Mi pensamiento gira en torno a los recuerdos que tengo del
tiempo pretérito cuando con todo esplendor se celebraba el Día del Libro.
Hoy, no es algo que nos despierte las tradiciones. Estamos sumergidos en una
sociedad de consumo y nos lo presentan con semanas feriales o con fabulosas
ofertas amontonadas en suntuosos escaparates de céntricos centros comerciales y
de renombradas librerías locales, en donde se exponen numerosos títulos de
miles de obras a merced de la autocrítica, la mala o buena acogida por la
identidad del autor y de la calidad literaria o por cada una por separada.
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