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domingo, 10 de mayo de 2026

LA CURIOSIDAD DE APRENDER


                               No hay mayor intención,   que aquella que nos abra la curiosidad de llegar al conocimiento de alguna explicación. La curiosidad de investigar lo que os voy a relatar, porque es la razón por la que escribo este trabajo de interés público. En la Prensa provincial y diaria, hace algunos años, bastantes para considerarlo histórico, concretamente en abril, leí que el Viernes Santo, a las doce del mediodía, sale de la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, en Santa Cruz de Tenerife, la popular procesión de los republicanos, como normalmente es conocida, con la Virgen de Las Angustias.

                              El paso de la Virgen en su recorrido por la calle Emilio Calzadilla, me llamó la atención, despertándome el afán de conocer la raíz de tal denominación. En un balcón estaba atada a la barandilla del mismo la bandera republicana, signo que no conocía por nacer posteriormente a esa época, que marcó un antes y un después en la reciente historia contemporánea de España con crespón negro en señal de respeto hacia la imagen mariana. Circunstancia que me obligó a preguntar a las personas de los alrededores: ¿Qué bandera era aquella?, y ¿de quién era aquella vivienda?

                              Posiblemente, no tardó en llegarme las respuestas a mis preguntas, la vivienda mencionada sea la que perteneció a don Emilio Calzadilla Dugour (1875-1916), santacrucero de bien, alcalde republicano, y eminente figura política de ese entonces capital provincial, hijo de un destacado abogado, Rafael Calzadilla y Calzadilla. Nacido en el seno de una familia republicana y vinculada a la abogacía, se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1900. Poco más tarde, pasaría a presidir el Partido Republicano Tinerfeño. Del 15 de enero al 19 de julio de 1913, fue alcalde accidental de Santa Cruz de Tenerife, ante la ausencia del titular Marcos Peraza Vega, y volvería a serlo, del 7 de julio al 8 de noviembre de 1915, sustituyendo a Antonio Vivanco Santillán.  


                             Según palabras de Juan del Castillo, en el programa de Semana Santa 1999, que dice así: ‘Después de atravesar el viejo Santa Cruz, primero ante el Ayuntamiento, - hoy Audiencia Provincial, - y después ante el Café La Peña, recibía el fervoroso homenaje de los republicanos chicharreros, mientras la Banda amenizaba tan insólito encuentro con el “adiós a la vida”, de Tosca. Desfile vinculado a dos nombres, Miguel Arroyo, su escultor, que según la tradición oral dio a la imagen los rasgos fisiológicos de su hija Angustias y el de don Emilio Calzadilla, que siendo alcalde accidental y, ante de la negativa de los concejales republicanos, de pagar la Banda de Música para la procesión, se ofreció a abonar todos los gastos’.

                              Calzadilla Dugour decidió sufragar por cuenta propia los gastos y honorarios pertinentes de la Banda de Música y ésta decidió tocar alguna pieza que fuera del agrado del señor alcalde. Relata que éste era muy entusiasta de Giacono Puccini por lo que se optó por el ‘adiós a la vida’ de la ópera Tosca, adaptándose a marcha procesional.

                              Para completar la información, quisiera añadir que los Padres Claretianos, encargados del mantenimiento religioso y decoro del templo, no podían hacer frente a una elevada carga por su precaria economía y que suponía prescindir del acompañamiento musical. Continuando en la dilatada investigación y, al mismo tiempo, consultando en fidedignas fuentes orales de ciertos polifacéticos historiadores a lo largo y ancho del tiempo, llegué a la conclusión de la susodicha consulta.

                              La Banda de Música, dirigida por el maestro Senda, en tan sublime década, y en agradecimiento al gesto desinteresado de don Emilio, interpretó dicha pieza musical en su nombre y no en honor a la sagrada imagen. A este último dato se hace acreedor el calificativo dado a la popular procesión, procesión de los republicanos, y que se ha transmitido hasta hoy, año tras año.

                              Hoy, sin embargo, se sigue haciendo por la Banda Municipal de Música en la esquina de la calle San Francisco y Bethencourt Alfonso, ante la mirada atenta e inspirada devoción de cantidad de fieles, que acompañan a la Dolorosa. He querido contribuir a enriquecer la memoria colectiva y a conocer la historia del pueblo llano, rescatando del olvido los testimonios visuales de su entrañable pasado.

                              Merecen un reconocimiento quienes contribuyeron al conocimiento y cuidado de un testimonio digno de mención en el campo de la crónica de su tiempo, aportando la esencia de la centuria sin ser protagonistas.

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