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domingo, 31 de mayo de 2026

RECORDAR UNA EFEMÉRIDE, UNA SOBRE EL MISMO MAR

        Sentirnos unidos por un mismo mar es un sentimiento único para celebrar la efeméride del Día de Canarias, es un orgullo de ser canario y hallarnos conscientes de que formamos una Comunidad Autónoma con representación e identidad propia. Sé que no podemos vivir del pasado, sino que debemos ser receptivo al progreso con un solo objetivo que nos haga capaces de conseguir un futuro esperanzador.

                              Canarias tiene su propia historia, recogida por la memoria popular. Es un todo sobre el mismo mar con proyección hacia un mañana no muy lejano, esperanzador y sin frontera, abierto al bienestar y al progreso.

          El Día de Canarias debe de ser el puente que nos mantenga unidos a los canarios de aquí con los que están lejos, porque cada pueblo posee su historia conteniendo la esencia de un acontecer que ha sido recogido en el recuerdo y añoranza, enmarcado por la tradición y la cultura. La forma de ser el canario abierto e innovador, acogedor y hospitalario, hace que guarde consonancia con la realidad.

                              Considerado el reto como un punto estratégico y comercialmente estimado en las rutas hacia América, nos hace ganar un protagonismo y prestigio inusitado para todo el tráfico, tanto marítimo como aéreo, proveniente de Europa, que formamos parte integrante de la Europa comunitaria. Somos el trampolín que transmite el contenido de un acervo cultural. Aún más, constituimos el pequeño eslabón del pasado aborigen de cada isla. Esos acontecimientos de antaño son los que contribuyeron de una forma o de otra para construir el presente.

       Canarias jamás ha vivido de espaldas a sus raíces, ni mucho menos ignorarlas. Tenemos la obligación de conocer nuestros antecedentes para saber juzgar el presente y situarnos en el lugar que nos corresponde. Seamos fieles a unos sentimientos transmitidos y a unas costumbres y tradiciones que son un precioso e interesante legado de nuestros antepasados. Consideraban su tierra como un conjunto de usos y costumbres, que regulaban su convivencia, sus medios de vida, sus divisiones y romances.

                              Tales elementos, anteriormente relatados, fortalecían su cultura junto al costumbrismo heredado, que eran rasgos relevantes en su andadura convivencial en torno a la muerte y sus creencias, la veneración a la ancianidad, sumisión a la esposa, obediencia a los menceyes o jefes, respeto a sus antepasados y las prácticas funerarias.

         Llevado por el espíritu que me une a aquellos pacíficos moradores, los guanches, que sólo querían seguir disfrutando de su propiedad, de su identidad y de su ancestral comunidad en legítimas posesiones, manifiesto que Canarias fue, es y será admirada como una bella miniatura del mundo y un testigo inexplicable de la estética solitaria del Atlántico azul y profundo sobre los cíclopes, atalayas lávicas, coronadas por el majestuoso y sempiterno guardián, el Teide.

                              La razón de que se celebren tantos eventos alusivos a tal efeméride en los colegios y lugares públicos de nuestras islas es formar una sobre el mismo mar y reflejar la fidelidad a unos sentimientos transmitidos y a unas tradiciones que son un precioso legado de nuestros ancestrales aborígenes. Canarias, sin lugar a dudas, posee una proyección hacia una apertura al bienestar y al progreso. El Día de Canarias debe de ser ese vínculo que nos una a todos los canarios de aquí con los que están en cualquier parte del mundo.

      La manera de ser nosotros abiertos e innovadores, acogedores y hospitalarios, hace que guardemos consonancia con la realidad y formemos parte de la Europa comunitaria. Además, somos el puente que transmita el contenido de un acervo cultural, constituyendo el pequeño eslabón del origen prehispánico de cada una de las islas. Estos acontecimientos de antaño son los que contribuyeron de una forma u otra a la construcción del presente. Nuestra obligación será conocer los antecedentes que nos inciten a juzgarlos y situarnos en el lugar correspondiente.

                              No hay mayor intención que aquella, que no sabemos y nos abra la curiosidad de alcanzar el conocimiento suficiente de lo que el tiempo nos haya ocultado por diversas circunstancias y el por qué se manifiesta sin darnos cuenta y sin alguna explicación. La curiosidad de investigar es la razón por lo que escribo este trabajo. También ignoramos que ese misterio del pasado nos espera en la isla donde hemos decidido los palmeros situarnos como punto geográfico, tres mil kilómetros al sur.

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