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domingo, 20 de septiembre de 2026

LAS FIESTAS DE SEPTIEMBRE EN EL BARRIO DE SAN TELMO


                               Constituye una gran satisfacción para mí poder contar con el apoyo del frágil recuerdo de mi contumaz memoria para hablar de un pasado memorable del barrio de San Telmo en Santa Cruz de La Palma, ligado a la veneración de unas imágenes de candelero como Nuestra Señora de La Luz y de su Patrón, San Telmo.

                              Su Fiesta de septiembre es un acontecer apoteósico de gran entusiasmo, colaboración y de tantas manifestaciones artísticas por las calles y rincones adornados con luces de colores, pequeñas banderas canarias y españolas colgadas de un extremo a otro y colgaduras en miles de ventanas, que vigilan como perennes centinelas, guardianes de un pasado, quedándonos atónitos ante el derroche de muchos sacrificios convertidos en auténticos vítores a la Madre de Dios.

                              Sin olvidar ser parte integrante del pasado pletórico y de un presente vivo, vinculado a la pauta del tiempo, nos adentramos en la historia de un antaño que ha dejado huellas y un rico legado, lleno de ilusiones, fe y ánimo de hacerlo mejor en el futuro incondicional.

                               Se nos hace imprescindible los testimonios transmitidos de los mayordomos habidos: Gabriel Gómez, Josefa (Morita), Lola de las Casas Pérez… y otros más como fuente inexcusable. La colectividad nos reclama extraer el nombre del noble sacerdote, párroco de la parroquia Matriz de El Salvador, Félix Hernández Rodríguez; Felipe López, que con su inolvidable musical escribió su Loa a la Virgen de La Luz (1966); Manuel Pérez Paiz y los innumerables colaboradores, que hicieron posible el esplendor del evento anual con la intensa actividad ciudadana, teniendo una sobresaliente importancia en algunos aspectos fundamentales del enclave. Siento elogiable la labor de las familias, artífices de tal realidad con un afán desinteresado y emprendedor.

                              Entre los sentimientos y la devoción completan un lazo para que los feligreses disfruten el apego de los convecinos durante el recorrido procesional en una noche mágica. Gracias, por los objetivos alcanzados al socaire del Risco de la Concepción marcando las diferentes estaciones del año, el barrio pone sonido y música propia a cada una, tiempo pasado cuando las casas se alongaban al mar y los vecinos saludaban y despedían a los barcos semanales, cuando crecía la hierba entre el empedrado, corrían los barrancos…  San Telmo se recreaba de sus fiestas y costumbres en un marco incomparable por ser un barrio muy antiguo, tranquilo y silencioso.

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