Parecen hálitos sempiternos de dioses enamorados de pupilas
revoleteando las afanadas y laboriosas ninfas de un jardín sin fin en la fértil
tierra del Olimpo y oyendo la dulce melodía de las musas, que adornan el
anhelado paisaje canario como antesala a la pronta primavera. Suenan los trinos
de las nuevas aves del paraíso envueltas de alas moviéndose rítmicamente por el
espacio, libres y melódicamente en plena naturaleza con mariposas como fieles
guardianas del Universo, y dando paso a las satinadas y multicolores flores del
prado, frondoso vergel de belleza sin par. Portada de un futuro merecedor de
elogios y reconocimientos a la elaboración de exquisitos manjares con prestigio
y buen sabor. Constituyen productos con gran arraigo artesanal, siendo las
delicias gastronómicas caracterizadas por la gracia de las alegres manos
campesinas.
Es alucinante permanecer despierto en el resplandor de un
día cualquiera de febrero, guardando silencio y agudizando el oído al rumor de
lo incontenible del aleteo que altera enormemente el aire. Un fulgor interno te
abraza con tanta intensidad, que invade la sorpresa la imaginación en la
contemplación de la inmensa beldad. Atraviesa el olvido y susurra la grandeza
de un cielo biológico. Cierto es que este encuentro anual con la naturaleza se
fortalece en el paisaje rural acompañado del folclore y del buen vino.
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