El pasado, 30 de enero, se celebró el ‘Día de la NO
VIOLENCIA’ o que es lo mismo ‘Día de la PAZ’. La Paz para los niños y
niñas es algo lejos de su alcance por naturaleza o es que los adultos se lo
impedimos por un comportamiento adverso a una actuación nada deseable y cada
vez, en este milenio y siglo XXI, de manera negativa se lo ponemos aún más
difícil. Para los niños y niñas significa convivir en armonía, respetando a los
demás y resolviendo conflictos sin violencia. Se construye a través de la
amabilidad, la empatía y la igualdad. A través de pequeños gestos diarios en
casa y escuela, en el hogar familiar, sea quienes sean los miembros, sin
importar sus creencias religiosas, condición social, raza u otro rasgo
significativo e identitario, como compartir y aceptar diferencias, promuevan un
entorno seguro donde los niños y niñas puedan jugar y aprender sin miedos en
libertad, con el amor de unos padres, hermanos …
¿Sabes qué es la paz? Seguro que sí. La paz es
mucho más que la ausencia de peleas, guerras… pero ¿te has puesto a pensar en
cómo puedes explicárselo a los niños y niñas? Ya no parece tan sencillo.
Encontrar una definición que sea fácil de entender puede ser una tarea
complicada.
Para que sea ideal pon ejemplos que entiendan y diles que la
paz significa cosas sencillas y bonitas como compartir juguetes, ayudar a un
amigo que está triste o trabajar juntos para resolver un problema. Invítale a
pensar en un momento en el que ellos mismos hayan contribuido a crear paz.
‘La paz no se logra por la fuerza, sino únicamente
mediante la comprensión mutua’ (Albert Einstein).
Los niños y niñas son como esponjas, aprenden todo lo que
les enseñamos, porque lo absorben todo inmediatamente, sin darnos cuenta con
rapidez. Si ven a sus padres compartir sea lo que sea con los vecinos o pedir
disculpas después de una discusión, ellos imitarán esas acciones llenas de
respeto y con calma.
Hablarles de paz desde su infancia les ayuda a desarrollar
valores importantes como la empatía, la tolerancia y la solidaridad.
¿Te imaginas un planeta donde los niños y niñas aprendan desde siempre a
resolver conflictos? Con amor y respeto.
Te propongo lo siguiente ¿cómo educar a tus hijos en los valores
y enseñanza del significado de la paz? No es solo hablar, sino también
actuar:
1.- Sé su mejor ejemplo. Los niños y niñas aprenden
observándonos. Piensa en las veces que has resuelto un conflicto frente a
ellos. Si ellos te ven manejarlo con calma y respeto, no dudes que tratarán de
imitarte. Pregúntales después ¿cómo crees que lo hice? y conviértelo en una
oportunidad de aprendizaje conjunta. Usa palabras amables y muestra paciencia,
incluso en situaciones difíciles.
2.- Da amor. Un niño y una niña que se sienten
queridos y aceptados tendrán más facilidades para mostrar amor y empatía hacia
los demás. Déjalos saber lo valioso que es con abrazos, bellas palabras y
tiempo de calidad.
3.- Mantente alerta. Los niños y niñas más pequeños
pueden darnos conductas violentas y egoístas que debes mantener bajo control.
Vigila de cerca su comportamiento y actúa cuántas veces lo consideres necesario
con suavidad y guía hacia una solución pacífica.
4.- Practica la empatía. Ayúdalos a ponerse en el
lugar de otros. Puedes decirles ‘¿cómo crees que se sienten vuestros amigos?’ Esto
les enseña a considerar los sentimientos de los demás antes de actuar.
5.- El poder de las palabras. Las palabras tienen un
poder inmenso para moldear el mundo de los niños y niñas. Pregúntales ¿qué
palabras creen que dicen la gente para sentirse bien? A continuación, hacer una
lista con ellas. Usa un lenguaje positivo e inclusive, evitando comentarios que
puedan ser discriminatorios. Convertir el diálogo en un juego.
La paz tiene diferentes definiciones como un estado social o
personal de equilibrio y estabilidad, entre las partes de una
unidad, mientras que otra dice que es la ausencia de violencia, inquietud
o guerra.
Es necesario hablar de los mensajes de concordia en un mundo
desorientado y envuelto por la masacre y crímenes contra la humanidad. Tales
circunstancias y cualquiera de nosotros nos movilicemos con el fin de dar una
solución factible al problema tras serias negociaciones.
El vocablo horrendo de inestabilidad no valora, ni siquiera
de manera peyorativa tremendas situaciones y sucesos ocurridos en las
hostilidades de diferentes países. Desear la paz, no es mantener una propuesta
de respetar un alto el fuego, ni tampoco, establecer reuniones unilaterales,
dedicadas a tratar asuntos de seguridad y lucha antiterrorista, sin una
predisposición de consolidar la libertad incondicional a deshacer la tiranía u
opresión de los Derechos Humanos. Siento en la sombra del silencio el
prejuicio que las contiendas bélicas acarrean a los pueblos, que serán
arrasados sin piedad y discriminatoriamente.
La necesidad del diálogo es primordial para conseguir
una mayor cordura en las relaciones sociales, una mejor hermandad en donde hay
indiferencia u odio y, sin caer en el sarcasmo incontrolado, ayuda a los más
débiles que padecen hambre, opresión en cárceles y campamentos
de refugiados, vejaciones vergonzosas, xenofobia, racismo,
sexismo, maltrato de género, cinismo, intolerancia
religiosa, antisemitismo…
Podéis pensar que no es posible alcanzar la armonía en un
mundo rodeado por el egoísmo y por la escasez de medios humanos, económicos,
sociales y morales.
Me uno al sufrimiento de los niños y niñas, que pasan hambre
en países enemistados con otros, haciendo llegar una carta desde las Islas
Canarias, que dice:
‘Queridos amigos/as. Un saludo para todos con alegría y
solidaridad de poder resolver el mal momento que estáis pasando en vuestro
país.
Con el propósito de hacer partícipe a los lectores de este
mensaje, como meditación y soporte de vuestras vidas, termino con la
satisfacción de cumplir una misión personal y humanitaria, que sirva de
testimonio una vieja profecía: ‘Para cada dolor un olvido y para cada amor
una esperanza’.
Tenemos el vicio de acostumbrarnos a todo. Ya no nos indigna
la miseria, ni la esclavitud de los siringueros, no es noticia el apartheid, ni
los millones de muertos de hambre cada año.
Nos acostumbramos, limamos las aristas de la realidad, para
que no nos hiera, y la tragamos tranquilamente. […] Sobre todo, que no nos
acostumbremos a ver injusticias, sin que se nos encienda la ira y la actuación’
(Luis Espinal, SJ).
Lo último es concentrarnos en las palabras pronunciadas por
Jesucristo, Nuestro Señor, en el Sermón de la Montaña, ante la presencia de los
suyos, Apóstoles y demás seguidores incondicionales. Solemnemente erguido,
marcando los paréntesis necesarios al pronunciar las ‘Bienaventuranzas’,
dijo: ‘Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios’.
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