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domingo, 21 de abril de 2013

EN COMUNIÓN CON EL TIEMPO

                             En comunión con el tiempo es la ocasión propicia para aclamar que hay mucha sensibilidad en el mensaje y la música. Estas líneas sirvan para testimoniar la trayectoria de una agrupación vocal, instrumental y de danza de reconocido prestigio internacional. El equilibrio de sus componentes tiene mucho que ver con la evolución y madurez del conjunto, durante sesenta y cinco años de transcurrir ininterrumpidamente, en el ámbito del folklore. Son transmisores de viejas canciones y danzas, que se han interpretado en fiestas y romerías, ataviados con hermosos trajes tradicionales o recreando labores campesinas en ropa de faena y, así, colorear de intemporalidad lo que era cotidiano. Emisarios de airear costumbres ricas y de variado origen. Todas esas sensaciones se plasman en los numerosos reconocimientos recibidos.     
                        La indicada formación denominada Nambroque o Coros y Danzas de Santa Cruz de La Palma está de enhorabuena por su actual aniversario, impregnado por el aire salobre de las brisas marinas. Existe el éxtasis especial de aventura, que no sólo altera el ánimo de forma extraordinaria, sino que también predispone al gozo. El pasado nos trae buenas nuevas y se llena de consolidados recuerdos de actuaciones.
                             Tantas décadas, desde 1948, se ha llegado a poseer un encomiable trabajo, difundiendo por los cuatro puntos cardinales del mundo lo nuestro. Cantos y bailes componen un extenso álbum, que es un compendio, no acabado, de toda una vida al servicio de una causa fundamental en el sentir popular de rescatar y mantener la vestimenta tradicional de La Palma.
                             La celebración de un cumpleaños implica conmemorar los acontecimientos desarrollados con la óptica de la sana crítica constructiva para mejorar en lo posible y corregir anomalías, que son fragmentos más o menos sueltos que se han temporalizado en la memoria común. Es un latido latente en la historia de los pueblos y un manifiesto cultural de gran valor documental.
                             Allá donde el arrorró, malagueña, sirinoque, folía, polka o los aires de Lima sonaban en melódicas notas en boca de un palmero o palmera escenificando al hombre o mujer canaria durmiendo a su hijo pequeño, el dolor en la melancolía más honda desde el marco de la despedida de un ser querido y las plegarias, sentidos lamentos, de un hijo o hija ante el lecho de una madre muerta pregona lo típico del terruño. Con el acento preciso transportado a las cuerdas vocales de una guitarra, bandurria, laúd, timple o cualquier otro medio sonoro de viento o percusión propagaron el alma y belleza de las Islas Afortunadas envueltas de azul y verde, furia y lava, amor y paz… en armonía con el solar patrio.
                             América y Europa, el nuevo y viejo continente, se enlazan para tributar la visita de quienes supieron imprimir lo grato y único en el acervo local y universal. La Isla ocupa un destacado espacio en el archipiélago por sus peculiaridades trasladadas por grandes embajadores más allá de los límites ultramarinos, capaz de enamorar con la grandeza y nobleza de un país y de un minúsculo territorio. Su sencillez, contemplación y vasta vena de coplas impregnan y conducen a usar variadas y sutiles formas de expresión.                                                           

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