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domingo, 22 de febrero de 2026

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

           Comenzamos por una fecha y por un motivo, que me orgullece recordarlo con la inmensa satisfacción de hacer lo que tengo en mente, no para ejecutar algo y nada más, sino para llevar a buen término mis propósitos de un objetivo urgente y primordial en el Universo, necesitado de hacer un cambio de actitud y de bienestar global en todo cuánto se refiere a la humanidad y convivencia con mira a muchos compromisos y desajustes hostiles en los cinco continentes.

                              El pasado, 30 de enero, se celebró el ‘Día de la NO VIOLENCIA’ o que es lo mismo ‘Día de la PAZ’. La Paz para los niños y niñas es algo lejos de su alcance por naturaleza o es que los adultos se lo impedimos por un comportamiento adverso a una actuación nada deseable y cada vez, en este milenio y siglo XXI, de manera negativa se lo ponemos aún más difícil. Para los niños y niñas significa convivir en armonía, respetando a los demás y resolviendo conflictos sin violencia. Se construye a través de la amabilidad, la empatía y la igualdad. A través de pequeños gestos diarios en casa y escuela, en el hogar familiar, sea quienes sean los miembros, sin importar sus creencias religiosas, condición social, raza u otro rasgo significativo e identitario, como compartir y aceptar diferencias, promuevan un entorno seguro donde los niños y niñas puedan jugar y aprender sin miedos en libertad, con el amor de unos padres, hermanos …

                              ¿Sabes qué es la paz? Seguro que sí. La paz es mucho más que la ausencia de peleas, guerras… pero ¿te has puesto a pensar en cómo puedes explicárselo a los niños y niñas? Ya no parece tan sencillo. Encontrar una definición que sea fácil de entender puede ser una tarea complicada.

                              Para que sea ideal pon ejemplos que entiendan y diles que la paz significa cosas sencillas y bonitas como compartir juguetes, ayudar a un amigo que está triste o trabajar juntos para resolver un problema. Invítale a pensar en un momento en el que ellos mismos hayan contribuido a crear paz.

                              ‘La paz no se logra por la fuerza, sino únicamente mediante la comprensión mutua’ (Albert Einstein).

                               Los niños y niñas son como esponjas, aprenden todo lo que les enseñamos, porque lo absorben todo inmediatamente, sin darnos cuenta con rapidez. Si ven a sus padres compartir sea lo que sea con los vecinos o pedir disculpas después de una discusión, ellos imitarán esas acciones llenas de respeto y con calma.

                              Hablarles de paz desde su infancia les ayuda a desarrollar valores importantes como la empatía, la tolerancia y la solidaridad. ¿Te imaginas un planeta donde los niños y niñas aprendan desde siempre a resolver conflictos? Con amor y respeto.

      Preguntarles, qué significa la paz para ellos y escuchar sus respuestas. A veces poseen ideas sorprendentes por su sencillez y profundidad. De todas formas, esenciales y tajantes. Si no sabes muy bien explicárselos, propongo que les des ejemplos concretos para conseguir el concepto exacto o aproximado para buscar ser personas solidarias, no hacer daño a nadie, tratar bien a la gente, aceptar las diferencias, respetar opiniones, aunque sean distintas a las nuestras y no burlarse de nadie.

                              Te propongo lo siguiente ¿cómo educar a tus hijos en los valores y enseñanza del significado de la paz? No es solo hablar, sino también actuar:

                              1.- Sé su mejor ejemplo. Los niños y niñas aprenden observándonos. Piensa en las veces que has resuelto un conflicto frente a ellos. Si ellos te ven manejarlo con calma y respeto, no dudes que tratarán de imitarte. Pregúntales después ¿cómo crees que lo hice? y conviértelo en una oportunidad de aprendizaje conjunta. Usa palabras amables y muestra paciencia, incluso en situaciones difíciles.

                              2.- Da amor. Un niño y una niña que se sienten queridos y aceptados tendrán más facilidades para mostrar amor y empatía hacia los demás. Déjalos saber lo valioso que es con abrazos, bellas palabras y tiempo de calidad.

                              3.- Mantente alerta. Los niños y niñas más pequeños pueden darnos conductas violentas y egoístas que debes mantener bajo control. Vigila de cerca su comportamiento y actúa cuántas veces lo consideres necesario con suavidad y guía hacia una solución pacífica.

                              4.- Practica la empatía. Ayúdalos a ponerse en el lugar de otros. Puedes decirles ‘¿cómo crees que se sienten vuestros amigos?’ Esto les enseña a considerar los sentimientos de los demás antes de actuar.

                              5.- El poder de las palabras. Las palabras tienen un poder inmenso para moldear el mundo de los niños y niñas. Pregúntales ¿qué palabras creen que dicen la gente para sentirse bien? A continuación, hacer una lista con ellas. Usa un lenguaje positivo e inclusive, evitando comentarios que puedan ser discriminatorios. Convertir el diálogo en un juego.

