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domingo, 11 de octubre de 2026

AÑORAR EL TIEMPO DE LOS CORREÍLLOS CANARIOS


                              Al añorar el tiempo pasado me surge una imagen en mi memoria, convertida en vivencia. Leo en la Prensa los trabajos de restauración con el título ‘Restaurar el correíllo’, una vez abierto mi archivador personal. Inmediatamente, he recordado los muchos viajes que hice entre las islas, por algunas de ellas, por ser el medio de transporte más común, aún los aviones no llegaban a Canarias con ese requerimiento necesario por falta de aeropuertos en el territorio insular.

                              Cuantas veces pasé cerca de los astilleros de Santa Cruz de Tenerife, mientras circulaba por la autovía que une al barrio pesquero de San Andrés con la capital provincial. Entonces, desde lejos observaba la silueta del correíllo La Palma, varado en las viejas instalaciones mercantiles, en una situación circunstancial de espera, a merced de las indecisiones institucionales.

                              Esta cultura marítima de las Islas Canarias se traduce en el establecimiento de verdaderas dinastías de maestres, fabricantes y pilotos. Se trata de una transmisión marinera que, con altibajos, llega a los albores del novecientos, con gran arraigo en el bagaje colectivo de los canarios, cuando la construcción de barcos de vela decayó a favor por la competencia de los grandes vapores que monopolizaron el comercio y el tráfico, traspasando fronteras insospechadas.

                               Desde estas islas, dando un encanto privilegiado fidedigno a divisar la inmensidad de los pensamientos y la grandeza de lo que guardamos dentro de nosotros y exteriorizamos conforme suceden los acontecimientos.

                              Mi memoria fiel a lo que está escrito en las extensas páginas de la historia de Canarias, centinela de recuerdos únicos en el acontecer de una época espléndida en el mundo mercantil de la navegación de los correíllos, que fueron unos barcos que unieron las islas durante muchos años. Hoy tenemos el orgullo de poseer uno de ellos: ‘La Palma’, inscrito en los Círculos de los Registros Mercantiles de Navegación de Santa Cruz de La Palma. Se encargaban de llevar pasajeros, pequeñas cargas generales de distinta facturación y correo postal entre los principales puertos y los menos importantes entre las componentes islas del archipiélago canario. Por su sobresaliente misión recibían el apelativo de ‘correíllos’, siendo conocidos popularmente así.


                              En 1855, por el interés suscitado los servicios prestados se crea la empresa ‘Vapores y Correos Interinsulares Canarios’, que transforman y mejora la comunicación y el transporte por el medio idóneo del momento. Los primeros buques con los que contaron eran movidos por la fuerza eólica, a velas y con siluetas, de pequeños calados, conocidas por las aguas oceánicas atlánticas de las islas.

                              Se dedicaron predominantemente con las islas capitalinas, Gran Canaria y Tenerife, con una periodicidad de entre 2 y 3 veces por semana. Posteriormente, garantizada la rentabilidad mercantil comenzaron a ampliar nuevas rutas. La empresa antes citada era propiedad de la multinacional británica ‘Elder Demspter & Co’, vio desde el principio con vista comercial, el comienzo potencial de las islas como lugar de escala con África, comprando los derechos y los primeros correíllos canarios, vapores para dar servicio en Canarias, cuyos nombres fueron ‘Formoso’, ‘Froncados’ y ‘Mercey’, uniéndose, después, los superconocidos ‘Viera y Clavijo` ’León y Castillo’ y ‘La Palma’. Los últimos revolucionaron la comunicación entre las islas durante más de medio siglo, llegando al archipiélago en torno al 1912. Desde el inicio se demostró que a ser notable su presencia por su gran eslora, permitía alojar en su interior a 190 pasajeros, distribuidos en 3 clases o categorías.

                              La misma cantidad de menor tamaño fueron mandados a construir por la empresa Elder, reforzando la potencialidad que habían obtenido los otros comercialmente en aguas insulares. De menor capacidad, 50 pasajeros, recibieron los nombres de ‘Lanzarote’, ‘Fuerteventura’ y ‘Gomera-Hierro’.

