Un día de los transcurridos del año 2026, siendo hoy, finales
de febrero, por una suscripción a la Cruz Roja hecha por mi esposa, hace algún
tiempo, nos llegó una revista informativa editada por tal ente benéfico u ONG
denominada ‘AHORA’ y en ella, pp. 20 y 21, un tema de vital importancia y que
inmediatamente me sugirió hacer este trabajo objetivo y cabal en opiniones y
sugerencias de gran importancia, que lleva de título el mismo.
El verano de 2025, recién finalizado, ha marcado un antes y
un después, un luto trágico en la historia reciente de España en cuanto se
refiere a incendios forestales. Trágico percance que se saldó con cerca de
400.000 hectáreas devastadas solo durante el periodo estival, registrándose
seis de los diez mayores incendios forestales del siglo XXI. Castilla y León,
Galicia y Extremadura fueron las comunidades más afectadas. Con lo expuesto anteriormente
en este párrafo, podemos decir que nuestra Comunidad Autónoma de Canarias ha
sufrido las suyas de gran magnitud y, sobre todo, en La Palma provocadas o no
por imprudencias y otras por dudosos inicios.
Desparramamos la observación por un país, que ha sufrido a
lo largo y ancho del territorio nacional estos sucesos desafortunados en el
número de víctimas mortales y de pérdidas de grandes cuantías materiales,
anotando un extenso inventario de daños irreversibles en la mayoría de los
casos, a causa de accidentes acaecidos, una y mil veces fortuitos. En España
como reseña se producen cada vez menos incendios y la superficie quemada se ha
reducido. Sin embargo, crece la proporción de incendios en los que arden más de
500 hectáreas. Desde hace muchos años se habla de los incendios de sexta
generación o megaincendios, aunque un fuego es un fenómeno muy complejo en el
que influyen muchos factores. Los últimos citados son aquellos que, por su intensidad
y magnitud quedan fuera de control de la capacidad actual de los
sistemas de extinción.
‘La crisis climática es un factor importante a tener en
cuenta en la aparición de las diferentes clases de incendios’. El pasado
junio se registró una temperatura 2,81ºC por encima de la media de la
registrada ese mes en el periodo 1991-2020, según datos del sistema Copernicus.
El calor seguía siendo radical el 1 de julio, cuando se originó el
incendio de la provincia de Lleida que acabó con la vida de dos personas y cuyo
comportamiento fue sobresaliente. Con toda franqueza debemos declarar lo
siguiente: ‘El cambio climático es el principal señalizador que está
influyendo, no determinando, sino condicionando el comportamiento distinto de
estos megaincendios’.
Ahora, hacemos una plegaria (silencio) por aquel
valiente voluntario, pasado algunos años, perdió la vida. Dejando una familia
por un deber cumplido.
Transcribo de la Prensa local, Diario de Avisos (da)
del domingo, 15 de febrero del año en curso, p. 45, que la corporación insular
de La Palma reserva en su Presupuesto General para 2026 partidas específicas
para reforzar y garantizar la seguridad en las zonas de exclusión volcánica. El
Cabildo destina 1,3 millones de euros a Seguridad y Emergencias. En lo que
respecta a la lucha contra el fuego, el presupuesto para este año, que da
comienzo, reserva 620.000 euros para la prestación de servicios de prevención y
extinción del mismo, incluyendo el suministro de material de protección para
los efectivos. A esto se añade una partida de 20.000 euros adicionales para la
adquisición de nuevo material técnico, asegurando que los servicios cuenten con
herramientas modernas y seguras.
Este esfuerzo se halla orientado a la actualización de
suministros y dotaciones, con el objetivo de garantizar que los recursos
disponibles se adapten a las necesidades actuales y a los estándares de
seguridad y operatividad. El consejero reseña la consolidación como un modelo
que sitúa la seguridad pública como uno de los ejes estratégicos de la acción
de gobierno.
Los incendios extremos son el síntoma de una crisis
ecológica, climática y territorial, según dicen los competentes en la materia,
que nos conllevan a un desafío colectivo en el que entran en juego el uso
del territorio, la planificación rural y la emergencia climática.
Sin medidas estructurales, estos incendios serán cada vez más frecuentes,
intensos e incontrolables.
Una gestión del territorio donde se impulsen
políticas de desarrollo rural para evitar el abandono del campo, se fomente la
ganadería extensiva y la agricultura tradicional y se recuperen los usos
tradicionales del monte que reducen el combustible ayudaría a prevenir los
incendios. La creación resistente al fuego donde se intercalen cultivos, zonas
despejadas y masas forestales; la eliminación de monocultivos de alto riesgo; y
la plantación de especies autóctonas más resilientes y con menor capacidad de
arder es otro de los puntos que podrían cambiar estos grandes incendios. La
coordinación comunitaria en emergencias: ‘formación de brigadas vecinales,
mejora de planes de evacuación en núcleos rurales, colaboración entre
administraciones locales y servicios de emergencias es clave, así como la
educación y la sensibilización ciudadana’.
Cruz Roja cuenta con Equipos de Respuesta Inmediata en Emergencias, compuestos por personal voluntario y preparado entrenado para dar la mejor atención a personas damnificadas durante las emergencias, muchas de ellas incendios. El personal voluntario informa cada verano en los denominados puntos calientes a los senderistas las posibles señales e indicios de incendios que deben tener en consideración. Junto a esta labor de sensibilización, también, promovemos las buenas prácticas medioambientales para los y las jóvenes.
En la Organización contamos con un plan o estrategia ambiental, cuyo objetivo es medir, reducir y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero. Los incendios de sexta generación son el síntoma de un modelo territorial y climático que ha llegado al límite. Construyamos otro más resiliente. Cuidar que nuestra naturaleza vuelva a tener un papel fundamental.
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