fecha

 

domingo, 6 de septiembre de 2015

EL PINCEL DE ORESTES ANATOLIO

                              Me imagino que las dificultades en ese entonces eran las mismas de hoy, pero con distinto matiz, cuando un muchacho de pantalones cortos correteaba por el cayado de Maldonado de Santa Cruz de La Palma llamado Orestes Anatolio (1935). No sé cuantas veces se sentaría en una roca a contemplar el litoral salpicado de salitre de Martín Luis (Puntallana). A lo lejos los matices de luces, danzando al compás de un mágico arrebol, llenaban las ilusiones de un joven con miras hacia el futuro. No es extraño contemplar lo irreal de sueños inconexos en un marco artístico para hacerse mucho más tarde puro y real, contemplando y perfeccionando con sabia ciencia de maestro.
                              Sus hábiles manos palpan y, luego, acarician con la suavidad de un experto los paisajes urbanos y rurales con evocaciones de casonas adornadas de balcones y plantas invitando a abrir un sexto sentido a lo no percibido jamás. Se busca y se halla  a si mismo inmerso en la difícil tarea de la aguada. Es único en analizar cada momento que ve para sintetizar lo estudiado con serenidad asombrosa y plasmar las luces de las panorámicas, impresionando hasta el más simple observador. Se convierte, así, en un auténtico paladín de las calles y plazas, distintos rincones canarios, enseñándonos a quererlos y a sacarles utilidad. La gran luminosidad se enaltece por los juegos de sombras, al tiempo que las manchas describen situaciones, que se convierten en el contrapunto de equilibrio necesario para que todo adquiera sentido.
La Laguna. Acuarela
                              En sus acuarelas y óleos son tonos y gamas asomándose en el soporte y disolviéndose para unirse con otros de igual o diferente textura. Está estructurado firmemente uniendo lo estéreo y lo profundo. Capta la misma naturaleza en su propia esencia, pintándola desde una óptica realista y pensando que nada puede superar en belleza lo real.
                              Dedicación y entrega se dan la mano para la creación de una obra, que desde el goce  íntimo transmite emociones y algo más muy poco descriptible. No quepa la menor duda, están resueltas desde la brillantez y la seguridad inigualable, dando a la muestra el toque magistral, que enamora y nos deja incauto ante aquellos fraudulentos impostores. Repleta de intimismo con la precisa alegría cromática. El cartón se transforma en paleta y la materia en vivaz y latente, donde el pincel recorre con aparente libertad controlada.

1 comentario:

  1. Quería comentarte que la segunda imagen...la de los balcones no es de Orestes Anatolio, si no del sobrino Francisco Rojas. Gracias.

    ResponderEliminar