                              Con el mencionado tipo de embarcaciones se trazaba un antes y un después, un ayer y un hoy, en la memoria de la navegación en Canarias. Llevaron por todos los puertos de las islas en su bandera de popa las letras ‘CM’, es decir, ‘Correo Marítimo’. Con el paso del tiempo, también se colocaría un buzón en el muelle, al pie de la escala, para que los ciudadanos pudieran depositar sus cartas.

                              Entre un conjunto de complementos utilizados para su construcción se revistió una determinada zona de su estructura con madera noble y con cascos de color negro, dándole una imagen inconfundible en el lugar que estuvieran de las instalaciones portuarias.

                              Se conserva el centenario correíllo ‘La Palma’, construido en 1912, ya mencionado anteriormente, para la Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios. Constituyendo una antesala en el ámbito oceánico insular hasta los primeros aeropuertos, dejando de ser la única vía de conexión. Es memoria viva, contemporáneo al ‘Titanic’, hecho en los astilleros de W. Harkess & Son Lid. en Middlesbrough (Inglaterra) con el número de construcción 192.


                              Todas estas embarcaciones estaban capacitadas para atracar en cualquier muelle de los puertos isleños, sean los que fueren, debido a su eslora, longitud de proa a popa, o lo hacían fondeando, echando anclas, en un lugar cercano y seguro, con lanchas a remos, ‘caleteras’, con la propia marinería, prestando el mejor servicio a los pasajeros y carga en general.

                            Estuvieron en activo 60 años con una destacada época de esplendor. Los correíllos canarios ‘Viera y Clavijo’ y ‘León y Castillo’ fueron retirados del servicio interinsular antes que el homólogo ‘La Palma’. El primero, lo hizo hasta 1967 y el, segundo, hasta 1971. En el otro caso, correíllo ‘La Palma’, perduró hasta 1976. Los otros más pequeños comenzaron a salir de su actividad cotidiana en los años 60, como el ‘Gomera-Hierro’, en 1965, el ‘Lanzarote’, en 1967, y el ‘Fuerteventura’, desconociendo la fecha, uno tras otro, acudieron al desguace. Ya en esta época la empresa propietaria no era Elder, sino Transmediterránea.

                              Precisamente, por el relativo poco tiempo que los correíllos negros, que fueron sustituidos por los de color blanco, del servicio activo siguen estando en el recuerdo de la población canaria.

                              Se logró rescatar uno de ellos y fuese llevado del puerto de La Luz y de Las Palmas a la capital tinerfeña para ser rehabilitado en febrero de 1986 y debido a la falta de inversión pública, aún, no ha sido reparado por completo.

                              En ese estado de abandono habrá sido saqueado, según referencias periodísticas. Presenta bastantes desperfectos en su estructura y propulsión. Felicidades a la Fundación Canaria ’Correíllo La Palma’ por su fuerza de apoyo en la lucha del proyecto y el éxito de conseguir lo propuesto. Se ha marcado el meridiano entre una época de la construcción naval de principios del siglo XX y el futuro del último superviviente de los barcos en cuestión.

                              ¿Por qué salvar el correíllo ‘La Palma’? La incertidumbre oscurece mi respuesta, pero tengo la esperanza suficiente al mantener de que el vapor tendrá una ubicación y destino cultural, histórico marinero y rescatado para el patrimonio universal.

                              Amarrado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, ya no echa humo, ni marca la vida del archipiélago. Su casco de acero remachado, simboliza un tiempo en el que Canarias latía al ritmo del vapor y siempre ha estado al mar y a los barcos. Los correíllos forman parte de sus recuerdos colectivos. Desde el inicio el objetivo fue concreto y poco habitual: ‘Restaurarlo completamente y devolverlo a condición de navegación’. Conservar el pasado es avanzar.  

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