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domingo, 5 de abril de 2026

LOS HÁLITOS SEMPITERNOS DE DIOSES ENAMORADOS


                              Nos encontramos en plena primavera con la explosión natural de las flores que muestran su belleza, formando un trinomio con febrero y los almendros floridos en la isla de La Palma, alfombra multicolor en algunos pueblos de su geografía, que hace recrear nuestro sentido de la vista en un paseo mirando el paisaje satinado y saturado del almendro florido. Forman una trilogía con el aire a olor de remanso entre alcores y llanuras bajo un cielo azul, iluminado por la ilusión y la esperanza de La Palma. Al contemplar la mirada el color suave y extenso del almendro en flor la mente se paraliza en un éxtasis floral inigualable para, después, oscurecerse en el marrón de los exquisitos frutos, que nos transportan a los campos alisios de páramos celestes. Deleite de bellos centinelas de la delicia del paladar por estas fechas en los rincones del entorno insular.

                              Parecen hálitos sempiternos de dioses enamorados de pupilas revoleteando las afanadas y laboriosas ninfas de un jardín sin fin en la fértil tierra del Olimpo y oyendo la dulce melodía de las musas, que adornan el anhelado paisaje canario como antesala a la pronta primavera. Suenan los trinos de las nuevas aves del paraíso envueltas de alas moviéndose rítmicamente por el espacio, libres y melódicamente en plena naturaleza con mariposas como fieles guardianas del Universo, y dando paso a las satinadas y multicolores flores del prado, frondoso vergel de belleza sin par. Portada de un futuro merecedor de elogios y reconocimientos a la elaboración de exquisitos manjares con prestigio y buen sabor. Constituyen productos con gran arraigo artesanal, siendo las delicias gastronómicas caracterizadas por la gracia de las alegres manos campesinas.

                              Es alucinante permanecer despierto en el resplandor de un día cualquiera de febrero, guardando silencio y agudizando el oído al rumor de lo incontenible del aleteo que altera enormemente el aire. Un fulgor interno te abraza con tanta intensidad, que invade la sorpresa la imaginación en la contemplación de la inmensa beldad. Atraviesa el olvido y susurra la grandeza de un cielo biológico. Cierto es que este encuentro anual con la naturaleza se fortalece en el paisaje rural acompañado del folclore y del buen vino.

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