¡Bendita tierra canaria!
Donde florece el
almendro
con eco de melodía
en suelo árido y fértil
y al rumor del aire frío
tan sonriente y orgulloso
surge del monte a la orilla.
Con las sombras de
palmeras,
oasis de paz y amor,
remansos entre mis brazos
duermen las brisas del mar.
Crecen desde el
horizonte,
costumbres y romerías
sinceras flores de mayo
como fiel avemaría.
El sol como
centinela
guardián de mi bella tierra,
isla de lunas y estrellas,
cuna de hombres ilustres
para darle pleitesía
a la Virgen de Las Nieves,
bajo un cielo iluminado
y un radiante azul Atlántico.
Hay pintorescos
rincones,
manan ricos manantiales
desde las más altas cimas,
rugen feroces volcanes
que modelan lentamente
el semblante de La Palma.
Taburiente por
bandera
la llevo en mi corazón,
un gran valor patrimonial.
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