercante se compromete a
desarrollar, mediante un real decreto, la Ley de Navegación de 2014, en la que
se establece la creación de un registro con los barcos que se consideren con
tales características en el tiempo, para los que habrán un régimen de
certificaciones especiales”. Permite así ser reconocido como patrimonio en su
categoría y el proyecto cultural más importante del país, enriqueciendo un
bagaje inexorable, ya que la Fundación Correíllo La Palma es la única
institución que tiene en marcha uno de rehabilitación patrimonial, con el
objeto de salvarlo del desguace se funda en 1996, formada por la Asociación
Canaria de Capitanes de la Marina Mercante, siendo su primera actuación traer
el equipo de restauradores The Marítime Trust, que dieron su visto bueno en la
posible puesta a funcionar.
Estampa cotidiana e histórica |
Este vapor de 1912, contemporáneo al Titanic, es el que queda
de los seis construidos de ese tipo en los astilleros W. Harkess & Son Ltd.
En Middlesbrough (Inglaterra) con el número de construcción 192 y que fue
entregado a la Compañía de Vapores Correos Interinsulares, que por último
perteneció a la Trasmediterránea. Desplazaba 894 toneladas de registro bruto y
era impulsado por una máquina alternativa de vapor de triple expansión que le
permitía navegar a una velocidad de 11 nudos. Podía llevar hasta 196 pasajeros
en primera, segunda y tercera clase con una tripulación de cincuenta personas,
compuesta de oficiales y marinería.
Los ejemplos consiguientes son partes de la historia de
nuestro pueblo y muestran cómo eran las construcciones navales de la época, de
principios del siglo XX, y de una forma de vida, diferente a la actual con
cambios y altibajos muy severos a las causas presentes. La recuperación del
vapor con su silueta tan singular, que numerosas veces nos llenó de esperanza y
nos sirvió de un medio de ocio en momentos puntuales como su llegada y partida,
así como la estampa con su estela de humo elevándose a la altura desde la alta
chimenea con los signos de la naviera, que lo financiaba como correo
interinsular en el archipiélago canario, constituye lo esencial, diría yo la
página dorada, del testimonio transmitido en compañía del orgullo de Canarias,
impulsando nuestro desarrollo.
Chimenea y accesorios |
El interés del legado de los antecesores no es nostalgia,
sino la apuesta más empecinada del ser humano de demostrar que las distancias
entre las personas, ciudades, civilizaciones y pensamientos no existen y que el
reencuentro es perfectamente posible. Esta es precisamente la idea de construir
un puente entre lo anterior y lo de ahora, entre los acontecimientos de un
pretérito no lejano, espectacular y sugerente en sentido inverso. El recuerdo y
el reconocimiento a las gentes anónimas de la mar, que han contribuido a
cincelar, golpe a golpe, el perfil humano. Por ello invito a cruzar la barrera
hacia el mundo retrospectivo, con más o menos dificultades, con tecnología de
vanguardia en el nuevo milenio.
Resumiendo un poco lo
expuesto se podría convertirse en un museo itinerante de la navegación por las
islas y en un centro de información y consulta, dotado de una biblioteca
náutica con una exposición permanente de sus fondos documentales.
El proyecto al cual está destinado para su conservación y
cuidado contempla, una vez transformado en un espacio cultural y de ocio, de
que las escalas no se limitarán sólo a las capitales provinciales o de las
demás islas menores, sino que recuperarán su itinerario de siempre, bordeando
la costa y atracando en embarcaderos u otros, que aún existen en travesías
cortas.
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