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domingo, 14 de junio de 2026

SIGUEN VINIENDO PATERAS

          Comenzamos con asuntos colaterales de interés social que se han hecho virales, pero siguen ahí sin haber sido solucionados. El primero, atañe a ‘la regularización extraordinaria de migrantes como una victoria popular’. Las asociaciones que trabajan con los migrantes afirman que será positivo: ‘Quieren solucionar su problema, regularizarse, cotizar a la Seguridad Social y acceder a la inclusión y a todos los derechos’. Las colas en el exterior de la Oficina de Extranjería en Santa Cruz de Tenerife esperando para recibir atención son enormes e interminables y cada vez se hacen doblemente grande. Lo mismo suceden en las demás islas y en la otra provincia canaria. Es posible que sean algunos de los titulares de la prensa canaria del momento en las islas.

                              El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones registró 13.500 solicitudes telemáticas en la plataforma de gestión de expedientes y ha formalizado y aceptado 19.633 citas previas para la atención presencial. Son datos sacados a descubierto por la importancia dada a lo comentado.

                              El modo, como y cuando apropiado para el transmite de la documentación pertinente es personal e intransferible para cada uno de los sujetos implicados a través de medios adecuados inscritos en el Registro de Colaboradores y de otros representantes, ofrecen asesoramiento gratuito a los migrantes que quieran acceder a la regularización extraordinaria por su vulnerabilidad.

          El segundo punto, no menos importante que el anterior surge a raíz de acontecimientos sociales, que para muchos menores migrantes viven en Canarias sin su familia. Frente a la incertidumbre total sobre el futuro, los pisos para extutelados son un pequeño salto a la vida adulta. Este es uno de los dos recursos abiertos por el Gobierno de Canarias en Tenerife y en otras islas, recientemente, para que los jóvenes puedan culminar sus proyectos. Son niños que están en el sistema, pero que no tienen los mismos derechos para poseer una formación. Por eso estos pisos son necesarios. Casi todos ellos salieron de su casa de noche y sin que sus padres lo supieran se echaron a la mar en cantidades inverosímiles de imaginar en una patera o cayuco, como más te guste nombrarla, en el que viajaban 230 personas, por poner un ejemplo, pasando días o semanas y en el camino veían morir a otros o se morían en el intento de llegar a la tierra prometida. Las víctimas de esta desafortunada travesía son muchísimos migrantes de países que no tienen costas y que se tiran al agua sin saber nadar, porque pierden la cabeza.

                              Y, por último, vivir con los inmigrantes no es novedoso, hablar con los ilegales, sin papeles, que llegan con frecuencia en pateras a nuestras costas canarias o a cualquier otro punto del país, tampoco constituye un riesgo para la convivencia con ellos.  Ni lo es los cientos de cadáveres aparecidos en circunstancias extrañas o cayucos abandonados a pies de playas desérticas por los numerosos naufragios habidos. El problema se agudiza cuando nos hacemos la pregunta:

            ¿Qué haremos con ellos? Continuamos con ejemplares reseñas de años anteriores muy significativas. Es asombroso leer las cifras de inmigrantes detenidos: 875 en 1999; 2410 en 2000 y 4112 en 2001 y las pateras detectadas fueron, 75 en 1999; 179 en 2000 y 277 en 2001. Inmediatamente, observamos que fue en ascendencia, creciente progresión, el flujo de llegadas en los últimos años. Dentro de un posible panorama de pobreza con el riesgo de luchar por la supervivencia y por un bienestar socioeconómico sostenible a un nivel personal y familiar, podremos sugerir que no es propio de Estado, que la hospitalidad o la marginación se manifieste en el país de acogida.

                              El entendimiento entre lo razonable para resolver algo que ya se veía venir y que, poco a poco, se fue agravando, es necesario y urgente en los países afectados. No se puede permitir la delincuencia, ni que aumente el número de indigentes, por el desamparo y la despreocupación de cuestiones fundamentales en una ciudad de derechos. El trabajo es el sostenimiento del hombre para vivir y poseer un hogar digno con respecto a su status.

                              Si por causas ajenas aquel sea insuficiente se intentaría en otros lugares, pero jamás no vagabundear o delinquir. Los canarios, al igual que otras comunidades y países, lo hicieron a tierras prometedoras de mejores condiciones que la nuestra, con un objetivo concreto. Nos acogieron y convivimos con ellos sin conflictos. Estamos hermanados y compartiendo el florecimiento patrimonial.

     Hablamos de solidaridad muchísimas veces y, sin saber el porqué, no ponemos los medios necesarios para que jamás se produzca una brecha incuestionable en las relaciones de unos con otros, ofreciendo protección ficticia en contra de su integridad. Consiste en solucionar el problema de creer que las islas son portadoras de progreso y de nueva perspectiva.

                              No debemos admitir un deterioro de los intereses regionales y que nos invaden engañados por una mafia, que desvirtúa y acrecienta la prostitución, indigencia, xenofobia, racismo… con la agravante de los centros de acogidas o la habilitación de los de internamientos, según las Instituciones Penitenciarias.

                             Los isleños convivimos con los inmigrantes de numerosos orígenes, desempeñando una función o una actividad mercantil   de cierta importancia para la vida comercial en un marco de normalidad e integración. Sin embargo, Canarias, no es la tierra prometida para conseguir el objetivo propuesto y de disfrutar de lo imprescindible sin esfuerzo, ni sufrimientos y sacrificios con un espíritu abierto y universal. Ahora, es el momento de reflexionar y encontrar la solución definitiva a negociar una forma idónea de acabar con el mal que nos está agobiando con una invasión, según aparece en los medios de comunicación social, divulgativos de tales sucesos, predestinados de conquistas o de anexiones.

          Iniciamos una conclusión testimonial de un hogar para cuando cumplen 18 años los migrantes sin familia. Canarias cuenta con pisos temporales de emancipación para integrar a los jóvenes en el mercado laboral. Escuchamos el episodio de uno de los cientos que hay en cualquier isla del archipiélago canario: ‘Llegó a El Hierro a los 16 años en un cayuco en el que viajaban 230 personas. Se marchó de su casa de noche y sin que sus padres lo supieran. Pasó ocho días en el mar, y en el camino vio morir a muchos y perder la cabeza a muchos otros. Las víctimas de esta travesía eran migrantes de países que no tienen mar, y que se tiraron al agua sin saber nadar porque perdieron su cabeza, dice mientras baja la mirada’.

                              ‘La comida y el combustible se terminaron antes de pisar tierra firme. En el cayuco había tres alumnos de español que pudieron llamar a Salvamento y vinieron a recogernos, porque si no…,’. Recuerda el senegalés sin poder acabar la frase.

                              Otro escucha en silencio, este joven mauritano, también, llegó a las islas con 16 años, aunque en su caso desembarcó en La Gomera, después de un viaje de dos días al que sobrevivieron todos.

                              Estudiaba Enfermería en Mauritania, pero no pudo terminar por la falta de dinero. Mis padres no podían pagar todos mis estudios y decidí venir aquí’.

                              Uno trabaja de camarero y el otro de agricultor. Desde diferentes direcciones se insiste a los jóvenes en que prioricen trabajar en algo que les permita emanciparse y, sobre todo, ajustarse a los tiempos, para poder dar respuesta a la realidad de Canarias.

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