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domingo, 8 de marzo de 2026

INCENDIOS FORESTALES


                               Trato, sólo por esta vez, un tema tan importante como la vida misma para concienciar lo perjudicial que es el fenómeno cuando desata su furia ayudada por otros, no menos dañinos, por su virulencia y voracidad en el medio ambiente. Algunas veces y no lo ponemos en duda catalogamos al hombre como un ser provocador de malignas intenciones ocasionando situaciones catastróficas. Los incendios forestales cada vez más devastadores. Los llamados incendios de sexta generación o megaincendios marcan una nueva era en la lucha contra el fuego. Una era más extrema, más destructiva y más difícil de combatir, favorecida por las consecuencias del cambio climático.

                              Un día de los transcurridos del año 2026, siendo hoy, finales de febrero, por una suscripción a la Cruz Roja hecha por mi esposa, hace algún tiempo, nos llegó una revista informativa editada por tal ente benéfico u ONG denominada ‘AHORA’ y en ella, pp. 20 y 21, un tema de vital importancia y que inmediatamente me sugirió hacer este trabajo objetivo y cabal en opiniones y sugerencias de gran importancia, que lleva de título el mismo.

                              El verano de 2025, recién finalizado, ha marcado un antes y un después, un luto trágico en la historia reciente de España en cuanto se refiere a incendios forestales. Trágico percance que se saldó con cerca de 400.000 hectáreas devastadas solo durante el periodo estival, registrándose seis de los diez mayores incendios forestales del siglo XXI. Castilla y León, Galicia y Extremadura fueron las comunidades más afectadas. Con lo expuesto anteriormente en este párrafo, podemos decir que nuestra Comunidad Autónoma de Canarias ha sufrido las suyas de gran magnitud y, sobre todo, en La Palma provocadas o no por imprudencias y otras por dudosos inicios.

                              Desparramamos la observación por un país, que ha sufrido a lo largo y ancho del territorio nacional estos sucesos desafortunados en el número de víctimas mortales y de pérdidas de grandes cuantías materiales, anotando un extenso inventario de daños irreversibles en la mayoría de los casos, a causa de accidentes acaecidos, una y mil veces fortuitos. En España como reseña se producen cada vez menos incendios y la superficie quemada se ha reducido. Sin embargo, crece la proporción de incendios en los que arden más de 500 hectáreas. Desde hace muchos años se habla de los incendios de sexta generación o megaincendios, aunque un fuego es un fenómeno muy complejo en el que influyen muchos factores. Los últimos citados son aquellos que, por su intensidad y magnitud quedan fuera de control de la capacidad actual de los sistemas de extinción.


                             El aumento de los incendios extremos se debe a un abanico de posibilidades que combina las consecuencias de la crisis climática de las zonas rurales y una mala gestión forestal. Los bosques pierden su potencial de protección y estabilidad de estación. La atención se centra en la deforestación, que es la eliminación permanente de bosques y selvas, impulsada principalmente por actividades humanas como la agricultura intensiva, ganadería, minería y expansión urbana. Este proceso causa pérdida de biodiversidad, aumenta los gases de efecto invernadero y acelera el cambio climático. Se estima que se talan 15.000.000.000 de árboles anualmente.

                              ‘La crisis climática es un factor importante a tener en cuenta en la aparición de las diferentes clases de incendios’. El pasado junio se registró una temperatura 2,81ºC por encima de la media de la registrada ese mes en el periodo 1991-2020, según datos del sistema Copernicus. El calor seguía siendo radical el 1 de julio, cuando se originó el incendio de la provincia de Lleida que acabó con la vida de dos personas y cuyo comportamiento fue sobresaliente. Con toda franqueza debemos declarar lo siguiente: ‘El cambio climático es el principal señalizador que está influyendo, no determinando, sino condicionando el comportamiento distinto de estos megaincendios’.

                              Ahora, hacemos una plegaria (silencio) por aquel valiente voluntario, pasado algunos años, perdió la vida. Dejando una familia por un deber cumplido.

                              Transcribo de la Prensa local, Diario de Avisos (da) del domingo, 15 de febrero del año en curso, p. 45, que la corporación insular de La Palma reserva en su Presupuesto General para 2026 partidas específicas para reforzar y garantizar la seguridad en las zonas de exclusión volcánica. El Cabildo destina 1,3 millones de euros a Seguridad y Emergencias. En lo que respecta a la lucha contra el fuego, el presupuesto para este año, que da comienzo, reserva 620.000 euros para la prestación de servicios de prevención y extinción del mismo, incluyendo el suministro de material de protección para los efectivos. A esto se añade una partida de 20.000 euros adicionales para la adquisición de nuevo material técnico, asegurando que los servicios cuenten con herramientas modernas y seguras.

                              Este esfuerzo se halla orientado a la actualización de suministros y dotaciones, con el objetivo de garantizar que los recursos disponibles se adapten a las necesidades actuales y a los estándares de seguridad y operatividad. El consejero reseña la consolidación como un modelo que sitúa la seguridad pública como uno de los ejes estratégicos de la acción de gobierno.


                              La acumulación de biomasa es otro de los factores que influyen en la propagación de este tipo de incendios. La despoblación tiene, también, mucho que ver. El abandono del sector primario, que durante siglos ha actuado como cortafuegos naturales se traduce en una vegetación cada vez mayor, que se convierte en el combustible perfecto para esta clase de desastres.    

                              Los incendios extremos son el síntoma de una crisis ecológica, climática y territorial, según dicen los competentes en la materia, que nos conllevan a un desafío colectivo en el que entran en juego el uso del territorio, la planificación rural y la emergencia climática. Sin medidas estructurales, estos incendios serán cada vez más frecuentes, intensos e incontrolables.

                              Una gestión del territorio donde se impulsen políticas de desarrollo rural para evitar el abandono del campo, se fomente la ganadería extensiva y la agricultura tradicional y se recuperen los usos tradicionales del monte que reducen el combustible ayudaría a prevenir los incendios. La creación resistente al fuego donde se intercalen cultivos, zonas despejadas y masas forestales; la eliminación de monocultivos de alto riesgo; y la plantación de especies autóctonas más resilientes y con menor capacidad de arder es otro de los puntos que podrían cambiar estos grandes incendios. La coordinación comunitaria en emergencias: ‘formación de brigadas vecinales, mejora de planes de evacuación en núcleos rurales, colaboración entre administraciones locales y servicios de emergencias es clave, así como la educación y la sensibilización ciudadana’.

                              Cruz Roja cuenta con Equipos de Respuesta Inmediata en Emergencias, compuestos por personal voluntario y preparado entrenado para dar la mejor atención a personas damnificadas durante las emergencias, muchas de ellas incendios. El personal voluntario informa cada verano en los denominados puntos calientes a los senderistas las posibles señales e indicios de incendios que deben tener en consideración. Junto a esta labor de sensibilización, también, promovemos las buenas prácticas medioambientales para los y las jóvenes.

                              En la Organización contamos con un plan o estrategia ambiental, cuyo objetivo es medir, reducir y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los incendios de sexta generación son el síntoma de un modelo territorial y climático que ha llegado al límite. Construyamos otro más resiliente. Cuidar que nuestra naturaleza vuelva a tener un papel fundamental.       

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