Confieso que sus primeros pasos fueron atropellados como
siempre, llenos de conflictos por los cadentes nombramientos de profesores a
sustituir; de obras no concluidas, perjudicando comunes formas estructurales en
el edificio y normal disciplina educativa, proyectadas de mediata ejecución, en
el periodo vacacional y de la vuelta de los alumnos; discrepancias de los
padres con los organismos oficiales por diversas insuficiencias en la dotación
de los colegios…
No son extraños los numerosos problemas de relevante
notabilidad que aparecen como los anuncios en una pantalla de televisión, que
incluso suben de volumen para que no perdamos la atención de ellos. Estos
pueden ser el desprecio de la cultura, desvaluación del esfuerzo, descrédito de
la autoridad, falta de respeto hacia la labor escolar, violencia y agresión a
los profesores y entre los alumnos (acoso escolar) con contundencia dentro y
fuera de las aulas, así podríamos mencionar otros por ser semejantes a los ya
mencionados.
Tampoco, entre un sinfín de adversidades surgidas en un
marco amplio de descifrar con criterios propios y nitidez, sin lugar a dudas,
dentro del seno de la familia, nos sorprenden los padres que protegen a sus
hijos, dándoles la razón a ellos de todas las acusaciones. Generalmente, son
los padres que nunca acuden cuando se les convocan a tutorías de cualquier
indicación pedagógica, ni demuestran el más mínimo interés por su presencia en las
labores escolares, el de alumnos conflictivos, hiperactivos y de consumidores
sobresalientes de cientos y cientos de horas de programas televisivos, ni ton
ni son.
En una sociedad que presume de una marginación radical y
despersonalizada por todos los medios, por debe y por haber, precintada, carece
de tantos valores fundamentales para la convivencia humana. Nos encontramos con
retos derivados de la inmigración, de las separaciones de parejas con hijos o
sin ellos, del consumismo, sumergidos al 100%, para que los colegios e
institutos, estatales o concertados, sean la constante diana tirando los dardos
de la ironía y el despropósito.
Haciendo memoria en el paso del tiempo o un preámbulo en
medio de los años transcurridos, recuerden aquel suceso, hacen muchas décadas,
por el mes de junio del 2002, ocurrido en un instituto alemán protagonizado por
un exalumno de 19 años de edad, que asesina a 17 personas: 2 niñas, trece
docentes, una secretaria y un policía, motivado por un sentimiento de rechazo
al ser excluido de la evaluación final y, que cegado por la venganza, provocó
tal grave y reprobable hecho. También, me van a permitir mencionar la agresión
por parte de los padres a una directora de Canarias, concretamente de la isla
de Tenerife, ya que la opinión pública posee suficiente libertad para enjuiciar
lo sucedido. Y, así, podemos seguir enunciando muchos más episodios, pensando
en la Ley de Calidad de la Enseñanza.
No es la primera vez, que los profesionales palmeros lo
hallan difícil cuando se han manifestado en protesta de las múltiples
vejaciones sufridas al desempeñar su función.
Así, una y otra vez, volvemos a empezar un nuevo ciclo, continuando con los mismos problemas a dar el pistoletazo de salida del nuevo curso 2026/27. Las aspiraciones son otras y los matices distintos. Sólo, nos queda expresar la condolencia de una enseñanza pública que agoniza en favor de la concertada. Es un cambio en pro del progreso y del asentamiento firme en lo fundamental de la educación en los centros por la lucha de la igualdad y la salvaguardia de los Derechos Humanos. Un año más estamos a las puertas del nuevo curso escolar con cientos de proyectos esparcidos por toda la geografía nacional. Con absoluta certeza el palpable pulso diario de todos ellos, su misión sea reconocida por una sociedad cambiante, con ciertos criterios ajenos a los intereses. Las sugerencias serán bastantes y prevalece el concederle a la administración un NM (necesita mejorar).
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