El 30 de enero, celebración del Día de la Paz,
nuestros colegios fueron solidarios en defensa de los Derechos Humanos,
para que reine la paz en el mundo y, que todas las personas, mujeres y hombres,
niñas y niños, ancianos y jóvenes, de cualquier país de América, África, Asia,
Oceanía y de la vieja Europa, raza, religión… por el amor se unan como
hermanos.
El ser libre como católico lo considero un don
de Dios, que nos ha sido dado a cada uno y nos pertenece como un derecho
inalienable. No puede estar ultrajado por motivos ajenos a la concordia entre
los pueblos por intereses partidistas y antidemocráticos. No se embriaguen
nuestros lamentos con otros, sólo son pensamientos que no traspasan
fronteras y, sim embargo, se llenan de buenas intenciones.
Cuantas manos temblorosas fatalmente aprietan el gatillo para asesinar a hermanas y hermanos nuestros y bañan con su sangre el pan de cada día, ahogando con migajas el lamento. Nuestro aliento se convierta en fértil canto, que rompa la cadena de la condena y de la cruel tortura, y que sea el umbral de un nuevo amanecer de resplandeciente armonía para todos en cualquier sitio del mundo.
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