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domingo, 2 de octubre de 2016

PREGÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ Y SAN TELMO DE 2016 (I)

    (Mientras hagamos la lectura vais a saber, que el Pregón se desarrolla sobre tres grandes bloques con respecto al barrio de San Telmo:
     1º.- La situación del barrio en el perímetro de la ciudad de Santa Cruz de La Palma.
     2º.- Su arte, arquitectura y sentimientos efímeros como patrimonio.
     3º.- Sus costumbres, personas y acontecimientos importantes en el tiempo y ámbito local.
Lectura del Pregón. 7 de septiembre
                               Al socaire del Risco de la Concepción marcando las diferentes estaciones del año, la ciudad pone sonido y música propia a cada una, y en tiempo pasado cuando las casas se alongaban al mar y los vecinos saludaban y despedían a los barcos semanales, cuando crecía la hierba entre el empedrado, corrían los barrancos…, Santa Cruz de La Palma se recreaba de sus fiestas y costumbres en un marco incomparable por ser una ciudad muy antigua, tranquila y silenciosa. Conserva todavía edificios contemporáneos a su fundación, tiene muy airoso emplazamiento, que no es raro dado lo abrupto de su topografía, toda ella aparece construida como en anfiteatro, de manera que ya llegando desde el barco no nos es posible abarcarla en su extensión, nos lo diría Dulce María Loynaz, prestigiosa escritora cubana que mereció el Premio Miguel de Cervantes de Literatura en 1992, ello unido a las torres y espadañas de sus muchas iglesias que les prestan un singular encanto.
                              Santa Cruz de La Palma o, como la llaman invariablemente por toda la isla, la “Ciudad”, como describiera la británica Olivia Mary Stone, durante su visita a nuestra isla en 1883, en su obra literaria “Tenerife y sus seis satélites”, se encuentra sobre una ladera inclinada, con sus casas blancas, de azoteas, elevándose unas sobre otras, agrupadas al pie de las montañas…
Santa Cruz de La Palma. Vista parcial
                              La ciudad nació de la bahía y esta realidad fundacional ha marcado su historia con un sello indeleble en el transcurso de los siglos. Desde siempre Santa Cruz de La Palma vivió para el mar y gracias al mar, que teje perennemente sus encajes de espuma a sus orillas y la acaricia  con dulces arrullos con un encanto indescriptible, y a través suyo la isla toda se propagó por los mares y las tierras conocidas. Adentrarnos en el mundo de la navegación desde la existencia del hombre es constatar con nuestra historia marinera a partir de varias centurias, que han dejado huellas para la gloria y conocimiento de la construcción naval en La Palma.
En los astilleros a nivel de playa surgió una industria floreciente de competición y vanguardia, que en la carrera de Indias cosechó grandes éxitos. Sus barcos, construidos por fabricantes locales, carpinteros de ribera y por armadores, surcaban los mares y unían puertos tan distantes como los de La Habana y Amberes. Para comerciar con Indias la Corona de Castilla creó en nuestra capital, si bien por breve tiempo, el primer y único Juzgado Oficial de la Contratación de Indias en las islas Canarias, muy al principio de 1564, al tiempo que las naves isleñas transportaban vinos y brea, principalmente, a los puertos de Hispanoamérica, y traían de estos mismos puertos y de Flandes pieles, barcos, plata y objetos suntuarios, especialmente de estilo religioso.
                              Esta cultura marítima de Santa Cruz de La Palma se traduce en el establecimiento de verdaderas dinastías de maestres, fabricantes y pilotos, como las que ejemplifican las sagas de los Cano, Díaz Pimienta, Arozena Lemos y Henriquez, Casas Lorenzo, Rodríguez González, Fernández y otros tantos más, sin dejar de mencionar a los armadores como Manuel Yanes, artífices de la ingeniería naval, que constituyeron auténticas familias de constructores y navieros. Se trata de una transmisión marinera que, con altibajos, llega a los albores del novecientos, con gran arraigo en la memoria colectiva de los palmeros, cuando la construcción de barcos de vela decayó a favor por la competencia de los grandes vapores que monopolizaron el comercio y el tráfico nacional e internacional.    
Plaza de La Luz. Acondicionamiento
                              Tengo el orgullo de hacer realidad, desde el comienzo del presente pregón, el agradecimiento a todas las personas que, de una forma u otra, han contribuido al engrandecimiento y embellecimiento del barrio de San Telmo, que en medio del mar y de las montañas, a los pies de la majestuosa Caldereta, se alza risueño con sus pendientes calles y sus viejos caserones, y de todo aquello que constituye su patrimonio, acervo social y cultural. Sea como fuere y aunque aún sigan algunos detalles en la incertidumbre, la fortuna se ha multiplicado, enriquecido y matizado con testimonios fieles y fiables a la tradición, arquitectura, escultura, devoción y costumbres ancestrales y populares, tan lleno de emoción y de arrobamiento poético, que difícilmente tiene cabida en el marco, siempre estrecho, de las palabras, y el haber nacido y desarrollado mi niñez, infancia, juventud, vida familiar y profesional en el barrio, que se halla enclavado en el extremo sur de Santa Cruz de La Palma.
Recito aquellos versos míos editados en “EL DÍA” de Tenerife el miércoles, 5 de febrero de 1997, y en el programa de 1998, titulados: “Barrio de San Telmo”.
