Hay que comprender en el tiempo de hoy las circunstancias
son distintas y difíciles de resolver. La labor sin frontera de una escuela
unitaria es el caso que nos obliga a comentar estas líneas. Siempre es poco el
esfuerzo de compañeras y compañeros que acuden a ellas a impartir lo básico a
niñas y niños de un medio rural.
Todos los comienzos del Curso Escolar se enciende la chispa
del posible cierre de unidades por el escaso ratio de alumnos, debido al número
de población o de la merma de nacimientos por los compromisos de las parejas
formales o no dentro del ámbito comunitario. Fomentando las agrupaciones en
otros lugares lejanos del domicilio familiar.
Conozco el palpable pulso diario de las desventajas que
tienen y que su misión sea reconocida por una sociedad cambiable, con ciertos
criterios ajenos a los intereses de lugares alejados de grandes núcleos
poblacionales.
El cierre de unidades por el requerimiento de un número a
causa de una matrícula anual, parece intransigente en contra de los alumnos,
profesores y colectivos vecinales. Se comete, según mi opinión, un grave error
y desorientación.
Ya hemos llegado al punto y final, las sugerencias serán bastantes. Sólo prevalece el concederle a la administración un NM (necesita mejorar). El que más y el que menos pecamos siempre señalando hacia el mismo lado. Seamos innovadores y precavidos en dar pasos firmes y precisos para ofrecer una enseñanza competitiva y en pro de la comunidad educativa. Llegado a este punto, recordamos el viejo refranero español: […] en casa del herrero se come con cuchara de palo.
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