Sentirnos unidos por un mismo mar es un sentimiento único
para celebrar la efeméride del Día de Canarias, es un orgullo de ser canario y
hallarnos conscientes de que formamos una Comunidad Autónoma con representación
e identidad propia. Sé que no podemos vivir del pasado, sino que debemos ser
receptivo al progreso con un solo objetivo que nos haga capaces de conseguir un
futuro esperanzador.
Canarias tiene su propia historia, recogida por la memoria
popular. Es un todo sobre el mismo mar con proyección hacia un mañana no muy
lejano, esperanzador y sin frontera, abierto al bienestar y al progreso.
El Día de Canarias debe de ser el puente que nos mantenga
unidos a los canarios de aquí con los que están lejos, porque cada pueblo posee
su historia conteniendo la esencia de un acontecer que ha sido recogido en el
recuerdo y añoranza, enmarcado por la tradición y la cultura. La forma de ser
el canario abierto e innovador, acogedor y hospitalario, hace que guarde
consonancia con la realidad.
Considerado el reto como un punto estratégico y
comercialmente estimado en las rutas hacia América, nos hace ganar un
protagonismo y prestigio inusitado para todo el tráfico, tanto marítimo como
aéreo, proveniente de Europa, que formamos parte integrante de la Europa
comunitaria. Somos el trampolín que transmite el contenido de un acervo
cultural. Aún más, constituimos el pequeño eslabón del pasado aborigen de cada
isla. Esos acontecimientos de antaño son los que contribuyeron de una forma o
de otra para construir el presente.
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Canarias jamás ha vivido de espaldas a sus
raíces, ni mucho menos ignorarlas. Tenemos la obligación de conocer nuestros
antecedentes para saber juzgar el presente y situarnos en el lugar que nos
corresponde. Seamos fieles a unos sentimientos transmitidos y a unas costumbres
y tradiciones que son un precioso e interesante legado de nuestros antepasados.
Consideraban su tierra como un conjunto de usos y costumbres, que regulaban su
convivencia, sus medios de vida, sus divisiones y romances.
Tales elementos, anteriormente relatados, fortalecían su
cultura junto al costumbrismo heredado, que eran rasgos relevantes en su
andadura convivencial en torno a la muerte y sus creencias, la veneración a la
ancianidad, sumisión a la esposa, obediencia a los menceyes o jefes, respeto a
sus antepasados y las prácticas funerarias.
Llevado por el espíritu que me une a aquellos pacíficos
moradores, los guanches, que sólo querían seguir disfrutando de su propiedad,
de su identidad y de su ancestral comunidad en legítimas posesiones, manifiesto
que Canarias fue, es y será admirada como una bella miniatura del mundo y un
testigo inexplicable de la estética solitaria del Atlántico azul y profundo
sobre los cíclopes, atalayas lávicas, coronadas por el majestuoso y sempiterno
guardián, el Teide.
La razón de que se
celebren tantos eventos alusivos a tal efeméride en los colegios y lugares
públicos de nuestras islas es formar una sobre el mismo mar y reflejar la
fidelidad a unos sentimientos transmitidos y a unas tradiciones que son un
precioso legado de nuestros ancestrales aborígenes. Canarias, sin lugar a
dudas, posee una proyección hacia una apertura al bienestar y al progreso. El
Día de Canarias debe de ser ese vínculo que nos una a todos los canarios de
aquí con los que están en cualquier parte del mundo.
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La manera de ser nosotros abiertos e innovadores, acogedores
y hospitalarios, hace que guardemos consonancia con la realidad y formemos
parte de la Europa comunitaria. Además, somos el puente que transmita el
contenido de un acervo cultural, constituyendo el pequeño eslabón del origen
prehispánico de cada una de las islas. Estos acontecimientos de antaño son los
que contribuyeron de una forma u otra a la construcción del presente. Nuestra
obligación será conocer los antecedentes que nos inciten a juzgarlos y
situarnos en el lugar correspondiente.
No hay mayor intención que aquella, que no sabemos y nos
abra la curiosidad de alcanzar el conocimiento suficiente de lo que el tiempo
nos haya ocultado por diversas circunstancias y el por qué se manifiesta sin
darnos cuenta y sin alguna explicación. La curiosidad de investigar es la razón
por lo que escribo este trabajo. También ignoramos que ese misterio del pasado
nos espera en la isla donde hemos decidido los palmeros situarnos como punto
geográfico, tres mil kilómetros al sur.
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