Cuantas veces pasé cerca de los astilleros de Santa Cruz de
Tenerife, mientras circulaba por la autovía que une al barrio pesquero de San
Andrés con la capital provincial. Entonces, desde lejos observaba la silueta
del correíllo La Palma, varado en las viejas instalaciones mercantiles, en una
situación circunstancial de espera, a merced de las indecisiones
institucionales.
Esta cultura marítima de las Islas Canarias se traduce en el
establecimiento de verdaderas dinastías de maestres, fabricantes y pilotos. Se
trata de una transmisión marinera que, con altibajos, llega a los albores del
novecientos, con gran arraigo en el bagaje colectivo de los canarios, cuando la
construcción de barcos de vela decayó a favor por la competencia de los grandes
vapores que monopolizaron el comercio y el tráfico, traspasando fronteras
insospechadas.
Desde estas islas, dando un encanto
privilegiado fidedigno a divisar la inmensidad de los pensamientos y la
grandeza de lo que guardamos dentro de nosotros y exteriorizamos conforme
suceden los acontecimientos.
Mi memoria fiel a lo que está escrito en las extensas
páginas de la historia de Canarias, centinela de recuerdos únicos en el
acontecer de una época espléndida en el mundo mercantil de la navegación de los
correíllos, que fueron unos barcos que unieron las islas durante muchos años.
Hoy tenemos el orgullo de poseer uno de ellos: ‘La Palma’, inscrito en los
Círculos de los Registros Mercantiles de Navegación de Santa Cruz de La Palma.
Se encargaban de llevar pasajeros, pequeñas cargas generales de distinta
facturación y correo postal entre los principales puertos y los menos
importantes entre las componentes islas del archipiélago canario. Por su
sobresaliente misión recibían el apelativo de ‘correíllos’, siendo conocidos popularmente
así.
Se dedicaron predominantemente con las islas capitalinas,
Gran Canaria y Tenerife, con una periodicidad de entre 2 y 3 veces por semana.
Posteriormente, garantizada la rentabilidad mercantil comenzaron a ampliar
nuevas rutas. La empresa antes citada era propiedad de la multinacional
británica ‘Elder Demspter & Co’, vio desde el principio con vista
comercial, el comienzo potencial de las islas como lugar de escala con África,
comprando los derechos y los primeros correíllos canarios, vapores para dar
servicio en Canarias, cuyos nombres fueron ‘Formoso’, ‘Froncados’ y ‘Mercey’,
uniéndose, después, los superconocidos ‘Viera y Clavijo` ’León y Castillo’ y
‘La Palma’. Los últimos revolucionaron la comunicación entre las islas durante
más de medio siglo, llegando al archipiélago en torno al 1912. Desde el inicio
se demostró que a ser notable su presencia por su gran eslora, permitía alojar
en su interior a 190 pasajeros, distribuidos en 3 clases o categorías.
La misma cantidad de menor tamaño fueron mandados a construir
por la empresa Elder, reforzando la potencialidad que habían obtenido los otros
comercialmente en aguas insulares. De menor capacidad, 50 pasajeros, recibieron
los nombres de ‘Lanzarote’, ‘Fuerteventura’ y ‘Gomera-Hierro’.
Con el mencionado tipo de embarcaciones se trazaba un antes y un después, un ayer y un hoy, en la memoria de la navegación en Canarias. Llevaron por todos los puertos de las islas en su bandera de popa las letras ‘CM’, es decir, ‘Correo Marítimo’. Con el paso del tiempo, también se colocaría un buzón en el muelle, al pie de la escala, para que los ciudadanos pudieran depositar sus cartas.
Entre un conjunto de complementos utilizados para su construcción se revistió una determinada zona de su estructura con madera noble y con cascos de color negro, dándole una imagen inconfundible en el lugar que estuvieran de las instalaciones portuarias.
Se conserva el
centenario correíllo ‘La Palma’, construido en 1912, ya mencionado
anteriormente, para la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios.
Constituyendo una antesala en el ámbito oceánico insular hasta los primeros
aeropuertos, dejando de ser la única vía de conexión. Es memoria viva,
contemporáneo al ‘Titanic’, hecho en los astilleros de W. Harkess & Son
Lid. en Middlesbrough (Inglaterra) con el número de construcción 192.
Estuvieron en activo 60 años con una destacada época de
esplendor. Los correíllos canarios ‘Viera y Clavijo’ y ‘León y Castillo’ fueron
retirados del servicio interinsular antes que el homólogo ‘La Palma’. El
primero, lo hizo hasta 1967 y el, segundo, hasta 1971. En el otro caso,
correíllo ‘La Palma’, perduró hasta 1976. Los otros más pequeños comenzaron a
salir de su actividad cotidiana en los años 60, como el ‘Gomera-Hierro’, en
1965, el ‘Lanzarote’, en 1967, y el ‘Fuerteventura’, desconociendo la fecha,
uno tras otro, acudieron al desguace. Ya en esta época la empresa propietaria
no era Elder, sino Transmediterránea.
Precisamente, por el relativo poco tiempo que los correíllos
negros, que fueron sustituidos por los de color blanco, del servicio activo
siguen estando en el recuerdo de la población canaria.
Se logró rescatar uno de ellos y fuese llevado del puerto de
La Luz y de Las Palmas a la capital tinerfeña para ser rehabilitado en febrero
de 1986 y debido a la falta de inversión pública, aún, no ha sido reparado por
completo.
En ese estado de abandono habrá sido saqueado, según
referencias periodísticas. Presenta bastantes desperfectos en su estructura y
propulsión. Felicidades a la Fundación Canaria ’Correíllo La Palma’ por su
fuerza de apoyo en la lucha del proyecto y el éxito de conseguir lo propuesto.
Se ha marcado el meridiano entre una época de la construcción naval de principios
del siglo XX y el futuro del último superviviente de los barcos en cuestión.
¿Por qué salvar el correíllo ‘La Palma’? La incertidumbre
oscurece mi respuesta, pero tengo la esperanza suficiente al mantener de que el
vapor tendrá una ubicación y destino cultural, histórico marinero y rescatado
para el patrimonio universal.
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