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domingo, 10 de marzo de 2019

MEMORIA VIVA DE UN BARCO

                              El tiempo sucede a otro tiempo sin detenerse en el presente, ni augurar el futuro. Nosotros sí lo hacemos en cualquier momento de la vida para hacer realidad la memoria viva de algo, que nos ha marcado, dejándonos huellas indelebles, como en la nostalgia del vapor La Palma, matriculado en Santa Cruz de La Palma. Ese correíllo de casco negro y color blanco en su parte superior de su estructura metálica con una hermosa silueta, mostrando a los cuatro vientos una estampa de postal. A todos le despertaba la curiosidad y satisfacción de verlo en plena singladura, cuando lentamente se acercaba a puerto, dejando atrás una estela gris de humo, que salía de su alta chimenea, roja y amarilla con el anagrama habitual de la compañía concesionaria y dominio de sí mismo a imitación de los grandes colosos del mar.
                              No voy a comentar sus datos técnicos u otros, porque demostró tener durante su dilatada actividad marinera entre las Islas Canarias y el continente africano, a través del Protectorado español. Su elegante línea se vio amenazada por su longevidad, que trajo factura a su confort y modernidad, en la evolución del transporte marítimo de pasajeros y mercancías. Sin embargo, se pudo salvar del desguace por unos intereses políticos y privados y se convirtió en patrimonio sociocultural, demandado por la historia de navegación insular.
                              Compartiendo con otros de iguales características, con determinadas frecuencias, visitaba la bahía capitalina de La Palma. Realizaba sus operaciones programadas en perfecta maniobrabilidad. La gente, entonces, recibían y despedían a aquellos que regresaban o se iban, familiares y amigos, que se convertía en un gran evento.
                              Su periplo por las aguas azules del denso océano fue habitual en las pupilas de miles de isleños canarios, que como yo viajamos en esos años con la esperanza de mejorar en los estudios o trasladarnos de una isla a otra.
                              Hoy en día ha sido reparado minuciosamente, aunque aún faltan muchas iniciativas burocráticas y otras decisiones sobre su cometido inmediato, habiendo estado durante décadas en total abandono, para ser museo o biblioteca que lleve a todos la cultura, recuerdos, progreso… y sepa trasladar al corazón de los estudiosos e interesados en la conservación naval la búsqueda de lo transformable en cuento o leyenda. 

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