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domingo, 3 de mayo de 2026

LA CARA OCULTA DE LA PAZ MUNDIAL

           La inseguridad en muchas partes continentales del orbe terráqueo, acarrea la causa por la insurgencia de grupos armados que ha obligado a muchas personas a abandonar sus hogares para buscar refugio en campos de desplazados internos o en comunidades o estados vecinos.

                              El 30 de enero, celebración del Día de la Paz, nuestros colegios fueron solidarios en defensa de los Derechos Humanos, para que reine la paz en el mundo y, que todas las personas, mujeres y hombres, niñas y niños, ancianos y jóvenes, de cualquier país de América, África, Asia, Oceanía y de la vieja Europa, raza, religión… por el amor se unan como hermanos.

              Las actividades de los grupos armados han dañado los servicios sociales básicos, incluidas las escuelas. Esto ha dejado sin una educación segura y de calidad a un elevado número de niñas y niños desamparados y huérfanos de las prestaciones necesarias de la Unión Europea y de la asistencia, no mejorando la calidad de las infraestructuras escolares, perjudicando la escolarización, no proporcionando materiales de enseñanza y aprendizaje como negando la formación a docentes y voluntarios.

                              El ser libre como católico lo considero un don de Dios, que nos ha sido dado a cada uno y nos pertenece como un derecho inalienable. No puede estar ultrajado por motivos ajenos a la concordia entre los pueblos por intereses partidistas y antidemocráticos. No se embriaguen nuestros lamentos con otros, sólo son pensamientos que no traspasan fronteras y, sim embargo, se llenan de buenas intenciones.

                  La sublime voz de la esperanza sea el propósito fiel y pregonero de aniquilar el odio, la mentira, la desidia, el genocidio, etc. en miles de seres inocentes para suplicar por el diálogo y el entendimiento entre los gobiernos.

                              Cuantas manos temblorosas fatalmente aprietan el gatillo para asesinar a hermanas y hermanos nuestros y bañan con su sangre el pan de cada día, ahogando con migajas el lamento. Nuestro aliento se convierta en fértil canto, que rompa la cadena de la condena y de la cruel tortura, y que sea el umbral de un nuevo amanecer de resplandeciente armonía para todos en cualquier sitio del mundo.

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