                              La paz tiene diferentes definiciones como un estado social o personal de equilibrio y estabilidad, entre las partes de una unidad, mientras que otra dice que es la ausencia de violencia, inquietud o guerra.

       Una cultura de paz implica una educación que promueva los comportamientos y actitudes, que permitan estar en armonía personal y social, prevenir o resolver conflictos de forma pacífica, mediante el diálogo. La educación empieza en casa. Educar en valores desde edades tempranas en clave para evitar situaciones extremas de violencia, que están cada vez más presentes en los colegios.

                              Es necesario hablar de los mensajes de concordia en un mundo desorientado y envuelto por la masacre y crímenes contra la humanidad. Tales circunstancias y cualquiera de nosotros nos movilicemos con el fin de dar una solución factible al problema tras serias negociaciones.

                              El vocablo horrendo de inestabilidad no valora, ni siquiera de manera peyorativa tremendas situaciones y sucesos ocurridos en las hostilidades de diferentes países. Desear la paz, no es mantener una propuesta de respetar un alto el fuego, ni tampoco, establecer reuniones unilaterales, dedicadas a tratar asuntos de seguridad y lucha antiterrorista, sin una predisposición de consolidar la libertad incondicional a deshacer la tiranía u opresión de los Derechos Humanos. Siento en la sombra del silencio el prejuicio que las contiendas bélicas acarrean a los pueblos, que serán arrasados sin piedad y discriminatoriamente.

    Es ardua la labor de tantos hombres y mujeres que se empeñan en llevar amistad y sosiego en donde escasea o no existe. Mientras sigamos leyendo en la Prensa, titulares de atrocidades cometidas en diferentes sitios, quedaremos perplejos ante muchísimas adversidades en un planeta, que es un rompecabezas difícil de arreglar o un laberinto que a todos nos trae por la calle de la amargura.

                              La necesidad del diálogo es primordial para conseguir una mayor cordura en las relaciones sociales, una mejor hermandad en donde hay indiferencia u odio y, sin caer en el sarcasmo incontrolado, ayuda a los más débiles que padecen hambre, opresión en cárceles y campamentos de refugiados, vejaciones vergonzosas, xenofobia, racismo, sexismo, maltrato de género, cinismo, intolerancia religiosa, antisemitismo

                              Podéis pensar que no es posible alcanzar la armonía en un mundo rodeado por el egoísmo y por la escasez de medios humanos, económicos, sociales y morales.

                              Me uno al sufrimiento de los niños y niñas, que pasan hambre en países enemistados con otros, haciendo llegar una carta desde las Islas Canarias, que dice:

                              ‘Queridos amigos/as. Un saludo para todos con alegría y solidaridad de poder resolver el mal momento que estáis pasando en vuestro país.

         Me encuentro algo lejano de esos tiros y cañonazos, hambre y dolor de perder vuestros padres, hermanos y hermanas, amistades… Siento pena por tantas calamidades y pido a Dios que pronto vivamos en paz y en libertad, que el astro Sol nos alumbre con una sonrisa perenne en el rostro, al igual que la Luna nos guiñe sus ojos en el cómplice momento de iluminar nuestro caminar por la noche. Un abrazo fraternal’.

                              Con el propósito de hacer partícipe a los lectores de este mensaje, como meditación y soporte de vuestras vidas, termino con la satisfacción de cumplir una misión personal y humanitaria, que sirva de testimonio una vieja profecía: ‘Para cada dolor un olvido y para cada amor una esperanza’.

     ‘Cuando se normaliza la indiferencia frente al sufrimiento ajeno, nos deshumanizamos. Al ignorar el dolor de otros nos alejamos de la compasión, construyendo una sociedad fría e insensible. Solo al reconocer y responder al sufrimiento ajeno, construimos un mundo más justo y humano para todos.

                              Tenemos el vicio de acostumbrarnos a todo. Ya no nos indigna la miseria, ni la esclavitud de los siringueros, no es noticia el apartheid, ni los millones de muertos de hambre cada año.

                              Nos acostumbramos, limamos las aristas de la realidad, para que no nos hiera, y la tragamos tranquilamente. […] Sobre todo, que no nos acostumbremos a ver injusticias, sin que se nos encienda la ira y la actuación’ (Luis Espinal, SJ).

                              Lo último es concentrarnos en las palabras pronunciadas por Jesucristo, Nuestro Señor, en el Sermón de la Montaña, ante la presencia de los suyos, Apóstoles y demás seguidores incondicionales. Solemnemente erguido, marcando los paréntesis necesarios al pronunciar las ‘Bienaventuranzas’, dijo: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios’.

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