  -A mi barrio de San Telmo,
con su Virgen de La Luz
y San Telmo marinero,
recito con plenitud
unos versos pregoneros:
   ¡Viva la Virgen del Risco,
que llevan el mismo nombre,
balcón del barrio costero!
   A San Telmo yo le pido
certera Fe y singladura
por el mar de la amargura,
que es un gozo compartido.
   En septiembre la oración,
en mi barrio de San Telmo,
se convierte en el Pregón
de la Fiesta de la Virgen
y de su Santo Patrón.
                              Esta singularidad con diferencias se reproduce en muchos detalles arquitectónicos, artísticos y religiosos integrados en un ámbito local y reconocido con la debida documentación y señalización. Esto sirva de memoria para rendir un sincero homenaje a los hombres de la mar, vecinos y bienhechores, devotos de las veneradas imágenes, que supieron atesorar y conservar un bagaje de conocimientos o noticias de incalculable valor e inolvidables en el transcurso del tiempo, apostando por la cultura, que es la mejor herramienta para construir el futuro.
Calle de San Telmo. El Cabo
                                  Sus edificios se distribuyen hacia el interior por su escarpada situación geográfica mirando al Atlántico y pregonando su vocación marinera, que tanto nos ha dado y seguirá dándonos. Se asoma al mar por esta atalaya del Risco de La Luz, recibiendo la suave brisa que arranca sonidos y perfumes embalsamadores, y posee rincones muy pintorescos, como recoletos y peculiares. En sus entrañas tenemos los aledaños del templo, El Tanquito, El Cabo, Timibúcar y El Galión. En ellos se armonizan el papel popular de las viejas plazas y, actualmente, las nuevas de Quisisana, Periodista Juan Francisco Pérez y un parque frente al colegio Anselmo Pérez de Brito. Las calles de San Telmo, Virgen de La Luz, callejón Espino y Guanil, Rosario, Navarra, Pintado, Álamos, Tanquito, Tres de Mayo, Teneguía, Pintor Francisco Concepción, antes Vendaval, Sol, Párraga, Morales, Nogales y otras aportan el tipismo tanto en la arquitectura y en la idiosincrasia de sus moradores.
                              Tiene el privilegio de contar con un pasado rico en acontecimientos y con un aspecto animado, laborioso, cristiano, señorial, agradable y generoso que ofrece la suprema manifestación de fe y de arte con la belleza de sus rincones en una admirable armonía de colores, fragancias, religiosidad y de amor al celebrar su gran fiesta del año. Es el balcón sobre el puerto, desde donde se divisa un amplio horizonte y unas bellas panorámicas paisajísticas del municipio, desde el que se observan unas vistas espectaculares de gran parte de Las Breñas y Villa de Mazo.
Ermita de San Telmo
                               Muchas veces pienso que con la construcción de la ermita, que presenta una concepción unitaria y una grata simetría, entre sus partes, nos identificamos sin tener necesidad de dar ninguna contraseña. Su fachada presenta amplia balconada y en un mismo eje la espadaña. La puerta principal en arco de cantería de medio punto, llama la atención los esgrafiados en torno a esta y a las laterales, figurando el símbolo del ancla. Se parece a la proa de una nave que surca firme y gallardamente la pauta del tiempo y los páramos esperanzadores del acontecer cotidiano, abriendo surcos innovadores para sembrar la semilla fructífera de lo económico, político, cultural y del progreso social, que si se hace con fe y se cuida con perseverancia, solo será cuestión de tiempo recoger sus frutos.
                              El nombre del barrio, proviene al crearse la Cofradía de Mareantes de San Pedro González Telmo, en 1591, para ayudar a los caídos prisioneros y esclavos de los moros en Berbería con el producto del uno por ciento de lo que ganasen en los viajes y con las limosnas obtenidas en los barcos de pescar u otras tareas benéficas, y haciéndose cargo de la edificación del actual templo.
                              No ha faltado el dilema de llamar indistintamente el sagrado recinto como iglesia de Nuestra Señora de La Luz o, simplemente, de La Luz, no reviste la menor importancia. La dedicación al santo Patrón se atestigua en numerosos documentos antiguos.
                              Se celebraba la fiesta del santo Patrón y se hacía lo mismo con Nuestra Señora de La Luz, 8 de septiembre, que una devota mujer pagaba por cuenta propia y que a partir de 1890 se celebran conjuntamente la festividad de ambos patronos.  
Nuestra Señora de La Luz
                              Se muestra el cariño a unas imágenes de candelero. Yo, personalmente, le tengo una especial devoción y amor a la Virgen, que fue esculpida alrededor de 1718 y atribuida a Juan Manuel de Silva Vizcaíno, anteriormente se veneraba en la Parroquia Matriz de El Salvador con la advocación de Nuestra Señora del Carmen.
                              En el programa de 1976, se halla un soneto del recordado poeta don Gumersindo Galván de las Casas, titulado: “La Virgen de La Luz”.
  -Está puesta la Virgen en su altura
frente al arrullo del cercano mar.
Y los vientos le dan en su cantar,
alabanzas de amor y de ternura.
   Por santa y venerada su figura
en cada corazón tiene un altar;
que no pueden sus hijos olvidar
el auxilio que dio a su desventura.
   Hacen Fiesta mayor. Y hay contento;
siendo objeto de honor y sentimiento
la bella imagen, con poder divino.
   Por Ella van las almas a Jesús.
Y en la vida se encuentra el buen camino
implorando a la Virgen de La Luz.

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